Alias “Cachano”, el rey de los semisumergibles, quien domina el narcotráfico en Tumaco

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Está en la mira de los Estados Unidos. En el pasado trabajó con el cartel del norte del Valle y tiene gran poder en zonas claves como Acandí (Chocó) y Carepa (Urabá antioqueño). Al parecer, negocia directamente con los emisarios de los carteles mexicanos que llegan a Colombia.

Hace más de un lustro, las cabezas del narcotráfico en Colombia vienen modificando su perfil con el fin de hacerse menos visibles a los ojos de las autoridades. El prototipo del traficante ostentoso y visible ante los medios de comunicación y las comunidades donde delinquían, al estilo de Pablo Escobar o el Chapo Guzmán, es una figura casi extinta en el mundo mafioso. Este fenómeno de “narcos invisibles” viene sucediendo también en Nariño, que desde hace cerca de tres años es una especie de “paraíso” para el narcotráfico. El Espectador conoció detalles sobre uno de los tres narcotraficantes que, según organismos del Estado, es el “rey” de los envíos de cocaína.

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Se trata de alias Cachano, un hombre que en el pasado trabajó en la estructura criminal de los hermanos Calle Serna, los capos del cartel del norte del Valle, más conocidos como los Comba. Según la información conocida por este diario, Cachano trabajó para Juan Carlos Rivera Ruiz, alias 06, principal lugarteniente de ese clan familiar que fue extraditado en septiembre de 2011 a los Estados Unidos. El pasado criminal de Cachano también está ligado a otro narco invisible: Javier García Rojas, alias Maracuyá, un presunto narcotraficante que, hasta 2018, parecía imperceptible para las autoridades, pero que haría parte de La Oficina, la temida estructura sicarial creada por Escobar en los años 80 en Medellín.

Al igual que Maracuyá, Cachano también usa la región Pacífica para enviar los alijos de droga a Honduras y Panamá por medio de lanchas de alta velocidad, sumergibles y semisumergibles en puertos ilegales en Acandí (Chocó). Maracuyá, en cambio, lo hacía a través de pistas clandestinas en Cartago (Valle), pero con destino a México. Cachano, dicen investigadores que le siguen los pasos, tiene tanto poder en Nariño y en el negocio de la cocaína que es quien se sienta a negociar con los emisarios de los carteles de la droga mexicanos, quienes ya no ingresan por el aeropuerto El Dorado —con el fin de no dejar rastro—, sino que lo hacen a través de la frontera colomboecuatoriana.

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La investigación sobre Cachano también arrojó que tiene gran influencia en Carepa, un municipio del Urabá antioqueño que es el bastión de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (nombre del que reniega la familia del prócer Jorge Eliécer Gaitán). Es el mayor grupo sucesor del paramilitarismo liderado por alias Otoniel, el hombre más buscado por las autoridades colombianas. “Tiene buenas relaciones con enlaces de Otoniel, es increíble porque tiene relaciones con todo el mundo”. Sin embargo, aún no es muy claro cómo surgió esta conexión. Hasta hace poco en esta zona hacía presencia el narcotraficante alias Pueblo, familiar de Otoniel, pero Pueblo murió en un operativo en agosto de este año y en su reemplazo quedó alias Dimas, quien sería un empresario antioqueño que vive en Medellín, en lugares de alto nivel.

A quienes le siguen la pista a Cachano les sorprenden los alcances de logística que tiene para sacar cocaína. Se ha convertido en un hombre clave, necesario para todos los grupos criminales presentes en Tumaco y todo Nariño, entre ellos un grupo delincuencial autodenominado Los Atunes y dos disidencias de las Farc, el frente Oliver Sinisterra y Los Contadores. Según investigadores de organismos de seguridad, alias Contador, otro narco que fue clave en la zona, sigue dando órdenes desde la Picota, luego de ser capturado en febrero de 2020. Los Contadores y el Oliver Sinisterra están relacionados con la reciente masacre de seis jóvenes a finales de agosto en el corregimiento de La Guayacana, en Tumaco.

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El mecanismo que usan Cachano y otros narcotraficantes se basa en el cambio permanente de rutas para distraer a las autoridades costeras colombianas y de Centroamérica. Además, cuentan con apoyo logístico en ese camino; es decir, personas ubicadas estratégicamente cada 500 millas náuticas para abastecer combustible a las lanchas rápidas. También existen boyas (con GPS) para su aprovisionamiento y en algunas ocasiones guardan la droga en caso de necesitar deshacerse de ella cuando las autoridades le pisan los talones. “Lanzan los bultos de droga al mar, pero en su interior tienen GPS que les permiten intentar recuperar el cargamento”, dice un investigador de la Dijín.

Cachano, sin embargo, cayó primero en el radar de las autoridades estadounidenses que de las colombianas. Fueron agentes de la DEA los que pusieron los reflectores sobre él. Ese modelo de narco invisible de Cachano y Maracuyá lo adoptaron de otro hombre que fue socio de este último y que hasta hace poco no se sospechaba que estuviera inmerso en el narcotráfico. Se trata de José Bayron Piedrahíta Ceballos, quien fue capturado en septiembre de 2017, extraditado a EE. UU., pagó una condena corta por haber sobornado a un agente federal de ese país (quien le ayudó a no ser capturado por narcotráfico) y volvió a Colombia en noviembre del año pasado.

Otro asunto bajo indagación es el grado de complicidad entre las autoridades locales con Cachano y los narcotraficantes de Tumaco. Incluso, tienen que recurrir a funcionarios de otras zonas del país para conformar los equipos de investigación y realizar los operativos contra el narcotráfico en esa zona. Les llama la atención que en la reciente masacre de La Guayacana, la fuerza pública estaba en la zona. Asimismo, en julio y agosto de 2019, tanto la Defensoría como la Misión de Observación Electoral alertaron de los riesgos que había en Tumaco para las elecciones de octubre de que ingresaran dineros del narcotráfico.

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Un escenario de riesgo es que varios de los mandos medios del cartel del norte del Valle andan sueltos y vigentes en el narcotráfico. La Policía ha establecido que algunos de ellos se aliaron y conformaron una organización denominada la Gran Alianza. Sin embargo, no se sabe si “Cachano” hace parte de ese grupo criminal que, al igual que este narco invisible, tiene estrechas relaciones con el cartel de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación. Según investigadores, algunos enlaces mexicanos se están asentando en el corregimiento de Rozo, del municipio de Palmira. Esta zona turística del Valle es conocida por sus pesebreras, sus ostentosas fincas y el carácter reservado que tienen algunas de ellas.

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