La monja que enseña a ahorrar a los más pobres de Cali

El modelo de “bancos para pobres” que están fomentando la hermana Alba Stella Barreto y Alicia Meneses, de la Fundación Paz y Bien, podría esconder la clave para combatir uno de los mayores problemas del Colombia.

Mojica, uno de los barrios que hacen parte del Distrito Aguablanca en Cali.  / Christian Escobar Mora
Mojica, uno de los barrios que hacen parte del Distrito Aguablanca en Cali. / Christian Escobar Mora

“La mayoría de las personas que llegaron a asentarse al Distrito de Aguablanca, Cali, son población desplazada, pero no tanto del conflicto armado, sino de fenómenos naturales”, es lo primero que advierte la hermana Alba Stella Barreto, directora de la Fundación Paz y Bien, quien desde hace treinta años trabaja en una de las invasiones más grandes de Latinoamérica.

Una zona a la que fueron llegando personas, en su mayoría mujeres, para acomodarse en las márgenes del río Cauca después de vivir catástrofes naturales como el terremoto de Popayán (1983) o la erupción del Nevado del Ruiz que cubrió a Armero con ceniza en 1985. El problema es que hoy, explica la hermana, muchas de estas personas vuelven a estar en riesgo: están ubicadas por debajo del río Cauca y la amenaza de que el río se desborde no deja de ser una situación a la que se deben enfrentar cada mañana.

Por eso, desde que fundó Paz y Bien en 1987, cuando en Aguablanca “la gente vivía en cambuches, cargando agua y la mayoría de ellos luchaban para poder organizarse”, la hermana Stella entendió que para combatir la pobreza no se necesitaban modelos asistencialistas, sino reeducar sobre las formas de consumo y alfabetizar sobre el ahorro. Empezó a leer cómo podía romper el círculo de la pobreza y entre los textos sobre nueva economía social y pensadores como Amartya Sen, se encontró con la literatura de Muhammad Yunus, un economista y premio Nobel de la Paz, fundador de los Grammeen Bank o “bancos para pobres”, con los que demostró que prestando pequeños montos a las personas pobres podía mejorar el ingreso y calidad de vida de los habitantes de áreas marginadas de Bangladesh.

Por casualidades de la vida, junto a la Fundación Alvaralice – en cabeza de María Eugenia Garcés- Alba Stella luchó por aterrizar la idea de los “bancos de los pobres” en Colombia. Viajó a Bangladesh, conoció a Yunus, él se comprometió a ayudarla y consiguió la financiación de Carlos Sarmiento Angulo para empezar el proyecto. Por otras casualidades de la vida – unas menos convenientes, tal vez– el proyecto siguió sin ella. “No sabemos muy bien qué pasó, nos dejó solas, pero nosotros seguimos”. Como consecuencia hoy hay un modelo del Grameen Aval Colombia para los habitantes de Ciudad Bolívar en Bogotá, pero no uno en Aguablanca, Cali.

“Pero nosotras seguimos”, repite la hermana Alba. Y es por esto que desde 2005, en cabeza de Alicia Meneses – su aliada durante todos estos años- la Fundación viene trabajando sus propios “bancos para pobres”: las Asociaciones Locales de Ahorro y Crédito (ALAC). Un modelo que trajo Lina Moreno de India, cuando trabajaba en la Presidencia, en la que las personas no necesitan acudir ni al Estado, ni a privados para salir de la pobreza.

¿Cómo funcionan las ALAC?

Alicia Meneses: En estos modelos comenzamos por asesorar grupos de ahorradores, pero con un fuerte énfasis en la cultura del ahorro. Sin ayuda del Estado, ni otra entidad, empiezan a ahorrar y a los seis meses se hace un balance. Deciden quiénes se quedan y quiénes siguen, y con el capital se proponen emprendimientos.

Alba Stella Barreto: Cada ochos días se hace una reunión en la que los participantes de la ALAC, que son máximo 19, llevan lo que van a ahorrar, de 2.000 pesos en adelante. La cuota mensual tiene que ser igual, no puede que uno ahorre más que otro, porque aparecería como el dueño. Entonces primero trabajamos en esta etapa de ahorro y formación en nueva economía social para que las personas cambien su esquema de consumo por una estrategia de inversión. Así se cambia la actitud mendicante por una de emprendedores. Lo que se va recolectando se reúne en un baúl.

¿Cómo funciona este baúl?

ASB: El baúl tiene tres carteras: una en la que se guarda la cuota de ahorro, en otra lo recolectado en actividades que se hacen, como bingos, y la última es para multas, porque cada ALAC tiene su propio reglamento. Para seguridad, el baúl tiene tres candados: dos llaves las guardan miembros de la asociación y la tercera una persona externa.

¿Y cuándo empiezan los préstamos?

AM: Cuando yo entré a la dirección de las ALAC, nos dimos cuenta de que muchas personas se unían sólo por obtener los préstamos. Por eso las dividimos en dos fases, la primera es el proceso de ahorro, porque la nueva economía social no sólo está basada en el dinero, sino también en el ser, en quién soy y qué quiero hacer. Ya en una segunda etapa, cuando se cumplen seis meses de infundir la cultura del ahorro, se puede hacer un crédito, pero sólo basado en la necesidad de emprendimiento y no en la personal. En este proceso se plantean las unidades de negocio y se pueden hacer créditos entre las mismas personas que conforman la Asociación.

¿Cuántos emprendimientos tienen?

AM: Tres en Cali y 14 en Palmira.

¿Alguno tiene carácter ambiental?

AM: Sí, en Cali estamos trabajando con 16 mujeres y hemos organizado una empresa de reciclaje seleccionado. Estudiando la zona del Jarillón, encontramos que en una sola cama duermen hasta cinco personas, incluyendo niños. A través del reciclaje, estamos haciendo camas, butacas y juegos de sala. También desde esta misma unidad productiva estamos pensando en hacer trueque de mercado por material reciclado. Le llamamos el Mercatrueque.

¿Cómo funciona?

AM: Empezamos por hacer una campaña a nivel de cuadras, local. Con esto las personas empiezan a reciclar y hacen mercado pagando con el material recolectado. Por ejemplo, si una persona merca de a 50.000 semanales, puede ir al Mercatrueque y le damos la opción de que pague 25.000 en reciclaje y 25.000 en efectivo.

¿Para ustedes, cómo funciona esa relación de medio ambiente y pobreza?

ASB: Eso lo puedo responder con lo que vemos en Aguablanca, que son familias campesinas que vienen de la costa Pacífica del país. Con ellos hay que hacer una intervención muy fuerte porque vienen de lugares donde tenían abundantes recursos naturales, como el agua. Por ejemplo, alguna vez nos llegó una señora preocupada porque el recibo le llegaba muy caro y nos dimos cuenta de que ella mantenía, por costumbre, el grifo abierto todo el día. Es un proceso de educación, pero no con conceptos, sino con práctica.

También uno ve otra cosa, y es la necesidad de ellos por volver a vincularse con su campo. El otro día fui a Potrero Grande y la gente emocionada me mostraba que estaban naciendo matas de plátano y me decían “yo me levanto temprano, porque me acuerda a mi campo”. Por eso para nosotros ha sido clave una idea que tuvimos hace cinco años, llamada Eco-Aldeas.

¿En qué consisten estas Eco-Aldeas?

ASB: Con esta idea agrupamos hasta 15 familias, las organizamos para que pidieran tierra al Gobierno y pudieran retornar al campo, pero de forma sostenible. Ellos mismos, con el apoyo del SENA, construyen sus casas ecológicas, con servicios sostenibles y respeto a la naturaleza. Claro, dejando una oferta a la agroindustria.

¿Cuántas han creado?

ASB: Yo logré hacer tres, pero cuando Andrés Felipe Arias estuvo al mando, acabó con el modelo. Nosotras estábamos en Buga, Valle del Cauca, y nos llamaron a decir que cada familia tenía que pedir su tierra.

Entonces no sobrevive ninguna...

ASB: En este momento tenemos un cabildo indígena que estaba desplazado en Cali, diez familias, y logramos una Eco-Aldea en Orito, Putumayo. Con ellos es más fácil porque no existe propiedad privada. También tenemos familias que ya retornaron al campo, que aunque no son Eco-Aldeas, sí siguen siendo hogares sostenibles.

¿Después de trabajar tanto tiempo en temas de pobreza, qué creen que ha funcionado y que no?

ASB: No funciona el asistencialismo o programas como Familias en Acción. No funciona regalar comida, porque yo he visto como la botan aquí. Por ejemplo, la semana pasada una señora que tiene seis niños y está embarazada no quiso vincularse a ninguno de nuestros proyectos, porque ella dice que con el salario mínimo que le da Familias en Acción no tiene que trabajar más. Esto me parece gravísimo, la cultura asistencialista que tiene el Estado. Otras personas, también, no aceptan trabajos con contratación y prestaciones porque pierden el Sisbén. Así no hay Gobierno ni Estado que sostenga esta situación.

¿En estos 30 años ha avanzado Colombia en la lucha contra la pobreza?

ASB: Yo creo que sí, porque propuestas como la nuestra son varias. Pero sigue existiendo la dificultad de que el modelo económico no apoya la lucha contra la pobreza, porque es un modelo consumista. Por eso hay que pensar que, más allá de un ingreso, es cambiar un estilo de vida que responde a un modelo asistencial por un modelo de vida de intervención, de educación y de capacitación para dar a entender que somos capaces de salir de la pobreza.

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