Final de temporada, el 15 de diciembre, por FX

Entre demonios y espíritus

En este momento se emite la segunda temporada de “El exorcista”, basada en la película de William Friedkin. En Halloween, hablamos con un exorcista para conocer más sobre el mundo de lo paranormal.

/ Ilustración: Santiago Buitrago Rojas. Su trabajo en www.sbuitrago.com

El protocolo es prácticamente inflexible. Un sacerdote, con estudios en casos de exorcismo, es llamado luego de que una víctima se ha realizado algunos exámenes pertinentes que indican que sus malestares no son de índole física ni psicológica. El sacerdote se encuentra con el supuesto poseído. Le hace algunas preguntas y, luego, a quien habla por él. Determina si ese ser que le ha respondido es un espíritu o un demonio. A continuación, comienza a rezar las oraciones escritas en el libro Ritual romano, del capítulo Sobre el exorcismo de los poseídos por el demonio, que dicen: “Señor Jesucristo, Verbo de Dios Padre, Dios de toda criatura que diste a tus santos apóstoles la potestad de someter a los demonios en tu nombre y de aplastar todo poder del enemigo; Dios santo, que al realizar tus milagros ordenaste: ‘huyan de los demonios’. Dios fuerte, por cuyo poder Satanás, derrotado, cayó del cielo como un rayo; ruego humildemente con temor y temblor a tu santo nombre para que fortalecido con tu poder, pueda arremeter con seguridad contra el espíritu maligno que atormenta a esta criatura tuya. Tú que vendrás a juzgar al mundo por el fuego purificador y en él a los vivos y los muertos. Amén”.

Mientras el sacerdote exorcista ora, el sujeto poseído libra una batalla con quien lo ha invadido. Dependiendo del caso, grita, habla en lenguas muertas o desconocidas, llora y se retuerce. La sesión puede demorarse hasta dos horas. En algunas películas, como El exorcista, se ve a la pequeña Regan MacNeil, la protagonista, cambiar su comportamiento de una niña dulce a una violenta y sin filtros. Al final del exorcismo, el exorcista cierra la sesión pidiéndole a Dios. “Te pedimos que lo (la) conserves con tu providencia y lo (la) custodies en la libertad que le concedió tu Hijo. Garantiza, Señor, que el espíritu de impiedad no tenga poder en adelante sobre él (ella)”, y bendice a los presentes.

Cuentan las leyendas que los mortales, desde la Babilonia antigua hasta la cultura egipcia, han estado expuestos a que sus cuerpos se conviertan en morada de seres maléficos, demoníacos y espirituales. A esas posesiones, infestaciones u obsesiones, como las llaman algunos estudiosos del tema del exorcismo y los demonios, no se les han encontrado explicaciones científicas, ni médicas, ni psiquiátricas que determinen por qué los seres humanos son propensos a ser compelidos por fuerzas que se salen del comportamiento “normal” del hombre.

Mientras unos rechazan e ignoran el tema, por ser desconocido, otros, como los teólogos, dicen de la posesión que es un problema mental en el que hay sugestiones en cuanto a lo espiritual e infernal. Los psiquiatras complementan este tipo de casos al diagnosticarlos como situaciones de esquizofrenia o doble personalidad.

Es mucho lo que tratan de explicar diversas corrientes de pensamiento, pero en la acción, supuestamente, es la religión la que ha liberado a los poseídos. “Si se está enfermo y (se) tiene una cantidad de cosas de salud y le hacen un montón de exámenes y no le encuentran nada, (tiene) problemas en lo ecónomico, sentimental, espiritual, social y personal, la religión es la respuesta, sin importar el credo que se profese”, cuenta monseñor Andrés Tirado Pérez, fundador de la Congregación Sacerdotal Internacional Católicos Independientes, entidad que trabaja en liberación, exorcismos, sanación física y espiritual, entre otros asuntos. Los egipcios creían en la presencia de entidades demoníacas y sus métodos para evitar el mal que éstas provocaban eran la magia y los hechizos. En cambio, los babilonios actuaban una vez estaban frente a la situación paranormal. Representaban al demonio en arcilla para luego destruir el objeto, una manera simbólica de subvertir el daño.

Es poco lo que se habla sobre los exorcismos, pero los protocolos católicos, gracias a la literatura y a Hollywood, son los que llegan a la mente una vez se imagina el momento cuando la luz de Dios va a aplacar la maldad de Satanás.

Escenas como la de la película de 1973 de William Friedkin, El exorcista, y de la serie homónima de FX basada en este filme y que estrenó segunda temporada hace poco, traen a colación elementos como un crucifijo, agua bendita, un sacerdote que ora y le reza a la víctima que, por lo general, está sujeta a una cama para evitar que el demonio actúe violentamente contra el cuerpo o contra el exorcista.

Las posesiones, dicen los entendidos y creyentes, se manifiestan en un comienzo por el cambio de la voz del poseído, una voz destemplada, desgarradora y retadora, que comienza a hablar idiomas no nativos y lenguas muertas. Luego llegan las contracciones del cuerpo, la levitación inexplicable, la fuerza bruta y la rotación de 180 grados de la cabeza.

“Hay una cantidad de cosas que han sucedido, que están ahí, que uno las ha visto pero que son una en un millón”, aclara monseñor Tirado, quien llegó al mundo de los demonios y el exorcismo hace 20 años, gracias a una experiencia de liberación que obró sobre una señora evitándole una intervención quirúrgica. Además de las manifestaciones corpóreas demoníacas de personajes como Lucifer, Belcebú, Satanás, Baal, Luzbel y toda la legión de ángeles expulsados del cielo por Dios, en la tierra también transitan almas en pena, los espíritus. “Los espíritus son personas que ya han vivido, que han compartido este espacio material”, dice monseñor Tirado. Convertirse en foco de su posesión implica padecer los males con los que cargó esta persona hasta su muerte, quien luego de abandonar su cuerpo vaga con su alma hasta encontrar la “luz”.

Estos casos son los más comunes con los que un exorcista se puede encontrar y que muchas personas confunden con posesiones demoníacas. No tienen nombres bíblicos y lejanos. La presencia de estas entidades puede manifestarse a través de un vecino, un habitante de calle o de cualquier sustancia que usan los brujos para hacer encargos o invocaciones por medio de la tabla ouija.

El universo que no vemos

Los seres humanos, opinan los cultores de las ciencias ocultas y algunos religiosos, no son los únicos habitantes de la dimensión terrenal. Lo paranormal también está aquí, se mueve en silencio hasta encontrar una presa débil desde donde se pueda manifestar. Quiere que el hombre caiga en tentaciones y vicios, profane y se aleje de lo sagrado.

“Ellos gozan haciéndoles daño a las personas a nivel general”, detalla monseñor Tirado. Pero, añade, como todas las dualidades del mundo, creadas por el hombre y promulgadas por la Biblia, el bien siempre vencerá al mal, la verdad prevalecerá sobre la mentira y Dios (o la divinidad que se profese) van a estar por encima de Satanás.

Creer, afirma él, es el escudo para que demonios y espíritus no sean inquilinos del cuerpo, sino meras presencias que no se ven, pero se perciben desde hace miles de años.

Temas relacionados

 

últimas noticias