Perfil del ahora candidato presidencial único del Partido Liberal

De la Calle, el hombre de la paz

Con 365.658 votos a favor, el exnegociador del Gobierno en los diálogos con las Farc ganó la consulta popular de su partido. Juan Fernando Cristo, su rival, obtuvo 324.777 apoyos.

Humberto de la Calle celebra con sus seguidores la victoria en la consulta liberal. / Mauricio Alvarado - El Espectador

A Bogotá llegó por accidente. Y podría decirse que a la política, también. Corría la década de los años 80 cuando Humberto de la Calle Lombana recibió una llamada y al otro lado del teléfono le hablaba un antiguo profesor suyo de Manizales, Óscar Salazar Chávez, quien por esa época era miembro del otrora Comité Electoral, el organismo que se encargaba de nombrar al registrador nacional del Estado Civil. La pregunta fue directa: “¿Aceptaría la designación en ese cargo si dicha entidad lo escoge?”. Entre desprevenido y sorprendido, dijo que sí, sin saber que a los pocos días le notificarían que tendría que mudarse a la capital del país para comenzar con sus nuevas funciones.

De la mano de su fiel compañera, su esposa Rosalba Restrepo, empacó maletas y llegó a la capital, donde empezó a forjar una importante carrera política que jamás imaginó. Terminado su período en la Registraduría, en 1986, y por un corto período fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia, tras la invitación de su presidente, Fernando Uribe Restrepo, para recomponerla después de la trágica muerte de varios de sus magistrados en la toma de 1985 a manos del M-19. También fue asesor del presidente Virgilio Barco y consultor de las Naciones Unidas en temas electorales.​

“El país requiere gente de la edad de Humberto y de su trayectoria, porque las circunstancias no están para entregárselo a un novato ni a un representante exclusivo de la clase política”, comenta el excongresista conservador Augusto León Restrepo, su entrañable amigo de la infancia, a quien conoció en el Colegio Mayor de Nuestra Señora de la Arquidiócesis de Manizales. La ciudad a donde a muy temprana edad se fueron a vivir sus padres Honorio de la Calle y Georgina Lombana, provenientes de Manzanares (Caldas), municipio que vio nacer al ahora nominado candidato presidencial liberal.

Ya en Bogotá, con los rezagos ideológicos del nadaísmo que le dejaron sus experiencias de juventud, la rebeldía propia de un idealista que, incluso, lo llevó a pasar unas cuantas noches en prisión, y el panorama bohemio e intelectual al que estaba acostumbrado, comenzó a redescubrir el sentido de su profesión, la de abogado: transformar al Estado. Por eso, también por designación, aceptó ser ministro de Gobierno y representante del entonces presidente César Gaviria en la Asamblea Nacional Constituyente, con la que se promulgó la Carta Política de 1991. A partir de ahí comenzó a ocupar cargos claves en los siguientes gobiernos.

“Cuando le pidieron que fuera fórmula vicepresidencial de Ernesto Samper me rehusé. No me gustaba la manera como estaban haciendo la política en ese entonces, pero finalmente él aceptó”, cuenta doña Rosalba, recordando que a los dos años de posesionado, su esposo decidió dimitir a raíz del escándalo por el ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña samperista. “Siempre ha sido un hombre leal a sus ideas”, añade su amigo Restrepo.

De la Calle pasó por los gobiernos de Andrés Pastrana, en donde fue designado embajador de Colombia ante el Reino Unido y luego regresó al país para ocupar, por un año, el Ministerio del Interior. En 2001 fue nombrado como embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA), donde alcanzó a estar hasta ya entrado el primer año de mandato del expresidente y hoy senador Álvaro Uribe, en la actualidad uno de sus más enconados opositores por el papel protagónico cumplido en el proceso de paz y a quien, sin duda, tendrá que enfrentar con la palabra en el camino de la campaña presidencial.

En octubre de 2012, el presidente Juan Manuel Santos lo designó como jefe del equipo negociador del Gobierno Nacional en los diálogos de paz con las Farc en La Habana. Una tarea que no desconocía, al fin y al cabo había participado activamente en las conversaciones con la llamada Coordinadora Nacional Guerrillera —que conformaban las mismas Farc, el Epl, el Eln y el M-19—, las cuales se llevaron a cabo en Caracas (Venezuela), en 1991, y en Tlaxcala (México), en 1992. Conversaciones que a la postre fracasaron.

“El presidente no se equivocó en su elección. Es un convencido de la reconciliación y de que la paz es lo más importante para Colombia”, agrega Restrepo. Desde 2012 hasta la firma del Acuerdo Final en el Teatro Colón, el 24 de noviembre de 2016, Humberto de la Calle se ha encargado de defender esas 310 páginas que él mismo pactó como garantía de que Colombia avanza hacia el posconflicto. Por eso hoy, ya como candidato único del Partido Liberal, la misión apunta a liderar la lucha a favor de la paz en contra de quienes prometen hacerla trizas, aunque aún se tendrá que analizar si los 744.521 votos totales logrados en la consulta popular son suficientes como cuota inicial de ese liderazgo.

Una lucha que, además, se plantea sobre la base de una gran coalición que reúna a todos los sectores que han defendido el Acuerdo Final firmado con la guerrilla y que algunos han planteado también contra la corrupción. Alianza que, en su criterio, debe darse antes de la primera vuelta. Con una realidad ineludible en un país como el nuestro: ya confirmado como el candidato presidencial liberal, con la fuerte polarización que se vive y la favorabilidad y credibilidad que su imagen muestra en las encuestas, muchos de quienes serán sus rivales enfilarán baterías en su contra. No faltará, por ejemplo, quien insista en que es el candidato de las Farc, algo que él niega rotundamente, manteniendo su postura de que la campaña sea respetuosa y sin agresiones, con una frase que rememora una de sus canciones predilectas, entonada por la banda chilena Quilapayún: “¿Qué dirá el Santo padre que vive en Roma, que le están degollando a su paloma?”.