125 años del Teatro Colón

Sumi Jo: un destino decidido

El próximo 12 de octubre se presentará en el Teatro Colón una de las sopranos más importantes. Perfil de Sumi Jo, una mujer que cumplió el sueño fallido de su madre.

Sumi Jo viajó a Italia de 19 años, donde continuó sus estudios para convertirse en soprano. / Cortesía

Durante la ocupación japonesa a Corea, una mujer que entrenaba a diario su voz para la música clásica debió abandonar su sueño. Adiós a las ocho horas diarias de práctica, adiós a las clases, a imaginar que podía proyectar mil vidas más con extender la voz hasta rasgar lo más hondo de algún personaje en una ópera clásica.

Los días duros, entre la guerra y la resistencia a los procesos coloniales japoneses, transformaron para siempre los destinos de los coreanos. Entre los muertos y la violencia lo de menos parecían ser los proyectos truncados. La cantante se retiró con dolor del camino del arte, pero sin resignación; hizo una vida aparentemente normal, una familia y un destino distintos. Cuando se enteró que tendría una hija la signó con la dignidad de los que se resistieron a perderlo todo en la ocupación, ella sería la cantante que los japoneses truncaron. Los coreanos mantenían viva la memoria y los sueños en la prolongación de sus hijos. El destino se alió con los sueños maternos: Jo Su-gyeong (Sumi Jo) nació en Seúl y sería la cantante de ópera más grande que Corea ha visto.

“Mi mamá era una mujer ambiciosa. Desde los cuatro años me inscribió a clases de piano, de ballet clásico y de patinaje artístico. ¿Qué quería ser yo? Una veterinaria, pero para mí era —y siempre será— más importante hacer feliz a mi mamá”, dijo para El Espectador Sumi Jo.

En 1983, Jo viajó a Italia para estudiar canto en la Academia de Santa Cecilia en Roma, especialmente con el tenor Carlo Bergonzi. Tenía 19 años, eran los comienzos de una época convulsa, la rebeldía estallaba en las calles y en las bocas, el lenguaje se transformó en un animal vivo y sensual. Sumi Jo no sabía moverse. Fue un tiempo difícil, venía de una familia oriental tradicional: su mamá no comía con ellos —papá y hermanos— cuando se sentaban a la mesa, las demostraciones de cariño eran escasas y la lucha por vivir era mayor, más fuerte. “Cuando llegué a Italia sufrí mucho, pero gracias a eso me convertí en una mujer más fuerte. Hubo momentos donde sufrí de hambre y eso, sin embargo, nunca me hizo desfallecer”.

Discípula de María Callas y de Joan Sutherland, una profesora de canto coreana, Sumi Jo emergió como una de las voces más hermosas dentro de la ópera contemporánea. “Como una cantante soprano de voz con una interesante coloratura, esta artista es una verdadera diva del más alto orden”, según The Guardian.

Sumi Jo ha sido aclamada como voz superior por el director de orquesta contemporáneo Herbert von Karajan. Jo se las ingenia perfectamente bien para crear una cálida y estupenda relación entre ella y su audiencia cuando se encuentra sobre el escenario. Este es el modo en el que le gusta trabajar.

“Cuando llegué a Europa me di cuenta de que la gente vivía una vida mucho más cómoda. Trabajaba poco y había muchas oportunidades. En Asia teníamos que trabajar mucho más por las cosas: estudiar en las mejores universidades, ser muy competitivos”.

En Roma, Jo se hizo católica y se dedicó de lleno al canto. Abandonó la idea de tener una familia, un esposo, una vida diferente a la que tiene: aviones, escenarios, soledad. “Si no hubiera sido cantante, hubiera querido tener una familia, un esposo. Ser una mujer de una casa”. El eterno conflicto de una mujer exitosa: renunciar a la idea de una familia.

Lo último que ha hecho son los papeles de Fiakermilli en Arabella (Ópera de Hamburgo); Madame Mao, en Nixon en China (Teatro del Châtelet de París); Julieta, en Romeo y Julieta (Teatro Municipal de Río de Janeiro); Fiorilla en Il turco in Italia (Ópera Estatal de Hamburgo) y el protagónico de Manon Lescaut (Ópera Real de Wallonie).

Sumi Jo se ha posicionado como una de las más grandes sopranos en la música clásica contemporánea, el sueño de su mamá, un sueño heredado. “Mi mamá es una mujer tradicional de Asia, una mujer tímida. Nunca fue muy expresiva... Ahora ella está en el hospital, yo cumplí mi sueño y a la vez el de ella, quisiera hacerla sentir orgullosa. Pero ahora, cuando la llamo, ni siquiera reconoce mi voz”.

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