Ejemplos de productividad

La Veraka (Sucre): una tierra en buenas manos

Mujeres víctimas de violencia sexual recuperaron y volvieron productivo un predio localizado a 20 minutos de Sincelejo que hace años fue utilizado para las actividades ilegales del jefe paramilitar “Diego Vecino”.

Las piscinas que algunas vez utilizaron los paramilitares para hacer sus fiestas, hoy son pozos para que víctimas cultiven peces. / Unidad para las Víctimas

En el predio La Veraka, ubicado a unos 20 minutos de Sincelejo (Sucre), no se ven ya los rastros de una tierra que alguna vez fue teatro de la barbarie paramilitar. Son casi 4 hectáreas anegadas en su mayoría, con una casa de bahareque, un quiosco amplio, gallinas, patos y un loro. Se dice que el jefe paramilitar Diego Vecino tenía allí una sede de operaciones y que desde ese lugar ordenó asesinatos como el del exalcalde de El Roble Eudaldo Díaz, pero de ese pasado violento, hoy no queda nada.

Las cosas han cambiado tanto en este rincón de Colombia, que lo que servía como piscinas en las fiestas paramilitares, hoy son pozos en los que 45 familias cultivan tilapias y bocachicos. Una trasformación que ha sido fruto del esfuerzo de un grupo de mujeres víctimas, agrupadas en la Asociación de Mujeres Renovadoras de Vida del Departamento de Sucre (Supérate), que desde hace dos años tienen a su cargo la administración del predio.

Unidas por el dolor

La asociación nació de un grupo de víctimas que se conocieron alrededor de la tragedia. De tanto coincidir en los Centros Regionales de Atención de la Unidad para las Víctimas o en la Fiscalía, presentando denuncias, haciendo trámites, luchando por sus derechos, se fueron conociendo una a una. Llenándose de confianza mutuamente para enfrentar un pasado doloroso y traumático. “Una le decía a la otra: ‘oye a ti te pasó esto, atrévete a declarar’. Y así nos fuimos volviendo amigas hasta que pudimos encontrar una ruta de atención conjunta”, explica Olga Romero Villegas, representante legal de la asociación, quien llegó en 2015.

María Isabel Bertel Arroyo, una de las fundadoras, cuenta que al principio creía que lo que había sufrido sólo le había pasado a ella, pero empezó a notar que había por lo menos 15 o 20 mujeres en su misma situación. “Yo no me había atrevido a declarar, pero cuando otras compañeras lo hicieron, y me fueron explicando y asesorando, decidimos replicar la información a las demás compañeras para que se atrevieran. Nos dimos cuenta de que había mujeres muy berracas, que habían afrontado cosas muy difíciles en la vida. Eso nos ha dado fuerza, motivos para luchar y seguir adelante”, señala.

Así fue que un día decidieron darle vida jurídica a la organización y se inscribieron en la Cámara de Comercio y la DIAN. La noticia del trabajo que hacían se fue regando en la región y se le fueron uniendo mujeres de El Carmen de Bolívar, Zambrano, Plato, Palmito, Chochó, Sampués y de todos los Montes de María. Hoy en día cuenta con 92 afiliadas.

Aprovechar hasta la última hectárea

En 2015 aprovecharon la oportunidad de participar en una subasta pública que hizo el Fondo de Reparación a las Víctimas, para ceder en comodato el predio La Veraka, que había sido entregado por el exjefe paramilitar Diego Vecino, dentro de su proceso de justicia y paz. El hecho de estar conformadas legalmente, tener ya un reconocimiento en la región y haber presentado un proyecto de piscicultura viable, que aprovechaba los lagos artificiales con los que contaba el predio, les sirvió para ganarse la convocatoria. Su proyecto cuenta con el apoyo de la Unidad para las Víctimas, pero también de la Gobernación de Sucre, del Ministerio del Trabajo y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

A partir de ese momento lo que vino para ellas no fue fácil. “Cuando nos entregaron este predio, esto estaba totalmente abandonado. Nosotras, poco a poco, abrimos monte y nos pusimos a limpiar los pozos. El barro nos daba casi hasta la cintura”, recuerda Julimar Jamarca Villa, otra de las mujeres beneficiarias. Con trabajo y sacrificio sacaron adelante su proyecto. Establecieron turnos para que la finca, que tiende a anegarse por la disposición de los pozos, no arruine la producción. “Aquí vienen tíos, primos. Cuando son labores pesadas, ya de machete, vienen los esposos y ayudan”, dice Olga.

Hoy en día, la explotación del predio no se hace de forma improvisada, sino con un plan que busca sacarle el máximo provecho: con la producción de pesca, y también con cultivos de frutas y hortalizas y, en un futuro, un proyecto ecoturístico. “El terreno es muy pequeño, entonces la idea es aprovechar todo que tenemos. Vamos a trabajar cultivos de ciclo corto, como ají, cilantro, cebollín, apio, berenjena, y cultivos semestrales o anuales, como piña, maracuyá y papaya”, afirma Álex Palencia, un ingeniero agrónomo que apoya el proyecto.

“Entregar a organizaciones de víctimas la administración de bienes, como se hizo en este caso, es una forma de mejorar su condición emocional, familiar y económica”, explicó Mábel Monroy, directora del Fondo de Reparación de las Víctimas. Hoy en día el Fondo administra 999 bienes que fueron entregados por los paramilitares para la reparación, o que les fueron incautados por la Fiscalía y que, por ley, están destinados a resarcir a quienes le hicieron daño.

“Los bienes recibidos por el Fondo son comercializados y monetizados para la reparación de las víctimas, pero mientras esto se hace, son administrados por el Fondo para protegerlos y que no pierdan su valor”, puntualizó. Para Víctor Rivero, coordinador Territorial del Proyecto Somos Rurales, Montes de María y Sucre del PNUD, lo que se está haciendo en este predio es un buen ejemplo de cómo se pueden generar proyectos productivos para las víctimas.

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