Jon Lee Anderson: “Creo en el porvenir de América Latina”

Ávido de cada detalle de los gobiernos latinoamericanos, su mirada revisa la subordinación de los países aliados de Estados Unidos en la región.

Jon Lee Anderson, quien asegura que los enfrentamientos entre izquierdas y derechas y la subida al poder de Donald Trump han hecho que se viva en Occidente un retorno a la Guerra Fría. / AFP

Visto de soslayo en un puerto bien puede parecer un vikingo extraviado en una latitud tropical en busca de brea para curar las fisuras de la proa del barco. En su habla se deslizan los giros idiomáticos de un incansable viajero con remanentes del inglés que se asoman en los cierres imprecisos de su dicción plurilingüe. Su impronta latinoamericana se despliega en el trato empático y una locuacidad febril que corre a la velocidad de su itinerancia. Del Asia al África y de Europa a su entrañable Latinoamérica, su trashumancia incesante se ilumina con una memoria prodigiosa que referencia sin vacilaciones parajes y fechas, personajes y situaciones. En su maleta de viajero no faltan los libros de historia y los mapas. Insumos imprescindibles en sus cuarenta años de reportería desde que escribiera su primer artículo para un periódico de Lima y luego arribara a la Centroamérica de fuego de los años 80, envuelta en llamas por las guerras civiles y los gritos de rebeldía de las guerrillas de inspiración nacionalista.

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Ahora que las democracias del sur dan tumbos entre los extremos ideológicos y el imperio norteamericano se rige por la torpeza y frivolidad de un magnate analfabeta, Jon Lee Anderson compara la actual situación con la vivida en los años de tensión de décadas pasadas: “Una mirada a la región nos confirma que estamos viviendo un retorno a la Guerra Fría. Sin ser exactamente el conjunto de situaciones que se padecieron en la década de los 80, el auge del populismo, tanto de izquierda como de derecha, conjugado con un desvanecimiento de las democracias y la crispación derivada del ascenso de Donald Trump al poder en Estados Unidos, ha creado una situación de crisis y consternación en el hemisferio. La figura de John Bolton, asesor de seguridad nacional, que emplea términos similares a los usados hace treinta años y que insiste en erigir una troika de terror integrada por Cuba, Nicaragua y Venezuela, ha creado una tensión que no veíamos desde hace un buen tiempo. Es un cambio marcado de la atmósfera fraternal que se vivió en el entente cordiale construido entre Barack Obama y Raúl Castro. Cuando Bolton asegura que está de vuelta la Doctrina Monroe, entierra el legado Obama, quien afirmó en La Habana que el último vestigio de la Guerra Fría era despedido en su gobierno”.

Curtido caminante de Latinoamérica y ávido de cada detalle de los accidentados gobiernos del continente, su mirada no omite una revisión crítica a la subordinación de los países aliados de Estados Unidos. “Esa retórica belicista tiene émulos en Brasil con Bolsonaro y en Colombia con el expresidente Uribe y el actual embajador americano, que torpedean los acuerdos que pusieron fin a la confrontación militar entre la guerrilla Farc y el Gobierno colombiano. La intromisión de Rusia, que se cree con potestad para proteger a Venezuela, abre la posibilidad, que creímos desterrada, de intervenciones militares en la región. La renuncia a los recursos de la diplomacia por parte del país más poderoso sobre la faz de la tierra y del departamento de Estado, con Pompeo a la cabeza, que se solaza lanzando cruceros de guerra, nos enfrenta a una situación con visos de extrema gravedad”.

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Sus crónicas y perfiles de líderes latinoamericanos hoy son piezas fundamentales para el análisis de la historia contemporánea de la región. Luego de desentrañar por más de diez años cada detalle de la vida del mítico guerrillero Ernesto Che Guevara y recorrer cada meandro de la cartografía guevarista para un libro en el que desplegó todas sus dotes de reportero, en sus observaciones y pronósticos se vislumbra un firmamento alentador para Latinoamérica. “He sido duro al cuestionar la región, en razón a mi afecto y arraigo, pero la crítica es oportuna cuando hay tentativa de salvación. Este nuevo mundo, y todas las Américas, a pesar de los indicios tétricos como las desigualdades sociales, las transgresiones a los Estados de derecho y la violencia, para nada es un territorio insalvable. Este universo, creativo y sincrético, me genera la sensación de un inextinguible porvenir”.

El derrotero de su trasegar lo marcan los cientos de festivales que lo invitan, sus talleres de periodismo, tan apetecidos por los aprendices del oficio, y la turbulenta realidad que lo convoca para que sea auscultada con su decantado olfato de corresponsal de guerra y cronista. El mismo que conjuga con su sabiduría cuando valida su confianza en el destino de Latinoamérica. “La mezcla de razas que aquí se ha dado, con sus rescoldos de sojuzgamiento, ha creado el ser humano del nuevo mundo. Los bagajes clasistas del Viejo Mundo aquí han sido anulados. Judíos y musulmanes se agrupan en muchas latitudes de América Latina sin matarse, y lo mismo he comprobado con chinos y japoneses. Estas sociedades no padecen de los sectarismos y los dogmas que generan conflictos en muchos lugares del Viejo Mundo. Por eso soy un irremediable optimista frente al futuro de América Latina”.

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