El extraño asesinato del teniente Mario Gamboa

Tribunal Superior de Bogotá reiteró que miembros de la Sijín deben ser investigados.

El teniente Mario Vianey Gamboa recibió honores póstumos de la Alcaldía y la Policía. / Archivo - El Espectador

En lo que tiene que ver con el asesinato del teniente de la Policía Mario Vianey Gamboa Murcia, ocurrido el 1° de septiembre de 2011, la justicia lo único que tiene claro es quién no lo mató. No fue Alexánder Urrego, ni Francisco Ruiz García, ni Pablo Javier Gómez ni Nelson Galindo Cano, los hombres que ese día intentaron ejecutar un asalto en el sur de Bogotá y a quienes Gamboa buscó detener. Sólo ellos han sido, hasta ahora, procesados por ese homicidio, pero ni una jueza de la República ni el Tribunal Superior de Bogotá hallaron pruebas para condenarlos. ¿Fue acaso un compañero del teniente? ¿Fueron acaso varios de ellos? ¿Podría ser un falso positivo?

Hace cuatro días, en una sesión que duró unas cuatro horas, el magistrado del Tribunal Superior de Bogotá Ramiro Riaño leyó un fallo de 83 páginas en el que concluyó que lo más probable es que Gamboa Murcia falleció por cuenta de los disparos que recibió desde el interior del vehículo en el que se encontraba ese 1° de septiembre de 2011, un taxi Chevrolet Spark de placas VDJ143. El lío está en que la única persona que se encontraba con Gamboa en ese automóvil era el sargento Guillermo Alberto Unigarro, un miembro de la Sijín de la Policía que trabajaba en el área de audiovisuales. Unigarro, como camarógrafo, tenía la misión  de hacer el registro del operativo que lideraba Gamboa.

Ambos hombres resultaron dentro del taxi, parqueado frente a una casa del barrio Ciudad Montes (sur de Bogotá), porque 24 horas antes una “fuente humana no identificada” le contó a Gamboa, entonces jefe de la Unidad de Hurto a Residencias de la Sijín, que al día siguiente “varios hombres armados llevarían a cabo un asalto” en un inmueble de Ciudad Montes, “cerca de un caño y una iglesia”. Gamboa citó a sus hombres y 20 funcionarios de su grupo se reunieron el 1° de septiembre de 2011, a las 6:40 de la mañana, para salir minutos después a patrullar la zona y establecer si el informante había dicho la verdad o no. En el recorrido, Gamboa notó “a varios sujetos extraños y unas camionetas parqueadas”. Ahí se detuvo.

Gamboa y los demás uniformados vieron cómo, de la casa en cuestión, salían dos hombres con chalecos antibalas y gorras de la Sijín. Uno de ellos, llamado Francisco Ruiz, llevaba un fusil en una mano. Quien lo seguía, Nelson Galindo, llevaba una pistola y un fusil terciado. Al percatarse de la presencia de la Fuerza Pública comenzó la lluvia de balas. Ninguno de los policías que participaban en el operativo, sin embargo, pudieron decirle a la justicia con certeza en qué momento y de qué manera el teniente Gamboa fue herido. Pero lo fue, y de muerte. Se lo llevaron para el hospital Santa Clara, pero nada pudieron hacer los médicos por él. Un impacto en la cabeza había segado su vida.

De acuerdo con el sargento Guillermo Alberto Unigarro, él, al ver a los dos hombres salir de la casa armados, se escondió detrás de la silla delantera del taxi en el que estaba con el teniente Gamboa para salvarse. Relató que vio a Francisco Ruiz acercarse hacia el carro en el que los dos uniformados se encontraban y que “no tuvo otra opción que efectuar cuatro disparos para ultimarlo”. El muerto, sin embargo, no fue Ruiz, sino el teniente Gamboa. Unigarro aseguró que al verlo herido procedió a prestarle primeros auxilios. Las evidencias científicas, señaló el Tribunal Superior de Bogotá, demostraron no obstante que Ruiz no pudo haber sido quien asesinó al oficial.

Los estudios de balística comprobaron en los estrados judiciales que Gamboa murió por un tiro “de derecha a izquierda, de abajo arriba y de atrás adelante”. El exdirector de Medicina Legal, Máximo Duque, le explicó a la justicia que en esas condiciones no era posible aseverar que el disparo había provenido de la parte de afuera del vehículo. Más certero quizá fue el reporte emitido por Juan Bernardo Tulcán, técnico profesional en balística de la Policía: luego de inspeccionar el taxi donde estaban el teniente Gamboa y el sargento Unigarro, concluyó que el vehículo no tenía ningún orificio de entrada, y que los de salida eran producto de disparos que se habían producido “de dentro afuera”.

El Tribunal Superior de Bogotá solicitó, tal como lo hizo en abril pasado la primera jueza que conoció este caso, que se investigara si el sargento Unigarro y los demás uniformados de la Sijín que participaron en el operativo del barrio Ciudad Montes tuvieron algo que ver con la muerte del teniente Gamboa. Para la familia de éste es innegable que al menos Unigarro es responsable del crimen. Su defensor, ante jueces, lo expresó con crudeza: “Un falso positivo”. Para el Tribunal ese escenario no es nada claro, pues indica que de acuerdo con las pruebas recaudadas no hay indicios de que se tratara de una ejecución extrajudicial orquestada por la Fuerza Pública. El Tribunal, no obstante, insistió en que la Fiscalía debe investigar si se trató “de un accidente o, por el contrario, de un hecho premeditado”.

Está certificado que el disparo que mató al teniente Gamboa se produjo a una distancia no mayor de 60 centímetros y de atrás adelante. Sin embargo, uno de los mayores obstáculos que enfrenta la Fiscalía para comprobar que el sargento Unigarro cometió el asesinato fue descrito por Joan Camilo Hernández, perito forense de Medicina Legal. De acuerdo con Hernández, como en el taxi no se encontró el proyectil que le causó la muerte a Gamboa, “resulta imposible establecer con qué arma se causó el deceso”. El Tribunal señaló que determinar ese dato sería clave para esclarecer el homicidio. Juan Bernardo Tulcán también subrayó la dificultad que esa circunstancia pone sobre el caso.

El padre del teniente Gamboa, José Mario Gamboa, un suboficial retirado de la Policía, le envió al Tribunal de Bogotá varias dudas alrededor de la muerte de su hijo. Expresó que se ignoraron los protocolos para hacer un operativo como el que lideró su hijo ese 1° de septiembre de 2011, como no llevar a un grupo de choque, no planear la reacción de personas armadas o no tener la ubicación exacta del lugar donde se llevaría a cabo el robo. Para José Mario Gamboa es inexplicable también que fuera Unigarro el acompañante de su hijo, porque éste pertenecía al grupo de criminalística, y el teniente, al de contraatracos. O que no se hubiera coordinado el operativo con un CAI que estaba cerca de donde ocurrió todo.

Hasta la fecha Unigarro ha negado cualquier responsabilidad en el crimen de su compañero. Sin embargo, sigue sin esclarecerse un extraño episodio: cuando Alexánder Urrego —uno de los cuatro asaltantes— se escapó de la cárcel mientras era trasladado a una cita médica en el suroccidente de Bogotá, en septiembre de este año, varias cámaras de medios de comunicación captaron en el lugar a un hombre que vestía una chaqueta oscura y camisa de cuello. No tenía el uniforme de la Sijín ni una cámara videográfica, lo que hubiera podido justificar su presencia en la zona. Se trataba de Unigarro, quien, al menos hasta hace un par de meses, estaba confirmado que continuaba en la Policía.

Una hoja de vida impecable

El teniente Mario Gamboa, especialista del Grupo Contra Atracos de la Sijín de la Policía, tenía 29 años cuando murió mientras comandaba un operativo en el barrio Ciudad Montes, en el sur de Bogotá.

Gamboa había tenido una impecable carrera que le valió 14 condecoraciones y más de 40 felicitaciones en seis años de trayectoria. Había empezado su formación en la Escuela de Oficiales General Santander en 2002, donde paralelamente se matriculó en la Facultad de Criminalística para especializarse como policía judicial con experiencia en el área investigativa.

A los tres años de haberse graduado de la Escuela continuó estudiando y se graduó como administrador de empresas en julio de 2011, dos meses antes de su fallecimiento.

 

Luego de su muerte la Alcaldía le otorgó la Medalla Cívica “Ciudad de Bogotá” y el presidente Juan Manuel Santos lo declaró héroe mediante un decreto, con el cual se creó el curso de ascenso llamado “Capitán Vianey Mario Gamboa Murcia”.