El hacker y su ventilador en la Corte

Aunque dejó claro que nunca tuvo acceso directo a ellos, el hacker se despachó contra los congresistas Álvaro Uribe y María Fernanda Cabal, así como contra Luis Alfonso Hoyos, David Zuluaga y varios miembros de la Fuerza Pública.

El hacker Andrés Sepúlveda, el día de su captura, fuertemente custodiado por las autoridades cuando era trasladado a una audiencia pública.

El pasado 2 de octubre, ante dos investigadoras de la Corte Suprema de Justicia que se desplazaron hasta el búnker de la Fiscalía, bajo la gravedad del juramento el detenido hacker Andrés Sepúlveda se ratificó en sus señalamientos contra la reciente campaña electoral del Centro Democrático encabezada por el expresidente Álvaro Uribe, por el presunto saboteo informático al proceso de paz de La Habana. Además, Sepúlveda aseguró que la fachada Andrómeda aportó sensible información para que se concretara este propósito político.

El objetivo de la diligencia fue interrogar al hacker para concretar su conocimiento acerca de la conducta de los congresistas Álvaro Uribe y María Fernanda Cabal. Pero la primera sorpresa fue que el testigo llegó asistido por dos nuevos abogados: el penalista John Alfredo Castelblanco y el polémico José Ignacio Londoño Zabala, el mismo mencionado en el expediente por el crimen de Álvaro Gómez, que en 2011 ofició como emisario de un grupo de narcotraficantes que quiso negociar su entrega con la Fiscalía y el gobierno Santos.

Sepúlveda se presentó como un bachiller experto en seguridad informática desde los 14 años con varios cursos por internet y trayectoria en varias campañas políticas. Entonces, sin más preámbulos, una de las investigadoras le preguntó por María Fernanda Cabal. El hacker admitió que la conoció en la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga, que la vio en varias reuniones y que tuvo contacto con ella pocas veces. Acto seguido agregó que su trabajo con ella fue después de que lanzó un desafortunado trino contra Gabriel García Márquez.

El hacker explicó que su labor fue responder los ataques de quienes replicaron a la congresista por su comentario en la red social Twitter. Para tal efecto, recibió de Luis Alfonso Hoyos y David Zuluaga una lista de correos electrónicos de quienes debían ser blanco del contraataque. Según Sepúlveda, esa acción duró una semana y aunque nunca tuvo contacto con ella, si se verifican las celdas de los operadores móviles, se puede constatar que en esa época estuvieron en el mismo sitio: la sede de campaña del Centro Democrático.

Agotado el tema María Fernanda Cabal, las investigadoras de la Corte se concentraron en el senador Uribe. El hacker Sepúlveda explicó que había trabajado con él en 2006, en la campaña de creación del partido de La U, en calidad de asesor de redes sociales, pero que en 2014 entró a la empresa electoral del Centro Democrático por su experiencia en campañas políticas, su vinculación directa e indirecta con las Fuerzas Militares y porque era detractor del proceso de paz. Ese último aspecto fue determinante para su vinculación.

Así lo concretó Sepúlveda: “En palabras de Luis Alfonso Hoyos, redes sociales las hacía cualquiera, lo que ellos necesitaban de mi era la información que yo podía obtener por medio de Andrómeda, la Dirección Nacional de Inteligencia o el Ejército”. En ese orden de ideas, el testigo insistió en que toda la información se la entregaba a Hoyos y a David Zuluaga, hijo del candidato Óscar Iván Zuluaga. Incluso agregó que todas las compras de información que él hizo se realizaron con el aval de ambos, con el conocimiento de Álvaro Uribe.

Una de las investigadoras lo interrumpió para que precisara su trato directo con el senador Uribe y Sepúlveda respondió que nunca tuvo trato directo con él pero que no era necesario. Entonces se devolvió a la campaña de 2006, se declaró uribista absoluto y luego saltó a la de 2014 para insistir en que conformó un grupo específico para hacer campaña negra y actos de sabotaje contra el proceso de paz recibiendo beneficios económicos. De paso aclaró que en 2006 llegó por el asesor venezolano JJ Rendón, a quien terminó blindando de ataques.

Sepúlveda se explayó en algunos detalles de esa época, recordó la sede en el antiguo Hotel Hilton, habló de las fotos que tuvo con el candidato Uribe, y alcanzó a decir que al día siguiente de su detención iba a tener un desayuno con él. Después volvió a 2014 para referir de qué manera, después de su captura, empezaron a llegarle mensajes de los allegados de Uribe para que estuviera tranquilo defendiendo la causa. Qué él era un héroe, qué siguiera el ejemplo del almirante Arango Bacci, que iban a protegerlo y llevarlo a un sitio distinto a la cárcel.

Luego de 90 días de prisión en La Picota, explicó el hacker Sepúlveda, empezó a recibir amenazas. A su hermano lo abordaron en varios restaurantes, a él intentaron asesinarlo cuatro veces en la cárcel. Incluso sostuvo que hubo un intento de salida falso y que por eso lo trasladaron al búnker de la Fiscalía el 22 de julio. Según la información del ente investigador citada por el hacker, al día siguiente lo iban a matar cuando fuera a tomar el sol. Por eso a partir de ese día decidió hablarle a los medios de comunicación sobre su caso.

En las audiencias le dejaban papeles en donde le decían que se callara. En uno se leía: “Calladito es más bonito”. En otro, “su familia es muy linda para que este muerta”. Según él, en sus desplazamientos en la Fiscalía le mostraban fotos de su familia. Hoy su esposa, la actriz Lina Luna, está en el programa de Protección de Testigos, al igual que su hermano. Cuando una de las investigadoras de la Corte le preguntó de donde creía que venían las amenazas, Sepúlveda contestó: “Todo lo que huela a Uribe, todo el círculo vicioso que lo apoya”.

Después de su relato, el interrogatorio volvió a 2006, Sepúlveda recordó que fue su esposa quien le presentó a Luis Alfonso Hoyos porque trabajaban en la Casa de Nariño. De inmediato regresó a 2014 para insistir en que Hoyos y David Zuluaga: “Con pregunticas cada vez más subiditas de tono, es decir más técnicas para medir mi capacidad como hacker”, lo vincularon al Centro Democrático. A ambos les demostró su conocimiento en apoyo a la Fuerza Pública, su trabajo con la Sijin, ocho meses, según él, sin recibir nada a cambio, por colaborar.

Entonces empezó a hablar de Andrómeda, y de entrada manifestó que lo primero que hizo fue comprarle una base de datos del Código de Dejación de Armas a Wilson Torres, un miembro de la Dirección Nacional de Inteligencia. Luego añadió que no sabía como entrar a Andrómeda hasta que conoció a Yesid González, un miembro de inteligencia de la Fuerza Aérea. De ahí en adelante, empezó a saber del proceso de paz. Sin embargo, después del allanamiento de Andrómeda, mucha gente quedó con información pero sin dinero.

A partir de ese momento, él entró a jugar. A través de Yesid González apareció alias Bender, y luego otros agentes de inteligencia del Ejército. Andrómeda se acabó pero se reorganizaron en la Central de Inteligencia Técnica del Ejército (Citec). Sepúlveda aseguró que tuvo reuniones con militares en la 100 con séptima. En adelante, agregó, todas las compras de información se hicieron con conocimiento de la campaña. Eso explica porque Uribe tuvo conocimiento de un atentado en Arauca o del yate en que andaban los de las Farc en La Habana.

Según Sepúlveda, la fachada Andrómeda manejó demasiada información. Tenía interceptados los correos de Timochenko o los de Pedro Nel Daza, jefe del frente 48. En esas vueltas, el hacker supo que Jaime Restrepo, miembro del Centro Democrático, conocido en las redes sociales como El Patriota, un hombre muy cercano a Uribe, acudía a los centros de reclusión militar para hablar contra el proceso de paz. En una de esas acciones, Sepúlveda estuvo con el detenido general Rito Alejo del Río. Lo llevó otro hacker: Carlos Escobar.

El hacker insistió que con todas las evidencias que conoció, no había manera de que Uribe no se enterara de lo que estaba sucediendo, menos aún si miembros de la Fuerza Pública eran quienes le informaban. Entonces insistió en que lo sabe porque le tocó pagar acceso a información a gente de Andrómeda. Aunque le prometieron 100 correos sólo obtuvo diez. Cuando una de las investigadoras de la Corte le preguntó por qué Uribe iba a delegarlo si podía acceder a la información contestó que él lo hacía con quienes ejecutaban las acciones.

“Yo era el músculo económico”, se definió Sepúlveda. Según él, tenía el dinero y el conocimiento para que Andrómeda concretara sus objetivos. El jefe de seguridad informática en los diálogos de La Habana estaba interceptado. En tiempo real tenían controlados los correos de Timochenko o Santrich. Todo lo que sucedía en la campaña del Centro Democrático y la información que provenía de Andrómeda, pasaba por Álvaro Uribe. El hacker dijo que lo que él informaba, el expresidente lo terminaba tuitiando o se comentaba.

El testigo aseguró que sus técnicas le dieron para neutralizar hasta 200.000 cuentas en Twitter y que aplicó ciberbullying o ataques de saboteo verbal contra el proceso de paz. Incluso insistió en que seguramente las chuzadas al negociador Humberto de La Calle salieron de Andrómeda. En su criterio, no cabe duda que miembros de la Fuerza Pública y de inteligencia militar le filtraron información a Uribe. La idea de quienes no estaban con Santos sino con él era torpedear el proceso de paz, aunque no se atrevió a dar nombres concretos.

Finalmente, el hacker Sepúlveda admitió que sí firmó un documento en la Procuraduría para decir que en la Fiscalía lo estaban presionando para declarar contra Uribe, porque en ese momento creía que el Centro Democrático realmente iba a ayudarlo.

Entre otras cosas porque le enviaron un abogado a la cárcel, seis o siete veces, para que estuviera tranquilo. Sin embargo, después de un mes en La Picota, aunque recibió buen trato, decidió reventarse. Ahora es el testigo estelar, a pesar de que sus palabras siguen dejando más dudas que certezas.

En síntesis, reiteró sus señalamientos contra Luis Alfonso Hoyos y David Zuluaga — hijo del excandidato presidencial Óscar Iván Zuluaga—, como las personas con quienes transó sus acercamientos con la gente de Andrómeda para sabotear el proceso de paz de La Habana; precisó la responsabilidad de los oficiales de inteligencia Wilson Torres y Yesid González en la presunta operación de infiltración; y dejó entrever que nada pudo hacerse si el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe no sabía sobre los movimientos, ya que era el beneficiario de la información. 

La historia de la fachada Andrómeda

La fachada Andrómeda salió a luz pública el 24 de enero de 2014, cuando el CTI ocupó un local ubicado en el barrio Galerías llamado Ethical Hacking “Comunidad Buggly”. En medio del escándalo se dijo que el sitio estaba siendo utilizado para interceptar los correos de los negociadores del Gobierno en La Habana. Este hecho derivó en el traslado de dos generales de inteligencia militar. Sin embargo, a las pocas horas, el presidente Juan Manuel Santos argumentó que la fachada Andrómeda era legal. Posteriormente, el 5 de mayo de 2014 fue capturado el hacker Andrés Sepúlveda, quien conoció a través de otro hacker, al ecuatoriano Daniel Bajaña, a varios miembros de la inteligencia del Ejército quienes lo relacionaron con varios hacker de Andrómeda. Hace dos semanas la inteligencia militar fue sacudida por la aparición de un lista de correos de personalidades públicas.

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@norbeyquevedo

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Norbey Quevedo Hernández

Investigación

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