La ambivalencia de la Sabana frente a los homosexuales

El rector Obdulio Velásquez le pidió a la Corte descartar el concepto en el que la Facultad de Medicina trata a gays y lesbianas como “enfermos”, pero la institución se sostiene en que parejas del mismo sexo no deberían criar hijos.

El concepto emitido por la Universidad de la Sabana provocó el rechazo generalizado del gremio académico. /Archivo El Espectador

Las críticas que cayeron sobre la Universidad de la Sabana luego de que El Espectador revelara el concepto en el que su Facultad de Medicina, dirigida por Álvaro Enrique Romero, sostenía que la conductas de los homosexuales “se apartan del común” y “constituyen de alguna manera una enfermedad”, llevaron a que los directivos de la institución le pidieran a la Corte Constitucional que no tuviera en cuenta el documento a la hora de discutir sobre la posibilidad de que las parejas homosexuales adopten.

“Decir que la homosexualidad es una enfermedad es un error, no existen argumentos para asegurar algo así. Ese concepto contiene un error técnico y le pediremos a la Corte que lo descarte”, le dijo a este diario el rector Obdulio Velásquez Posada.

El rector argumentó que no conocía el documento de cuatro páginas enviado al alto tribunal por los profesores Pablo Arango y Álvaro Romero a nombre de la universidad, y aseguró que su institución acepta que el concepto entregado por los médicos es equivocado, pues reconoce que la homosexualidad fue excluida de la clasificación de enfermedades hace 25 años.

El concepto de Arango y Romero pasa por encima de un debate mundial de por lo menos seis décadas: en 2014 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en el que hizo un recuento de la relación histórica entre los comportamientos sexuales y los trastornos mentales.

Tal y como se lee en el documento, en 1948 la OMS empezó una puja por saber cómo se debía catalogar la homosexualidad, y aunque por años las asociaciones médicas emitieron diagnósticos que la categorizaban como una enfermedad, hubo una falta de “evidencia empírica y científica que apoyara aquella patología”. Sin embargo, apenas en 1973 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría decidió eliminarla del Manual de diagnóstico de trastornos mentales.

Ese sólo fue el primer paso en una lucha que culminó el 17 de mayo de 1990, cuando la Asamblea Mundial de la Salud de la OMS retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.

Sin embargo, una cosa es que la Universidad de la Sabana acepte que la homosexualidad no es una enfermedad y otra que haya cambiado su postura frente a la adopción por parte de homosexuales.

A pesar de que el rector desestimó el documento de Arango y Romero —en el que se dice también que los niños criados por parejas del mismo sexo presentan baja autoestima, estrés y son más propensos a sufrir trastornos de conducta como drogodependencia, disfunciones alimentarias, fracaso escolar y mal comportamiento en clase—, Velásquez le pidió a la Corte que no descartara el otro concepto que ya le había enviado la Sabana al tribunal: un compendio de 39 páginas en el cual, según él, se condensa la verdadera postura institucional: “los hogares de parejas homosexuales pueden ser seriamente riesgosos para la salud e integridad de los niños desamparados”.

En este segundo concepto, realizado por las facultades de Derecho, Psicología y Medicina y el Instituto de la Familia de la Sabana, a partir de la recopilación de estudios científicos publicados en su mayoría entre 1965 y 1995, se lee que “lo mejor para los niños y las futuras generaciones es que sólo puedan ser adoptados por parejas heterosexuales”.

Entre los argumentos aparecen conclusiones de “investigaciones empíricas y experiencias clínicas” que revelan que los “menores adoptados por parejas homosexuales tienen una mayor tendencia a desarrollar la misma orientación sexual”.

Estas posturas han sido duramente criticadas por entidades internacionales, como la Asociación Estadounidense de Psicología, la Organización Mundial para la Salud y, en Colombia, el Colegio Colombiano de Psicólogos. Este último ha insistido en que no hay ningún riesgo para los menores criados por parejas homosexuales: “No es posible demostrar que los hijos o hijas de parejas del mismo sexo se hayan visto afectados en su bienestar psicológico por la orientación sexual de sus padres”. Incluso asegura que existen estudios publicados el año pasado en los que se evidencian “mejores desempeños en la crianza y en bienestar de las familias en parejas homoparentales que en las familias de padres de sexo opuesto”.

Con el comunicado emitido tras el escándalo mediático, la Universidad de la Sabana dejó perplejo a más de uno, pues mientras en un párrafo asegura que “profesa un profundo e incondicional respeto por toda persona, sin distinción de ninguna naturaleza”, en el siguiente reseña una encuesta realizada por una emisora de radio donde la mayoría de colombianos consultados están en desacuerdo con que los homosexuales adopten.

Se espera que la próxima semana la Corte Constitucional entregue el veredicto que resolverá si parejas de gays y lesbianas podrán adoptar niños en Colombia.