Unión Europea y Ankara, un pacto peligroso

La Unión Europea acordó expulsar hacia Turquía a los migrantes que llegan a Grecia. A cambio, recibirá personas con estatus de refugiados desde territorio turco y acelerará la adhesión turca a la UE.

La Unión Europea (UE) llegó a un inesperado pacto con Turquía para mitigar la crisis migratoria. El trato consiste en que la UE expulsará hacia Turquía a los migrantes que llegan a las costas griegas, en su mayoría procedentes de Siria. A cambio, la UE se comprometió a traer desde Turquía a un número de refugiados equivalente al de las expulsiones, a duplicar para 2018 el monto de 3 mil millones de euros destinados a Turquía para gestionar la crisis, a flexibilizar la exigencia de visado a ciudadanos turcos para ingresar a la Unión Europea y a abrir cinco nuevos capítulos del proceso de adhesión turca a la UE.
 
Según el primer ministro turco, Ahmet Davuto?lu, se reasentará un refugiado en suelo europeo por cada migrante expulsado hacia Turquía. En Turquía, los migrantes en situación irregular entrarían en proceso de solicitud de refugio y, si se les otorga el estatus, podrían ingresar a algún país europeo legalmente. Ese país sería decidido por las autoridades migratorias europeas y no por los refugiados. El mensaje que se busca dar a los migrantes que huyen de conflictos armados es que la única manera de acceder a suelo europeo es solicitando refugio en Turquía.
 
Este pacto, considerado un “gran logro” por dirigentes de la UE y de países miembros como Alemania, despertó el rechazo de organizaciones que lo consideran violatorio de normas migratorias internacionales y de los DD.HH. Las críticas se dirigen a dos cuestiones principales: primero, implica una expulsión masiva de migrantes hacia Turquía. Segundo, violaría el principios de no devolución.
 
Las autoridades de un país no pueden meter a los migrantes en camiones o barcos como si fueran mercancía, para luego expulsarlos de su territorio. Según la ley internacional, es necesario evaluar la situación de las personas caso a caso y no hacerlo de manera masiva e indiferenciada. Esta es una obligación dispendiosa teniendo en cuenta que este año han llegado 140.933 migrantes a Europa. Sólo a Grecia  han llegado más de 132.386.
 
El director de la Oficina Europea del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Vincent Cochetel, recordó que la expulsión colectiva de extranjeros está prohibida bajo la Convención Europea de DD.HH. Una expulsión colectiva daría lugar a múltiples violaciones como la separación de familias o la expulsión de personas en proceso de solicitud de refugio.
 
El otro principio del derecho internacional que se violaría es el de no devolución (non refoulment), según el cual un individuo no puede ser devuelto a un país donde su vida corra riesgos. Filippo Grandi, el alto comisionado de la ONU para los refugiados, señaló que este pacto podría enviar a ciudadanos sirios con escasa protección y en riesgo de ser devueltos a zonas de guerra. “Me preocupa un acuerdo que implique el retorno de un país a otro, sin explicar las garantías de protección a los refugiados en el derecho internacional”.
 
Grandi aclaró que los solicitantes de asilo sólo pueden ser retornados a otro país si hay garantía de que desde allí no serán devueltos a los lugares de donde huyeron originalmente. Según Amnistía Internacional y Human Rights Watch, es imposible considerar a Turquía un país seguro para los migrantes, teniendo en cuenta que ya ha devuelto a sirios solicitantes de refugio hacia su país. El riesgo sería mayor para los kurdos expulsados hacia Turquía, que podrían ser estigmatizados, detenidos o atacados, teniendo en cuenta los combates que se libran entre rebeldes kurdos y las fuerzas oficiales turcas. Según esto, el pacto entre la UE y Ankara plantearía para los migrantes más un peligro que una solución. 
 
El pacto, además, tiene una doble implicación para Turquía, que ha recibido más de 2’715.000 sirios, según Acnur. Por un lado, podría sufrir un empeoramiento de la seguridad con la llegada masiva de migrantes, entre los cuales puede haber algunos militantes de grupos ilegales. Además, no es claro que el país tenga capacidad para garantizar el acceso al trabajo, educación, asistencia social de todos los migrantes. En este sentido, se puede decir que Europa externaliza en Turquía el problema de la migración que desborda su capacidad y amenaza la seguridad del continente. Por el otro lado, esto puede ser una victoria política para Ankara, por el hecho de acelerar su adhesión a la Unión Europea, aunque el costo sea potencialmente muy alto.