“La economía naranja va mucho más allá de un partido político”: Felipe Buitrago

El viceministro de la creatividad y la economía naranja habló para El Espectador sobre la reforma tributaria, los bloqueos comunicativos respecto a la economía naranja y la politización del término.

Felipe Buitrago se posesionó como viceministro de economía naranja el pasado 2 de septiembre de 2019. / Oscar Pérez

¿Cuáles son los beneficios de la reforma tributaria que se aprobó?

Hay tres beneficios dentro de la Ley de Crecimiento Económico. El primero es que se mantienen actividades como el cine, el teatro y los espectáculos públicos de las artes escénicas exentas de IVA. Esto es muy importante, porque son actividades que forman parte de la Ley del Cine y la Ley del Espectáculo Público que vienen con unos parafiscales que son recursos que recauda la DIAN, pero que se invierten en el fortalecimiento del sector, por eso hemos tenido ese nivel de expresión de cine y un fortalecimiento de las infraestructuras teatrales alrededor del país. El segundo es que se recupera el beneficio de exención tributaria por siete años para las micro y pequeñas empresas de las industrias creativas. Esto nos da la potestad de que quienes tengan esas empresas y quieran comprometerse con crecer, van a tener este beneficio de siete años que les permite proyectarse, generar empleos y hacer inversiones productivas en materia de industrias creativas.

El tercer beneficio es el artículo 76 que no es tan cercano a la economía naranja. Son las obras por impuestos a las que se les permitió que incluyeran también a las industrias culturales. Estos tres temas nos permiten fortalecer el sector y llegar a los territorios porque las obras por impuestos no son en Bogotá, sino en el Catatumbo, Tumaco y demás zonas difíciles en las que la infraestructura cultural tiene un impacto transformador.

¿Y en qué consiste esa llegada a los territorios? ¿Qué se planea hacer?

Nosotros tenemos un plan llamado “Expedición sensorial” que precisamente articula todo el aparato de cultura y otras entidades del Gobierno: vamos al territorio y a través de las herramientas de la cultura acercamos a las comunidades para que hagan teatro, se acerquen a la música o incluso realicen videos. Todo esto con el propósito de que hagan una práctica de la cultura y a través de esa práctica se reconstruya el tejido social. Nuestras periferias suelen estar vacías de escenarios y estas obras por impuestos suelen ser una buena primera oportunidad. Del Plan Nacional de Desarrollo vienen otros beneficios que estamos terminando de reglamentar y nos permitirán dirigir otras inversiones a infraestructuras en las áreas de desarrollo naranja, que son estos espacios especiales dentro de las ciudades donde los creativos necesitan que haya mejor infraestructura para que esas actividades se puedan potenciar.

En qué consisten las áreas de desarrollo naranja…

El ejemplo más fácil es el barrio San Felipe, en Bogotá. El polígono entre la calle 72 y la calle 80, y entre la avenida Caracas y la carrera 24, es un lugar en el que los artistas han venido concentrándose durante ya casi 10 años. Hoy en día tienen galerías, estudios y espacios colectivos de creación. Eso es muy bueno, pero, ¿cómo lo potencias? Como no les puedes decir a todos “Vénganse a vivir a un edificio”, optas por la siguiente frase: “El territorio, el espacio que ustedes ocupan, tendrá unas condiciones especiales. Si ustedes se agrupan les vamos a dar una soberanía sobre el manejo del espacio público. Tendrán la posibilidad de, por ejemplo, cerrar una calle una vez al mes para tener una noche de arte”. Desde el Gobierno central les damos la posibilidad de presentar proyectos de mejoramiento de esos bienes públicos, que puede ser el espacio público o una galería en la zona. Al hacerlo nosotros les vamos a dar un beneficio del 165 % en la renta a quien haga la inversión. Es decir, la inversión no la tienen que hacer los artistas, sino tendrán que conseguirse una empresa que haga la inversión para beneficio de esta comunidad. 

Esto en el barrio San Felipe se ve muy claro, pero, por ejemplo, el área de desarrollo naranja del Bronx, ¿cómo funcionaría?

Hay dos categorías de áreas de desarrollo naranja o distritos creativos: las orgánicas, como San Felipe, la plaza de Usaquén o la Playa en Chapinero. Esas zonas tienen una concentración natural de artistas. En el caso de Bronx, tenemos un distrito creativo inducido, que es cuando tú usas las herramientas como una excusa para la renovación urbana.

En el sector cultural todavía hay una resistencia para hablar de economía naranja, sobre todo los artistas que no quieren crear empresa y que, además, se niegan a mercantilizar sus obras…

Cuando tú haces una política pública o creas un incentivo sabes que la gente es libre de participar. La gente participa de manera voluntaria y nosotros tenemos la obligación de generar las herramientas para que todos aquellos que quieran expresarse culturalmente encuentren la herramienta apropiada. Lo que hay es una oferta muy grande, que es en gran parte la dificultad para entender. Es normal y debemos mejorar en eso. A los que le temen a la mercantilización les diría que la economía naranja, como aproximación y filosofía, es su mejor aliado: lo que estamos haciendo es facilitar que aquellos que pueden generar su propio sostenimiento tengan las herramientas que necesitan y no les compitan con los recursos que tenemos ya destinados para otras cosas. Sé que la comunicación aquí es difícil porque además hay una prevención ideológica, pero lo que tenemos que hacer es separar la ideología de la responsabilidad y la oportunidad del sector de la cultura con el futuro del país.

Una de las banderas del presidente Duque fue la economía naranja. ¿Cree que esto le ha perjudicado al concepto por esa prevención ideológica que usted menciona?

Él nunca ha tenido la economía naranja como una bandera política...

Pero así se percibe.

Eso es diferente. Ahí lo que hay que hacer es aclarar. Para él la economía naranja nunca ha sido una bandera política, sino una visión de desarrollo de largo plazo fundamentada en la cultura, precisamente porque es el único presidente que ha sido gestor cultural. Hay que olvidarse de que eso tiene que ver con él. Eso sí, Colombia es pionero en ponerla como prioridad dentro de la apuesta nacional. Más bien es una bandera de desarrollo que va mucho más allá de un partido político.

Le entiendo entonces que el esfuerzo hay que enfocarlo a despolitizar el término...

Exactamente. Para mí, como coautor del concepto, es indiferente si dentro de cinco años se sigue hablando de economía naranja o no. Lo que es relevante es que hablemos de la cultura como una apuesta nacional de desarrollo incluyente a largo plazo. Eso sí, sería muy paradójico que Colombia desista de utilizar el concepto naranja cuando ya otros países lo utilizan, pero bueno, eso sería difícil, porque ya está en las leyes. Si quisiéramos terminar de hablar con este término tendríamos que hacer reformas de ley. Es paradójico también porque solo es una minoría del sector la que está pidiendo que no les den importancia. A ellos les diría que se acerquen y nos dejen acercarnos para aclarar y construir. Lo invitamos a leer: Lento despegue de la economía naranja

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Laura Camila Arévalo Domínguez- @lauracamilaad

Cultura

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