Las ruinas de la cementera La Siberia

La planta, ubicada a 5 kilómetros de La Calera, donde nace el páramo de Chingaza, funcionó durante casi 100 años y fue la primera industria cementera en el país.

De la cementera La Siberia se extrajo una buena cantidad de cemento que sirvió para convertir a Bogotá en la mole de concreto y asfalto más grande de Colombia. En las zonas aledañas se construyó un pueblo también llamado La Siberia, el cual hoy se encuentra abandonado y se rumora que es habitado por fantasmas. Los pocos que han oído de la fábrica la conocen por las historias paranormales, no por las oportunidades de trabajo que dio a los campesinos, ni por la marca que dejó en el páramo, la salud de los trabajadores, los calerunos, los animales y la vegetación de Chingaza. De la fábrica solo quedan sus ruinas y los recuerdos de quienes allí trabajaron.

La Calera es un pueblo con una hermosa vista, allí se respira el aire puro que baja de la alta montaña del páramo Chingaza, el cual brinda agua pura a sus habitantes y a los casi 8 millones de la capital. El nombre original del pueblo era Teusacá, palabra de origen muisca, el cual se le dio por la laguna sagrada que hoy descansa en el páramo. El nombre de La Calera se origina por la piedra caliza. Los muiscas utilizaron la piedra para la construcción de sus casas siglos atrás, después los campesinos y luego se extrajo en toneladas para la fabricación de cemento.

Cementos Samper fue la primera compañía en explotar piedra caliza en Colombia, la cual se extraía de la mina Palacio, ubicada en el corazón del páramo. La piedra era transportada por mulas a Bogotá, donde se fabricaba el cemento en la calle 15 con carrera 17. El viaje hasta el centro de la ciudad en esa época era bastante largo, los campesinos tenían que recorrer largas distancias de bosque y pantano, no había tantas calles ni caminos, los bogotanos se movilizaban en tranvía, caballos y mulas.

En un recorrido agotador, los campesinos atravesaban el embalse, luego la cuchilla hasta llegar a Chapinero, de ahí atravesaban el bosque pantanoso hasta llegar a La Candelaria, donde las 2 piedras calizas que cargaban las mulas se convertían en cemento, después realizaban el mismo viaje de vuelta a La Calera. En esa época, Bogotá estaba construido en bareque, la primera construcción en cemento fue el kiosco Samper ubicado en el parque La Independencia, construido el 20 de Julio de 1910 por Cementos Samper como un regalo a la ciudad, la empresa solía hacer este tipo de actos en fechas significativas para el país.
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Luis Jorge, guía del páramo, tiene 65 años, cabellera canosa y un sombrero blanco que usa todos los días, es hijo de Anatorio Almeida, uno de los trabajadores más antiguos de La Siberia, quien a sus 95 años es el más viejo y el primero en trabajar en la fábrica de los pocos que aún viven. A Anatorio se le dificulta recordar esa época debido a sus condiciones de salud, pero Luis relata como si fuera ayer todas las experiencias y anécdotas de su padre y de los trabajadores, como su hermana Nora quien durante 20 años estuvo en las oficinas de La Siberia.

Anatorio y su familia vivieron toda su vida en el páramo, habitaban las frías montañas de Chingaza donde las condiciones de vida son complicadas: “Los que van acampar a Chingaza lo hacen solo por unos días, sin embargo vivir en el páramo es muy complicado, cuando uno iba a dormir, la cama se encontraba mojada -recuerda Luis-, cuando uno abría el clóset para sacar la ropa estaba blanca del moho causado por la humedad, vivir en Chingaza es bastante complicado, pero con el tiempo uno se acostumbra”. Anatorio es una de las personas que mejor conocen el páramo, pues vivió casi 60 años en el este ecosistema, donde se crió con sus abuelos, trabajó la tierra y vio crecer a sus hijos. Cuando llegó a la fábrica fue contactado por Cementos Samper para realizar largas travesías con ingenieros, geólogos y especialistas en busca de la anhelada piedra.

Con el tiempo se ganó el puesto de baqueano en la planta, era querido y admirado por muchos. Alguna vez evitó el deslizamiento de un compresor en un día, solo necesitó unos pocos materiales y 6 trabajadores, los cuales conocía por su “verraquera”, un grupo de 60 personas guiados por ingenieros y expertos intentaron realizar ese trabajo por muchísimos días sin éxito alguno. En otra ocasión contribuyó a mejorar el sendero por el cual se movilizaban las mulas, el cual había causado que en ciertas partes pantanosas se vararan los animales, ni los mejores arrieros de la época, los tolimenses, habían podido adaptar el sendero. Los encargados de la fábrica no dudaron en contratarlo como guía, un conocedor del páramo, “templado” por su capacidad física, y muy inteligente, eran las cualidades que muchos admiraban en él.

Para Luis y Gloria, La Siberia contribuyó al desarrollo social de los habitantes de La Calera, pues mejoró sus condiciones de vida y por ende la del pueblo. Años atrás los latifundistas y grandes hacendados del país se habían apropiado de las tierras con mayor fertilidad y desplazaron a los campesinos de la región al páramo. Gran parte del campesinado de La Calera tuvo que trabajar durante largos años bajo el modelo de hacienda, cuidaban la tierra de los patrones, propietarios de los campesinos y sus familias, quienes como recompensa por las extenuantes jornadas de trabajo solo recibían comida a cambio. La esclavitud por esa época ya se había abolido, sin embargo este modelo de producción demostraba lo contrario. Anatorio en su infancia trabajó la tierra, crió ganado y laboró en hacienda por muchos años, sabe lo mucho que vale la tierra del páramo que lo vio crecer, valor simbólico pues un ecosistema que brinda aire y agua pura a los animales que lo habitan, así como a millones de personas, no tiene precio alguno.

Cuando llegó la fábrica los campesinos que trabajaran en ella tenían la capacidad de tener dinero para comprar su propia tierra o para probar la carne, pues nunca lo habían hecho. Muchas familias campesinas tuvieron por primera vez un ingreso fijo y la capacidad de ahorrar, sin embargo, las condiciones de trabajo eran bastante complicadas debido a las bajas temperaturas y las extensas jornadas.

El nombre de La Siberia le queda perfecto a la fábrica, ya que las condiciones de trabajo en el páramo son similares a las de La Siberia rusa, el frío y la altura son complejos a la hora de hacer un esfuerzo físico. La temperatura en el páramo Chingaza puede descender hasta 4 grados centígrados, los campesinos trabajaban largas horas con una pica, alpargatas y mucho frío.

Los frailejones, el musgo, el agua y el ecosistema del páramo se vieron fuertemente afectados por la extracción de piedra caliza y principalmente por la fabricación de cemento en la planta, lo cual sucedería unos años después.

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Hacia los años 30 el cemento era el material más utilizado a la hora de construir, Bogotá crecería en tamaños descomunales durante los siguientes 60 años, gran parte de la materia prima con la que se construyó la gran ciudad vino de La Siberia. La demanda de piedra caliza obligó a que la producción de cemento se realizara directamente en la planta, donde se instaló un horno Polysius, de origen alemán, su traída fue todo un acontecimiento debido a que en esa época transportar un objeto de esa magnitud desde Europa no era tarea sencilla. La Mina de Palacio ya no daba abasto, resultaba necesario encontrar otras minas, razón por la cual Cementos Samper decide realizar exploraciones, en una de ellas, Anatorio descubrió una de las minas gracias a que conocía el ecosistema como la palma de su mano.

Cementos Samper había construido un cable aéreo que transportaba el cemento desde La Calera hasta el barrio Contador en Bogotá (ubicado en la calle 134 con carrera séptima), donde se empacaba el material de construcción. Las torres del cable fueron construidas en madera de Encenillo y Chinchauaco, dos árboles de la región, más adelante se fabricaron en acero, estas estructuras fueron demolidas con el tiempo y hoy solo quedan algunas torres oxidadas.

Debido a la necesidad de fabricar cemento en masa se construyó un pequeño pueblo que también se llamó La Siberia, en este vivían ejecutivos de alto rango, ingenieros, expertos y trabajadores, todos con sus familias, por ese entonces era el barrio de moda de La Calera. En el pueblo había iglesia, escuela, droguería, comisariato, carnicería, peluquería, casino (nombre que se le daba al restaurante), un hospital en el cual atendían hasta a los habitantes de La Calera y un banco, el primero en ese sector.

Anatorio y su familia no vivieron en el pueblo, eso sí, iban con mucha frecuencia, ya no habitaban el páramo pues vivían en La Calera en la casa donde hoy residen, la cual está llena de flores en su entrada y de recuerdos en su interior. Hoy el pueblo y la planta son conocidos por los fantasmas que según habitantes y curiosos habitan las ruinas que hoy yacen a las afuera del pueblo, por la carretera que conduce al páramo que hoy es parque natural.

La cementera comenzó entonces a realizar extracción a gran escala del material de construcción, de 100 a 150 toneladas diarias era la cantidad de cemento que se fabricaba. La producción aumentó, así como la contaminación del páramo de Chingaza y de La Calera, los cuales con el tiempo se pintaron de color gris debido al polvillo del cemento que se extraía.

Unos años después se instalaron 2 hornos de marca Smith, con los cuales se llegaron a producir 1.000 toneladas diarias. En esta época no existía el Ministerio de Ambiento ni Parques Nacionales Naturales de Colombia, tampoco habían leyes de protección ambiental, por lo cual la fábrica dejó un gran impacto negativo en el páramo.

Las viviendas, los cultivos de papa, los frailejones, el musgo y la vegetación del ecosistema se cubrieron de gris producto del polvillo creado cuando la piedra caliza se convierte en cemento. El agua cristalina, que baja desde las lagunas del páramo y corre por los ríos del bosque, se vio fuertemente afectada por los residuos químicos que se vertían en ella, ya no se podía beber el agua fría y pura de Chingaza.

Las emisiones de monóxido de carbono, de azufre, el dióxido de azufre, y otras partículas contaminan el aire debido a sus propiedades químicas. Muchos animales del páramo, así como el ganado, tuvieron problemas respiratorios y murieron. Los trabajadores y los calerunos también sufrieron de la respiración, algunos tuvieron enfermedades respiratorias, el aire puro que bajaba del páramo ya no era el mismo. Anatorio fumó cigarrillo toda su vida, cocinó en leña, trabajó en la cementera y casualmente nunca tuvo problemas respiratorios, quizás porque durante toda su vida inhaló el aire de Chingaza.

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En 1968 se consolidó el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (INDERENA), la primera agencia del gobierno colombiano encargada del control medioambiental. Por esa época se adelantaba un proceso para delimitar las zonas que debían ser parques naturales en el país, tenían orden de desalojar, así fuera “a plomo”, a los habitantes y animales que no hacían parte del ecosistema, un pasado oscuro que pocos conocen, sin embargo la creación de Parques Naturales ha permitido que los caminantes de las montañas puedan recorrerlas. Anatorio fue amenazado de muerte para que abandonara la finca en el páramo a la cual hoy sus familiares y algunos visitantes van a disfrutar de la hermosa vista y de los osos andinos que por épocas merodean en el lugar.

El INDERENA sin embargo contribuyó a que se protegiera Chingaza pues hizo un mayor control ambiental a la fábrica. El Acueducto de Bogotá, encargado de tratar el agua sagrada del páramo para que los citadinos puedan beber de ella, también presionó a la fábrica por la contaminación que generaba en los ríos que bajan de Chingaza.

En la fábrica hubo huelgas y protestas en busca de mejores condiciones laborales, en La Calera también se reclamó por los efectos adversos que el cemento dejó en el ganado y en los habitantes del pueblo, no soportaban seguir viendo sus casas y plantas cubiertas de un gris. Además por esta época la élite bogotana comenzó a comprar casas de vacaciones en La Calera y sus zonas aledañas.

A finales de los 90, durante la crisis económica que se vivió en Colombia, la industria cementera se vio afectada, además la maquinaria de la planta ya resultaba obsoleta. Al país habían llegado empresas multinacionales cementeras como Holcim y Cemex, las cuales realizan extracción a escalas mucho más grandes que en La Siberia y por ende dejan un gran impacto medioambiental y social. Cemex compró por esa época la mayoría de acciones de Cementos Samper y en 1998 la fábrica y el pueblo cerraron de por vida.

Luis relata con nostalgia, la misma que tenía su padre cuando le contaba sus anécdotas, la tristeza que él y los trabajadores sintieron cuando La Siberia cerró sus puertas, pues allí vivieron memorables momentos en un pueblo que ya no existiría más. Vinieron entonces tiempos difíciles, ya que el único sustento de los trabajadores eran los ingresos que recibían por trabajar en la planta. La Calera también sufrió económicamente pues las personas no tenían dinero para comprar el mercado, la ropa, ni mucho menos la cerveza.

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La imponente fábrica hoy se encuentra en ruinas, las cuales pareciera que en cualquier momento podrían derrumbarse. Los antiguos hornos, al igual que las instalaciones del pueblo de La Siberia, ambas bastante desaliñadas, se cubren de la vegetación del páramo que con furia crece intentando recuperar su territorio.

En la actualidad es un atractivo turístico para los curiosos que se acercan a comprobar las historias de fantasmas que habitan el lugar. La más conocida es la de una enfermera que merodea por el antiguo hospital y que en ocasiones se asoma a la carretera a pedir un aventón. Algunos aseguran escuchar un coro de niños en la iglesia, que eso sí, da bastante miedo recorrerla en horas de la noche, aseguran.

Hay varias historias relacionadas con apariciones o sonidos que se pueden percibir en La Siberia, pero como dice el viejo dicho: hasta no ver no creer, sin embargo, caminar por las ruinas del pueblo es toda una prueba para los nervios. Allí vivieron y murieron muchos, además se ha convertido también en una oficina, como dicen algunos graffitis, donde algunos van a consumir drogas.
La mayoría de personas, de las pocas que conocen la fábrica, se han enterado de esta por el “pueblo fantasma” que se parece a Chernobyll, desconocen la importancia que tuvo para los trabajadores, La Calera y en la construcción de Bogotá, así como las consecuencias medioambientales que dejó en el páramo y el impacto social que tuvo en los calerunos.

La Siberia será demolida para la construcción de conjuntos residenciales, cemento sobre la planta de cemento. La fabricación de esta materia prima es necesaria, ya que es el principal material de construcción en la actualidad, por lo cual su extracción al menos contribuye a la ciudadanía y al país, eso si las multinacionales no producen cemento para dejarlo acá en Colombia.

Hay que aprender del caso de La Siberia para mitigar las consecuencias negativas que la extracción de piedra caliza puede dejar en el medio ambiente y en las poblaciones aledañas a las zonas en las que se realiza extracción, pues las cementeras que existen en la actualidad se encuentran muy cerca a los pueblos, los cuales no quieren que sus calles sean cubiertas de gris, ni que allí queden las ruinas que deja el cemento.

*Estudiante de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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