¿Qué hacía Alzate de civil en una zona roja?

Más hipótesis que certezas sobre el extraño suceso en el que perdieron su libertad un general, un suboficial y una abogada.

El brigadier general Rubén Darío Alzate, comandante de La Fuerza de Tarea Titan de las FFMM. / Archivo - El Espectador

A escasas horas de que el equipo negociador del Gobierno viajara a La Habana (Cuba) para el reinicio de las conversaciones de paz con las Farc, un difuso insuceso se atravesó en el camino. Eran las 5 de la tarde cuando el expresidente Álvaro Uribe publicó en su cuenta de twitter que tenía información sobre el secuestro de un general del Ejército a manos de las Farc en Chocó.

El exmandatario reveló que se trataba del Brigadier General Rubén Darío Alzate Mora, quien acompañado de un suboficial y de la abogada Gloria Urrego, coordinadora de proyectos especiales del Ejército para el Chocó, habían arribado al corregimiento de Las Mercedes vestidos de civil, bajaron por el río Atrato a pesar de las advertencias del oficial que pilotaba la embarcación y fueron sorprendidos por las Farc.

Contó después que, cuando el sargento se percató de la situación emprendió la huida y fue quien alertó sobre la situación. El relato de trinos de Uribe se regó en cuestión de minutos y el presidente Santos no tuvo otra alternativa que enfrentar el tema. A través de la misma red social, escribió: “Mindefensa y Cdte Gral: quiero que me expliquen por qué BG Alzate rompió todos los protocolos de seguridad y estaba de civil en zona roja”.

A partir de ese momento lo que se ha vivido al interior de las Fuerzas Armadas y de los equipos negociadores de paz han sido momentos de tensión. Dicen que en el Gobierno cayó muy mal el hecho de que fuera el expresidente Uribe quien hiciera público lo ocurrido e inevitablemente recordaron su filtración de coordenadas y de información privilegiada de la Fuerza Pública.

El reclamo de Santos al ministro Juan Carlos Pinzón y al Comandante del Ejército desató un sismo interno y no faltaron los militares que en los pasillos argumentaron que en lugar de que el presidente les pidiera explicaciones, debía hacerlo a las Farc. Incluso, una fuente comentó a El Espectador que la suspensión del proceso de paz y del viaje de los delegados de paz también fue producto de la presión de los uniformados.

El equipo negociador que lidera el exvicepresidente Humberto de la Calle, que se encontraba con las maletas listas, tuvo que cambiar de rumbo y presentarse a la Casa de Nariño. En palabras de Enrique Santos, hermano del presidente y hombre que ha seguido muy de cerca el proceso —incluso participó en la fase exploratoria—, “A primera vista parece una embarrada militar que no debe poner en riesgo el proceso de paz”.

Enrique Santos precisó, que no puede hablarse de secuestro pues aunque el general Alzate estuviera vestido de civil, es un jefe militar en una zona de conflicto. “La regla del juego es que no hay cese bilateral de operaciones, pero espero que lo devuelvan pronto”, señaló. Palabras en sentido contrario a las esbozadas por el ministro de defensa, Juan Carlos Pinzón, quien habló categóricamente de secuestro.

La delegación de las Farc en La Habana se mantiene en silencio. Sin embargo este medio estableció que la retención de dos soldados hace pocos días en Arauca, y el incidente con la guardia indígena en Cauca, ha mantenido a sus negociadores en intensas reuniones a puerta cerrada. Su tesis apunta a la urgencia de pactar cuanto antes un cese bilateral del fuego. Por ahora, se aguarda hoy en la mañana un pronunciamiento oficial de la guerrilla.

Aunque ya se oye un coro de voces pidiendo que se pare definitivamente la mesa de negociaciones, diferentes organizaciones sociales y movimientos políticos prefieren que se pacte una tregua. Por ejemplo, la exsenadora Piedad Córdoba, dirigente de Marcha Patriótica, Clara López, presidenta del Polo Democrático, o el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, creen que esa es la salida.

Otras voces defensoras del proceso de paz, como el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, piden no levantarse de la mesa y ponerse a la altura del momento histórico. En contraste, también han proliferado los comentarios de quienes exigen a las Farc la liberación de Alzate y de sus acompañantes, como condición para reanudar los diálogos.

Más allá del careo de siempre, por ahora hay dos escenarios que se deben esclarecer. Primero, establecer si las Farc tienen en su poder al general Alzate, pues Anncol, portal que difunde información de las Farc, incluyó un comentario suelto en el que sostiene que este grupo guerrillero podría no ser la responsable del plagio del alto mando militar. Mayor razón para investigar si se trata de un secuestro o de una celada a la paz.

Además se debe aclarar por qué Alzate estaba de civil en esa zona. Lo cierto es que se conocieron versiones de que el general y sus dos acompañantes se reunieron con otras tres personas en la Iglesia de las Mercedes y luego llegaron los presuntos guerrilleros. Una fuente militar cree que también pude ser que el general estuviera adelantando negociaciones para una desmovilización, como ha ocurrido antes.

Al final de cuentas, al cierre de esta edición son más las hipótesis que las certezas sobre lo que realmente sucedió con el general Alzate y las dos personas que lo acompañaban. Lo único claro es que el extraño suceso ha tenido un fuerte impacto sobre el proceso de paz, que se encontraba a horas de reiniciar sesiones en su nuevo ciclo de diálogos, y que, nuevamente, salta a la vista la polarización política y el malestar de un sector de las Fuerzas Armadas.

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