Visita del papa Pablo VI a Colombia en 1968

Así fue la llegada de Pablo VI: el primer papa en Colombia y Latinoamérica

El papa besó la tierra colombiana, al llegar a Bogotá, después de su largo viaje de cerca de doce horas desde Roma.

Archivo El Espectador

Antes de que el presidente lo saludara protocolariamente, su santidad se puso de rodillas y así rindió tributo de humildad para con el pueblo colombiano.

Era la primera vez que un papa llegaba a Latinoamérica y lo hacía a Colombia, un país considerado como uno de los más católicos del mundo.

Un pontífice sencillo

El papa Pablo VI descendió lentamente del avión “Sucre” de Avianca, a las 10:24 de la mañana. Su capa era agitada suavemente por el viento.

En las tribunas del aeropuerto se oyó un grito estremecedor y se produjo un incesante batir de pañuelos blancos, de banderas colombianas y pontificias.

En este momento, la ciudad convertida en un enjambre, también se estremecía en una locura colectiva. Gritos de “Viva el Papa” salían de millares de gargantas.

Su santidad tenía una sonrisa serena y franca. También estaba conmovido, sin duda, por el hecho de hallarse en tierra americana, como después lo expresó.
 

La recepción

 

Junto a la escalerilla esperaban al Santo Padre unas 8 personas que integraban el comité de honor. El presidente Lleras, el cardenal Luis Concha Córdoba, el canciller Alfonso López Michelsen, el jefe de ceremonial diplomático, el administrador apostólico y los edecanes militares formaban dicho comité.

El presidente Lleras trató de adelantarse un poco hacia Su Santidad, pero el jefe de la cristiandad, quien parecía un poco desconcertado, alzó su mano derecha amablemente y solicitó al mandatario un minuto de espera.

En medio de la extrañeza de todos, el Pontífice se colocó de frente al avión colombiano y luego se puso de rodillas cubierto por su capa roja. Estampó un beso en el pavimento de El Dorado para significar su respeto y admiración hacia el territorio nacional que pisaba en ese momento.

Ante esta actitud del Papa Pablo VI, la multitud presente y la que se enteraba de su arribo a través de la televisión y de la radio, estalló de emoción. Unas cinco mil campanas se echaron a vuelo y las sirenas de los bomberos y las ambulancias sonaban también llevando su eco por toda la ciudad.

El extraño sentimiento que corrió entre los presentes en el aeropuerto de El Dorado, con el privilegio  de ser los primeros testigos de la llegada del Papa a Latinoamérica, fue indescriptible.

Los hábitos del Santo padre se agitaban con el viento y su solideo blanco estuvo a punto de caer varias veces pero él lo sostuvo con su mano derecha.

El jefe de Estado tendió su mano al Santo Padre y los dos se saludaron brevemente. Luego su santidad apretó la mano de cada uno de los miembros del comité de honor.

Instantes después se volvió hacia las cuatro mil personas que en las terrazas lo ovacionaban. Les impartió su bendición apostólica y luego se mostró especialmente diferente con los periodistas ya que a ellos les envió una bendición también especial.

Avanzó por la alfombra roja tendida desde la escalerilla del jet hasta el estrado principal.

Al ocupar su sitio el Soberano Pontífice con el presidente Lleras, la Escuela Militar rindió los honores. El himno colombiano y el himno del Vaticano se escucharon en su orden.

Las salvas de los cañones irrumpieron en el cielo bogotano, mientras volvía a reinar el silencio pronunciado.

El presidente habló sobre las altas virtudes del jefe de la cristiandad y elogió su gesto de hacer una visita a Latinoamérica que se ha distinguido siempre como muy católica.

El jefe de Estado relato que se han superado las divisiones políticas y religiosas, para vivir en paz y dijo que nuestra nación anhela su desarrollo futuro, siguiendo siempre las orientaciones de la Iglesia.
 

La respuesta del papa

 

El santo padre respondió con sencillez, y habló de los siglos de vida cristiana que tiene nuestro país. Dijo que estaba sumamente complacido de ser el primer Pontífice en visitar los países de esta parte del continente americano, para ponerse en contacto con la feligresía católica.

Terminada esta parte de la ceremonia de recepción, el Romano Pontífice abordó su limosina negra conducida por Alfonso Montañez. El presidente Lleras también se integró al cortejo, detrás de Su Santidad. Los cardenales y obispos tomaron asiento en otros vehículos, con ministros y funcionarios del Gobierno. Veinte carros iban en la caravana, inclusive tres buses destinados al uso de los periodistas e invitados de Europa que llegaron en el “Sucre”. El carro del papa era descubierto y él iba de pies.
 

El desfile

 

El papa se dirigió a la Plaza de Bolívar, por la autopista El Dorado, la carrera 68 o la avenida El Espectador, la calle 13, la  Avenida Jiménez y la carrera séptima.

Las calles estaban repletas de gentes. Una multitud incalculable, una ciudad que parecía una colmena, recibió en medio de locura a su santidad.

Fue, en realidad, la recepción más extraordinaria que se haya tributado en Latinoamérica. Tomaban parte en ella los colombianos y miles de personas venidas al Congreso Eucarístico.

Mujeres y ancianos devotos lloraban de la emoción en las vías públicas, mientras veían pasar al papa. El santo padre respondía al tributo de las gentes con bendiciones y con una sonrisa cariñosa y diáfana.
 

Atropellada

 

La muchedumbre llegó a desbordarse en algunas oportunidades, rompiendo los cordones de Policía y Ejército que fueron insuficientes para contener la avalancha.
Una mujer se arrojó al paso del vehículo papal, a la altura de la autopista El Dorado con la carrera 70. El chofer de la limosina aplicó los frenos suavemente y de milagro evitó una tragedia.

Montañéz dijo después: “Yo sabía que tenía una enorme responsabilidad y confieso que fue para mí una decisión muy difícil. El Santo Padre iba de pies y si frenaba muy fuerte, corría peligro. Apliqué entonces los frenos con moderación. Tuve un alivio cuando vi que la señora se levantaba y volvía a gritar, emocionada vivas al Papa. Ella estaba fuera de sentido, aunque se trataba de una señora de 38 a 39 años.
 

A 15 kilómetros

 

La gente, para poder presenciar el paso del papa ocupaban ayer los sitios más increíbles. Algunas personas estaban estaban encarnadas en los postes y en los árboles, otras pendían de las ventanas, otras tenían s puesto en las capotas de los buses, en los camiones y encima de los automóviles.

La mayoría permanecía ordenada a lado y lado de las vías, pero en el instante de ver a Su Santidad se estremecía y agitaba pañuelos blancos.

Varios centenares de palomas quedaron en libertad, con motivo del arribo de Su Santidad a Bogotá y estas revoloteaban a lo largo del desfile. Las campanas repicaban en toda la ciudad.

Al llegar a la Plaza de Bolívar en donde estaba todo el caudal humano, el papa Pablo VI descendió de su limosina para dirigirse a la Catedral. Prácticamente tenía que abrirse camino por sí mismo entre la multitud que se arrodillaba a su paso o que constituía una barrera enloquecida.

Las fuerzas públicas tuvieron que redoblar su acción para mantener el orden.

Cerca de 750 desmayados fueron atendidos por la Cruz Roja en menos de una hora. Los camilleros y los voluntarios juveniles iban de una parte a otra, transportando a las personas afectadas. Mujeres, niños, ancianos, fueron trasladados a los puestos de socorro. Las ambulancias circulaban cerca de la caravana papal.

El Santo Padre por fin pudo entrar a la catedral, para recibir al clero. En el interior de la basílica había 4.000 sacerdotes esperándolo.

Más tarde, el Pontífice daba su bendición a los millares de gentes que abarrotaban la Plaza de Bolívar. Centenares de monjas estaban sentadas cómodamente en el pavimento. Las demás gentes permanecían de pié en todo el marco de la Plaza y en sus alrededores. Algunos de los jóvenes y niños trataban de trepar por ventanas y paredes, cuando el Papa hablaba desde el balcón del Arzobispado.

A las doce y media, el jefe de la cristiandad volvió a abordar su limosina, para dirigirse a la Nunciatura. Muchas personas pudieron saludarlo de mano.

Ya en la Nunciatura para atender a las gentes que a pesar de la vigilancia militar se habían infiltrado hasta ese sitio, el Santo Padre salió al balcón y les habló brevemente.

Se retiró posteriormente a descansar del largo viaje, ya que por la tarde tendría que acudir al templete eucarístico.
 

Durante el viaje

 

Las personas que ocuparon asiento en la nave que trajo al Papa a Bogotá, al llegar al aeropuerto  El Dorado se mostraron muy agradecidas de las diferencias del Papa. El periodista Francisco Narbona de la radio y televisión española, manifestó:

“El viaje con el santo padre es una bendición a la cual muchos pueden tener acceso, pero muy pocos lo logran. Yo me considero un afortunado, porque he alcanzado ese propósito. Como siempre, Su Santidad fue muy amable con los periodistas durante el viaje salió de su comportamiento especial para departir con nosotros y nos regaló unas medallitas. Conversaba con todos los ocupantes del avión porque deseaba que todos estuviéramos felices”.

Uno de los periodistas italianos afirmó: “Esta visita de Su Santidad a Colombia es mirada con muchos anhelos por el mundo. El Papa lo ha comprendido así. Durante el viaje se veían sus deseos de llegar pronto. Estuvo conversando con nosotros”.

Organización

 

Merece destacarse en esta información el magnífico orden que reinó en el aeropuerto, para la llegada del papa. Desde cuando se anunció que el avión “Sucre” se aproximaba  a Bogotá y que empezaba a dar una vuelta sobre la ciudad, hubo frenesí, pero todos los presentes se mantuvieron en su sitio.

Colegiales y religiosas ocupaban las terrazas. Las esposas y familiares de los ministros tuvieron derecho a una tribuna en el muelle internacional.

Los periodistas se localizaron a un lado del estrado papal. Frente a Su Santidad quedó la Escuela Militar, con sus uniformes de gala.

El personal de funcionamiento del aeropuerto estaba a cien metros cerca de los salones de abordaje.
 

Preparativos

La expectativa en el aeropuerto el dorado se advertía claramente desde las cinco de la madrugada, cuando ya había allí un centenar de corresponsales extranjeros y de reporteros nacionales, además del personal militar.

Constantemente se recibían informes directos desde el avión de Avianca, enviados por el capitán Enrique Fajardo Boada.

El Papa, a las 9:05 de la mañana envió un mensaje al presidente Lleras, antes de cruzar la frontera de Venezuela y Colombia. Decía así:
“Excelentísimo señor presidente de Colombia: al acercarme a territorio de la hospitalaria Colombia, me es grato anticipar a vuestra excelencia, al Gobierno y a toda la Nación, nuestro emocionado saludo que es testimonio del afecto que sentimos por este noble país, al cual, desde lo alto, como mensajera de copiosos dones, enviamos nuestra efusiva bendición apostólica PPSS”.

Una hora y cinco minutos después la aeronave 707 hacía su aparición sobre la Sabana de Bogotá.
 

*Esta nota fue publicada el 23 de agosto de 1968 con la llegada de Pablo VI, el primer papa en venir a Colombia y Latinoamérica.

 

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