Así fue cómo un huracán cambió la anatomía de una especie de lagartos

Por primera vez en la historia, científicos lograron observar en tiempo real la selección natural descrita por Darwin. En este caso observaron que, tras la temporada de huracanes del 2017, una especie de lagartos de las islas del Caribe hoy tienen las almohadillas de los dedos más largas.

Las patas con almohadillas más largas ayudaron a un grupo de lagartijas anolis a adaptarse al ambiente destruido de las islas del Caribe tras los huracanes de 2017.

Algo fascinante para la evolución acaba de hacerse manifiesto en un corto período para la ciencia. Una especie de lagartos caribeños que sobrevivieron a la temporada de huracanes del 2017 hoy tienen las almohadillas de los dedos más largas, tanto en extremidades delanteras y traseras, de acuerdo a un sorprendente estudio de expertos de la Universidad de Washington en St. Louis publicado en Nature.

La investigación es la primera en la academia que demuestra los efectos de la selección natural inducida por huracanes, digamos, en modo exprés.

La temporada de huracanes del 2017 fue una de las peores que la región del Océano Atlántico atravesó en su historia. El llamado Huracán Harvey golpeó a mediados de agosto, seguido unas semanas más tarde por Irma, y María en setiembre. Cada tormenta tuvo vientos en exceso de 201 km/h, con Irma llegando a 113 km/h.

Algunas lagartijas tropicales anolis en las Islas Turcas y Caicos sobrevivieron, y otras no.

Hallazgo improbable

Para los autores, una conclusión como la de su trabajo es altamente improbable ya que ocurrió en poco tiempo y en sus palabras, “el tiempo y el lugar correcto tuvo que ser muy justo”.

Colin Donihue, un investigador postdoctoral de Harvard, verificaba las medidas de una lagartija anolis endémica de Turcas y Caicos, denominada Anolis scriptus, como línea de base para un proyecto de largo aliento de erradicación de especies invasivas (justo cuando Irma empezaba). El huracán llegó el 8 de setiembre del 2017. Donihue se enteró de la destrucción desde Boston, EEUU, y estimó que la información de sus lagartijas podría haberse modificado. La última vez que había visto a esta población, era antes de un desastre natural.

La pregunta inmediata que se planteó fue si las tormentas fueron un “evento selectivo” con el poder de cambiar el curso de la vida no solo de las lagartijas que la atestiguaron, sino de todas las generaciones venideras. Pese a que el gobierno estaba en reconstrucción, y las prioridades eran restablecer las necesidades básicas de los pobladores (agua potable, electricidad, condiciones mínimas), Donihue logró hacer buenas conexiones en el gobierno y regresó junto a su equipo a las referidas islas.

Islas experimentales

Lo que hallaron fue, además de destrucción, árboles caídos y dificultad para movilizarse, que los signos de vida eran menores, aunque todavía existían. Llegaron al Cayo Pino, una minúscula isla destinada al turismo, y al ver unas cuantas lagartijas merodeando, se pusieron a atraparlas y medirlas. Había muchas menos y fue más difícil colectar a los individuos para las muestras.

Tras capturar a 100 en dos islas separadas, midieron sus extremidades delanteras, traseras y tronco. Luego los fotografiaron, especial las almohadillas de sus pies. Tras ello, compararon las medidas de los sobrevivientes con las tomadas antes de la tormenta.

La ventaja diferencial fue la mayor capacidad de sujetarse

La predicción fue que si existían cambios, estos serían relacionados a trepar y sujetarse de las superficies. Esto es, las almohadillas pegajosas de sus dedos serían más largas. Y ocurrió algo muy similar: las sobrevivientes tuvieron piernas más largas que la población pre-huracán, mientras que los huesos largos entre sus caderas y rodillas eran más cortas. Las sobrevivientes, adicionalmente tenían cuerpos más pequeños.  La observación fue coherente en ambas locaciones isleñas.

El estudio sugiere que la selección natural favoreció a individuos con ciertas características.

La selección natural generalmente implica cambios lentos que toman generaciones, y son a menudo tan sutiles que ni siquiera nos damos cuenta. Genetistas de la Universidad de Queensland en Australia han descubierto una forma de detectar cuáles son esos cambios, un método estadístico para encontrar mutaciones en el ADN.

Esta noticia fue publicada en el portal N+1, ciencia que suma.

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Daniel Meza - Revista N+1

Medio Ambiente

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