Cara a cara Santos-Uribe

Previamente, hacia las 10:30, el primer mandatario se sentará también a dialogar con el expresidente Andrés Pastrana.

Cuando había buenas relaciones, en octubre de 2010, Santos y Uribe se reunieron en el palacio presidencial. / AFP
Cuando había buenas relaciones, en octubre de 2010, Santos y Uribe se reunieron en el palacio presidencial. / AFP

Los mensajes del Gobierno de buscar la unidad escuchando a quienes lideraron la campaña del No en el plebiscito, la postura de las Farc de seguir jugados por la consecución de la paz y la propuesta uribista de un gran pacto nacional que permita reorientar los acuerdos de La Habana, comienzan a dar frutos. El presidente Juan Manuel Santos se reúne hoy en la Casa de Nariño con el expresidente Álvaro Uribe, hacia las 11:30 de la mañana, y previamente, a las 10:30, con el también expresidente Andrés Pastrana. (Vea acá el especial 'A construir paz')

Bien se puede decir que ya hay un plazo para concretar un gran pacto nacional que vincule a los que votaron por el Sí y los que lo hicieron por el No en el plebiscito del pasado domingo, y así superar la crisis en el proceso de paz con las Farc: el 31 de octubre. Hasta ese día estará vigente el cese del fuego bilateral, informó anoche el presidente Juan Manuel Santos en una declaración pública. Al conocer el anuncio los negociadores de las Farc se pronunciaron desde sus cuentas en twitter. ‘Pastor Alape’ dijo: “Todas nuestras unidades deben empezar a moverse a posiciones seguras para evitar provocaciones”. Y el jefe máximo de esa guerrilla ‘Timoleón Jiménez’ escribió: ‘“‪@JuanManSantos anuncia que el cese al Fuego con las ‪@FARC_EPueblo va hasta el 31 de octubre” ¿De ahí para adelante continúa la guerra?”. (Lea: "Cese al fuego bilateral con las Farc va hasta el 31 de octubre": Santos)

En su anuncio, además, Santos ratificó el pleno de su equipo negociador y confirmó la cita de hoy en la Casa de Nariño con los expresidentes Andrés Pastrana (10:30 de la mañana) y Álvaro Uribe (una hora después), para “escuchar sus preocupaciones y observaciones, a ver si se pueden introducir, a través del diálogo, en ese gran acuerdo nacional que nos permita continuar en la búsqueda de la paz”. (Lea: Santos se reunirá este miércoles con Uribe y Pastrana)

Dos encuentros impensables hace apenas unos días, ante la extrema polarización por cuenta de las campañas del Sí y del No y su resultado final. Lo que queda claro es que los mensajes del Gobierno de buscar la unidad escuchando a la oposición, la postura de las Farc de seguir jugadas por la consecución de la paz y la propuesta uribista de ese gran pacto nacional abren una luz de esperanza de cara a un país que clama por buscar una urgente salida a la crisis que tiene frenada la implementación de lo pactado. 

Teniendo como telón de fondo una comunidad internacional interesada en salvar la paz de Colombia, el objetivo es descongelar el proceso y acabar con la incertidumbre. Porque si bien las Farc han dicho que siguen jugadas por la reconciliación, hay dudas por las declaraciones de algunos de sus líderes, como Timochenko o Pablo Catatumbo, en el sentido de que el resultado del plebiscito tiene efecto político mas no jurídico. Además, las declaraciones de la canciller María Ángela Holguín, miembro del equipo negociador del Gobierno, suenan contundentes: la decisión de reabrir los acuerdos es sólo de las Farc.

Y de eso hablarán hoy Santos, Pastrana y Uribe. Incluyendo, por supuesto, los reparos que los dos exmandatarios han hecho durante los últimos tiempos al proceso y que tienen que ver con los temas de justicia, participación política y desarrollo rural. Y seguro que ese diálogo tendrá en consideración lo planteado por la exministra Marta Lucía Ramírez, otra de las líderes del No: mantener el cese del fuego (que continuará por este mes), mantener el cronograma para el tránsito hacia las zonas de concentración con el apoyo de la comunidad internacional y tramitar la ley de amnistía por el delito de rebelión para las bases guerrilleras. Con un ingrediente adicional: el “alivio judicial” que propuso Uribe para los miembros de la Fuerza Pública imputados pero detenidos.

De cualquier manera, el país espera que esos anhelos de paz de los que todos los sectores hablan se hagan realidad con la cumbre de hoy entre presidente y expresidentes, para así poder comenzar a salir de la resaca que dejó la derrota en las urnas del Sí. De hecho, la crisis política del triunfo del No ya tuvo consecuencias. La primera de ellas, la renuncia de la ministra de Educación, Gina Parody. Aunque en Presidencia niegan que su decisión tenga que ver con ello y que estaba previsto que una vez terminara la campaña de la refrendación se iba a hacer a un lado, no se puede desconocer el hecho de que ella pidió una licencia para irse a impulsar el Sí y perdió.

No es muy común en Colombia aceptar responsabilidades tras las derrotas políticas. En este caso, sólo el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, tuvo la gallardía de hacerlo y presentó el lunes su renuncia, que no fue aceptada. Ayer fue Parody, aunque en su discurso de salida habló de ciclo cumplido y nunca del plebiscito. Mientras tanto, en los corrillos se dice que el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, habría puesto a disposición del jefe de Estado su cargo, teniendo en cuenta que, como encargado de los asuntos políticos, sobre él recae parte del peso de la derrota.

Algunos congresistas de los partidos de la Unidad Nacional han pedido un “revolcón” en el equipo ministerial, tratando de descargar la culpa en el gabinete, cuando la clase política, esa que pide cuotas e inversión al Gobierno —por no decir mermelada—, tampoco cumplió su tarea. Como le dijo un senador a El Espectador: “El tema no era con los alcaldes y gobernadores, era con sus jefes”. Es decir, con ellos.

Mientras tanto, en el Congreso tratan de retomar el ritmo a paso lento. Todos esperaban que esta semana comenzaran a tramitarse, mediante el mecanismo de fast track, las primeras leyes de implementación de la paz, como la de amnistía e indulto. Al no ser así, dos hechos concentran ahora su atención: la elección del nuevo procurador general y la reforma tributaria que el Gobierno necesariamente deberá presentar en próximos días. Sólo que la derrota del Sí, de carambola, afecta las decisiones al respecto. Por ejemplo, sobre la tributaria, es posible que se tengan que replantear cosas, pues el ambiente político no está para echarse a la gente encima con más impuestos, algo que los partidos no van a avalar.

En cuanto al nuevo jefe del Ministerio Público, se habla de que el plebiscito ahondó las divisiones dentro de los partidos que pugnan por el cargo. Así las cosas, en el liberalismo, el expresidente César Gaviria, quien coordinó la campaña por el Sí y apadrina a Jorge Perdomo, candidato de la Corte Suprema, se ve hoy debilitado frente a quienes se inclinan por apoyar a Fernando Carrillo, ternado por el Consejo de Estado. Y lo mismo sucede en el conservatismo, que se supone tiene candidata propia, María Mercedes López, postulada por la Presidencia, pero que con el apoyo que sus directivas le dieron al Sí, quienes no comulgaban con esa postura encontrarán ahora razones para terciar a favor de los otros dos aspirantes.

Finalmente hay que hablar de la situación del vicepresidente, Germán Vargas Lleras. Y los análisis que se hacen son de todo tipo: para unos ganó y para otros perdió. Por ejemplo, hay quienes dicen que si con su tibia postura en el plebiscito buscaba un eventual apoyo del uribismo a su aspiración presidencial de 2018, los 6,4 millones de votos que obtuvo el No le dan al expresidente Uribe toda la fuerza para poner su propio candidato con amplias opciones de ganar. La pregunta es: ¿se le pueden endosar todos esos votos al exmandatario? Pues no hay certeza de que sea así y, por ejemplo, Pastrana reclama que al menos 2 millones de esos votos son de los conservadores, y las iglesias cristianas se atribuyen un millón.

Otros opinan que aquellos que estaban por el Sí le van a cobrar su silencio. Sobre todo los de los partidos de la U y Liberal, que en ocasiones anteriores ya le han mostrado los dientes. Y así Cambio Radical haya ganado en sus zonas de influencia, la baja votación del plebiscito marca un debilitamiento. Ahora, no se puede desconocer que Vargas Lleras ha demostrado tener poder electoral y, con una clase política acostumbrada a arrimarse al árbol que más sombra da, todo es posible. Eso sí, todavía toca esperar las decisiones que se tomen en torno al proceso de paz.