Una mujer que hizo historia

Semblanza de la primera senadora y ministra, símbolo de los derechos femeninos en Colombia.

Hoy Esmeralda Arboleda cumpliría 90 años. Fue una mujer que pasó a la historia de Colombia del siglo XX como artífice del cambio de las colombianas, condición fundamental para la modernización del país.

Fue una de las primeras profesionales colombianas y la primera abogada graduada en la tradicional Universidad del Cauca, en 1945. Sus dotes intelectuales lograron superar la incredulidad de compañeros y maestros sobre las capacidades femeninas. Su educación, como la de sus cinco hermanas, fue forzada por la visión moderna y liberal de su familia. Su padre Fernando Arboleda López, político liberal, cultivó la cultura y la inteligencia de las niñas. Para su madre Rosita Cadavid de Arboleda, con claridad meridiana y tenacidad antioqueña, la educación procuraría la independencia de sus hijas. Esmeralda recibió la mejor calidad de educación posible en su momento: oficios de ama de casa, música en el Conservatorio de Cali, los mejores colegios en Palmira, internado en Pereira y Bogotá en el colegio de las señoritas Casas, donde obtuvo su bachillerato en 1938, pues para entonces en Palmira no era posible para una mujer graduarse de bachiller.

Como abogada se dedicó a la protección de la niñez y a luchar por la situación de la mujer. “La readaptación social de los menores delincuentes“ fue el tema de su tesis de grado y la criminalidad infantil el de su especialización en la Universidad de Indiana en los Estados Unidos. Participó en los escenarios femeninos que se abrían, como conferencias y grupos de mujeres que trataban de impulsar los avances de la posición de la mujer. Las reformas venían desde los gobiernos liberales de los treinta en asuntos de educación y derechos civiles para las mujeres, pero aún faltaba formalizar la participación política.

Esmeralda Arboleda era liberal por familia, temperamento y convicciones doctrinarias. Desde su etapa universitaria había trajinado en la política en distintos movimientos liberales. Como liberal se comprometió en la causa de las mujeres. Tenía la formación necesaria para el escenario público y la inclinación por la política, pero primero había de conseguir la posibilidad de que una mujer pudiera intervenir en ese espacio.
 
Con la profundización de la violencia partidista se valoró el aporte femenino: virtudes morales, constancia, trabajo y búsqueda de la paz. En 1954, cuando el gobierno militar de Rojas Pinilla retomó la promoción de una nueva constitución para el país, un movimiento femenino de mujeres profesionales, independientes y amas de casa, sin distingos políticos, formularon una petición a la Comisión de Estudios Constitucionales, para que se incluyera el tema de la capacidad política de la mujer. El memorial, elaborado con la colaboración de Esmeralda Arboleda, fue firmado por miles de mujeres y por cientos de hombres. El liberalismo candidatizó a Esmeralda Arboleda, quien movida por su convicción de conseguir la igualdad de derechos políticos de las colombianas, se sumó a las conservadoras Josefina Valencia de Hubach y Teresita de Santamaría en la Asamblea Nacional Constituyente. Su ovacionada ponencia resultó en la aprobación de la capacidad política de la mujer. En el mismo instante Esmeralda comenzó a referirse a sus congéneres como “ciudadanas”. El Acto Legislativo No 3 del 27 de agosto de 1954 otorgó a las mujeres el derecho de elegir y ser elegidas. A partir de ese momento Esmeralda ha sido adalid de esa transformación femenina.                                   
Por los excesos en el ejercicio del poder se distanció del gobierno de turno. Fue destituida como constituyente. Esmeralda y su hijo, de cinco años, fueron víctimas de amenazas y sucesivos atentados en Bogotá y en Cali, por lo que salió al exilio. Con el movimiento de restauración democrática, que siguió a la dimisión de Rojas el 10 de mayo de 1957, Esmeralda Arboleda fue llamada por Alberto Lleras, líder del Frente Civil, para que encabezara la convocatoria femenina. Entonces realizó una gran campaña política por el país: desde la legendaria María Cano no se había visto a una mujer en la plaza pública. Pero Esmeralda marcaría el inicio de la cada vez más amplia presencia femenina en las campañas políticas. Las mujeres urbanas y campesinas que votaron en el Plebiscito de diciembre de 1957, conformando el 42% de los votantes, refrendaban sus derechos políticos que habían quedado en el papel en 1954. Esmeralda sellaba su rol protagónico en la consecución del voto femenino.

En 1958, como secretaria de la Sección Femenina del Partido Liberal, recorrió el país organizando grupos de mujeres que alentaran a los candidatos liberales. En 1966 fue coordinadora femenina de la campaña que llevó a la Presidencia a Carlos Lleras. También participó en las campañas de Alfonso López Michelsen y de Virgilio Barco.

Esmeralda fue la primera colombiana que obtuvo una curul en el Senado como resultado de la elección de marzo de 1958, en la que también llegaron a la Cámara de Representantes otras siete mujeres. Como senadora se destacó por sus organizadas y profundas intervenciones en las que se hacían presentes su amplia compresión de los problemas del país y su interés social por la pacificación y por la mujer. De la juiciosa labor resultó la recordada Ley Esmeralda, que impulsó la industria editorial por la disminución del impuesto para la importación del papel. Presentó en el Senado un proyecto de ley para suprimir la discriminación jurídica de la mujer que incluía el divorcio. Este proyecto fue debatido en academias y universidades, aprobado con mayoría de votos y con moción de aplausos en el Senado. Al pasar por la Cámara la iniciativa se encontró con la oposición de la Iglesia. Fueron movilizadas las comunidades religiosas en su contra. Para el arzobispo primado Luis Concha Córdoba la autoridad del hombre debía mantenerse. La igualdad jurídica de la mujer tuvo que esperar más de una década, cuando se eliminaron las diferencias entre hombres y mujeres en la separación de cuerpos en el matrimonio y se suprimió la potestad marital con el estatuto decretado por el gobierno López Michelsen en 1974.
 
Las dotes de estadista de Esmeralda marcaron un norte a la mujer colombiana. Hizo parte del gabinete del Presidente Alberto Lleras, como ministra de Comunicaciones (septiembre de 1961 a agosto de 1962), un ramo vital para el progreso material y cultural de Colombia: se concentró en el montaje de la televisión educativa, la cobertura de redes nacionales e internacionales y la formación técnica del sector. Esmeralda Arboleda era entonces la única ministra en el continente y la segunda colombiana, después de Josefina Valencia, ministra de Educación del gobierno Rojas.

Ninguna mujer había llevado la representación de Colombia en el exterior; Esmeralda fue nombrada por el gobierno Lleras Restrepo como embajadora de Colombia en Austria y Yugoslavia, y embajadora alterna ante la Organización de Naciones Unidas. En la diplomacia también señalaría un camino a las colombianas.
 
En la televisión nacional dirigió en los sesenta el programa de opinión Controversia, en el que se debatían los más grandes temas con la participación de los más doctos especialistas. El matrimonio civil y el divorcio, la prostitución, la planificación familiar y la pena de muerte fueron algunos de los más trascendentes.

Creía en los partidos como el medio para aglutinación política. Trabajó por su partido, ocupó altos cargos en su organización: en la Dirección Nacional Liberal, la Comisión Central, el Comité Ético y la Coordinación Femenina, y con persistencia se preocupó de incorporar a la mujer en las estructuras del partido. La vida familiar la llevó por unos años a retirarse en el exterior de la vida pública. A pesar de ello, continuaba su trabajo por la mujer. En 1975, en la Conferencia Mundial de la Mujer de las Naciones Unidas, en México, presentó una disertación sobre la situación real de la mujer en América Latina, de obligada consulta. Y cuando regresó a Colombia retomó sus intereses de siempre: la niñez, la condición de la mujer, su Partido Liberal y, siempre con ideas de vanguardia, el derecho a morir dignamente.

La evocación de esta gran colombiana es necesaria. Hoy es imposible imaginarse una Colombia con universidades sin estudiantes femeninas, mujeres sin derechos civiles, sin voto y un gobierno sin mujeres. Actualmente están en todos los niveles de la vida política nacional. De todo ello, Esmeralda Arboleda fue artífice y protagonista. Esta retrospectiva forma parte de un trabajo biográfico actualmente en preparación.

Las congresistas opinan de su antecesora

‘‘Creo que fue una persona admirable, que luchó para lograr la participación política de la mujer y gracias a sus esfuerzos nosotras tenemos la posibilidad de disfrutar de los importantes espacios de representación política. La lucha de ella nos motiva para continuar con nuestro trabajo en beneficio del género y del país”.

Alexandra Moreno Piraquive,   senadora

‘‘Esmeralda Arboleda demostró la capacidad que tiene la mujer para sacar adelante las responsabilidades que asume. Es un ejemplo y creo que recordar su nombre es tomar conciencia de que las labores que desempeñamos son fruto de nuestro método de organización y la transparencia que nos caracteriza”.

Consuelo González de Perdomo,   representante a la Cámara