“Interpreto a Uribe mejor que nadie en el partido”: Francisco Santos

Francisco Santos responde a las críticas de sus copartidarios y dice que seguirá trabajando por la pronta consecución de un acuerdo con las Farc.

Francisco Santos fue vicepresidente durante los ocho años del gobierno Uribe. / Óscar Pérez

Finalizando una semana convulsa, en la que por cuenta de sus contundentes declaraciones recibió una lluvia de críticas de algunos de sus copartidarios, el exvicepresidente Francisco Santos hace un vehemente llamado a su primo, el presidente Juan Manuel Santos, para que abra la puerta y permita que se discutan a fondo las propuestas hechas por el Centro Democrático y los sectores que votaron No en el plebiscito por la paz. Asegura que hay una clara disposición de su partido para respaldar la implementación del Acuerdo Final, aunque sostiene que también hay algunos “áulicos” que sólo están pensando en campañas presidenciales.

¿Cómo ha visto la postura del presidente Juan Manuel Santos en estas dos semanas, tras los resultados del plebiscito?

Ha escuchado, pero no ha dado el paso siguiente, que es decir ahora nos vamos a sentar a mirar en cada punto qué es viable y qué no. No ha habido un proceso de discusión detallado. Le doy un ejemplo. Nosotros entregamos el documento la semana pasada y el Gobierno dijo que al otro día tenía la respuesta, que resultó siendo una reunión con todos los sectores de la U donde no se pudo hablar nada específico. Lo que nosotros le pedimos al Gobierno es hablar en concreto, que nos diga qué metodología quiere, qué necesita para que este proceso de discusión se dé y deje tranquilo a todo el mundo. Aquí no se trata de arrinconar a nadie sino de lograr algo que incluya a todo el país. Pero no siento que el Gobierno haya dado ese paso y me da un poco de tristeza porque el expresidente Álvaro Uribe dijo que estaba listo para que el Centro Democrático se metiera de cabeza en esto. Ojalá el presidente escuche y entienda que esto es una señal de confianza, una señal de que este partido está listo para andar ese camino en el Congreso.

Y con ese panorama, ¿cuánto tiempo cree que tomaría llegar a un consenso?

El problema es que el presidente ya fijó tiempos y no abrió la puerta para hacer esa discusión. Si se hace con metodología, esto en poco tiempo se puede cuadrar. La idea es buscar un punto medio, que es lo que el expresidente Uribe ha dicho, pero se necesita que el Gobierno abra esa puerta y no lo ha hecho. El mensaje que dejó el presidente en el último discurso que dio esta semana fue: “Ya oí todo lo que tenía que oír, venga yo hago mi trabajo y se lo presento a las Farc”. Es necesaria la discusión sobre puntos claves y críticos sobre los que hemos hecho propuestas, la mayoría muy viables. No nos vamos a enloquecer.

Es decir, ¿usted siente que no ha habido un espacio de negociación entre el presidente y los representantes del No?

No, no ha habido ese espacio para mirar en detalle. Si eso se da, le aseguro que eso sale rápido, porque nuestro interés no es dilatar, y se le ha dicho al Gobierno con toda claridad: no queremos dilatar, queremos avanzar. Si quieren ponerle límite a esa negociación o a ese espacio de discusión, que sea un mes o lo que sea, listo, pero que sea encerrados 24 horas al día. El momento amerita que nos sentemos a generar este acuerdo y que estemos todos. Es una oportunidad única y el presidente Santos también debe entender que tiene una responsabilidad inmensa de lograr que de acá salga algo que nos una y no que nos divida, que fue el mensaje de los electores. Por eso hago un llamado al presidente para que no pierda este momento histórico de redondear un trabajo que lleva seis años.

Pero hay propuestas desde el No, como, por ejemplo, la de no aplicar el sistema de justicia transicional, que dejan la sensación de que hay temas en los que no habrá acuerdo…

Para el Centro Democrático no hay temas vedados. Hay principios, y muchos que son de facilísima concertación. Por supuesto, hay otros más difíciles y tenemos clarito que también toca tragarse algunos sapos.

Pero si existe esa disposición, tiene que haber un término de tiempo…

Yo no puedo poner una fecha, pero nosotros tenemos clarísimo que hay premura, que el cese de hostilidades es frágil, que esto no es una negociación eterna, que hay que empezar a mostrar rápidamente resultados que le generen confianza a todo el mundo y que estamos listos para jugárnosla a fondo en la implementación. Yo mismo quedé sorprendido con el comunicado del expresidente Uribe porque eso muestra el interés. Él no es de los que hacen jugadas políticas: si dice que estamos listos es porque es así.

¿Y ese compromiso para lograr un pronto acuerdo y no dilatar más el proceso es de todo el Centro Democrático?

Hay unos que tienen unas visiones un poco distintas y eso es normal. La gran mayoría del Centro Democrático y el expresidente Uribe quieren que esto se solucione. Por eso se nombró en la comisión a tres precandidatos, para decir: esto es serio. Y una cosa importantísima del comunicado de Uribe es que compromete al siguiente Gobierno para acabar el miedo de las Farc de que llegue un nuevo Gobierno y cambie las reglas. Eso fue un paso muy grande que ojalá el presidente Santos entienda, aunque el discurso que dio el jueves me desinfló.

Y no cree que esas posturas suyas para empujar el acuerdo de paz le pueden costar una pelea en el interior del Centro Democrático…

Yo sólo estoy pensando en que esto salga bien, porque veo una gran oportunidad.

¿Incluso enfrentándose a los que dicen que se está pareciendo a su primo, el presidente Santos?

Yo entiendo que también ahí hay áulicos que están pensando en campañas presidenciales. En un partido se mueven tantas cosas que entiendo que salgan esas reacciones, pero a mí me resbalan porque yo estoy pensando en mi país, en el proceso de paz, en que esto salga bien. Dicen que soy candidato presidencial, pero nada, a mí lo que me interesa es que mis hijos vivan en un país mejor.

Es decir, usted no es una rueda suelta en el interior del partido…

Tampoco. Yo me hablo mucho con el expresidente Uribe. Mi relación con él es distinta a la del resto, yo fui su vicepresidente ocho años y hay una confianza más grande, de otro nivel. Yo no paso por intermediarios, mi relación es directa y creo que interpreto al expresidente Uribe mejor que cualquiera de los que están en el partido. Lo conozco y sé cómo piensa, cómo desenreda los ovillos.

¿Usted siente que le están haciendo una guerra interna para indisponerlo con Uribe?

Sin duda, pero conozco a Uribe y a él esas cosas le resbalan. Además, eso pasa en todos los partidos y yo creo que esta es la batalla que hay que dar y el partido tiene que estar a la altura. Nos abren la puertica y esto avanza rápido.

Sin embargo, lo que hemos visto desde que salió de la Vicepresidencia es que usted lleva siempre las banderas y al final termina cortado...

Es lo que pasa en todos los partidos que tienen tendencias, momentos. Pero esto que está pasando hoy es una parte fundamental de mi vida y yo tengo que dar las batallas que sea por este país, por mis hijos y por el Centro Democrático. También porque tengo claro que si esto no funciona bien se nos cae encima a todos, y de ahí no sale bien nadie, ni Santos, ni las Farc, ni el partido, ni la democracia.

¿Y no cree entonces que ya es hora de que se dé la reunión entre usted y el presidente Santos?

Precisamente por eso es que no fui a la reunión con el presidente, para no justificar los comentarios de quienes dicen que me estoy pareciendo a él. Somos muy diferentes y tenemos miradas distintas, pero eso lo usan para hacer daño, entonces, para qué me reúno. Mi interlocución dentro del partido, con Uribe, con Óscar Iván Zuluaga, con Iván Duque y Carlos Holmes es muy importante para poder mover esto, y yo prefiero privilegiar eso. Seguramente habrá reunión, pero por ahora no.

¿Esa diferencia con su primo hermano no es muy pesada de cargar en lo personal?

Claro que es pesada y le duele a uno en el alma. Es dura porque estas diferencias políticas se han trasladado también a la familia. Por ejemplo lo que pasó con Pedro, mi hijo, le revienta a uno el alma y el corazón, y a veces hay discusiones en la familia que son muy difíciles. El costo es inmenso.

Pero ¿por qué si usted tiene a la mano la posibilidad de resolver eso, no lo hace?

Todo en su debido momento, y yo sé que eso se tiene que dar y se va a dar. Pero ahora mi voz es clave y ese papel hay que jugarlo sin ningún cálculo político, con mucha certeza y firmeza para no quitarle nada de fuerza.

¿Le quitaría peso a su voz reconciliarse con el presidente Santos?

No es que me quite peso, pero le da munición a quienes quieren fregar. Yo conozco mi partido.

Uno de los flancos por donde se atacó el proceso de paz fue la supuesta inclusión de la ideología de género en el acuerdo y, sabiendo que su hijo es un defensor de los derechos de la comunidad LGBTI, ¿no quedó usted dividido entre su partido y su familia?

No. Los partidos tienen tendencias, pero yo soy muy respetuoso de la intimidad del ser humano. Estoy orgullosísimo de mi hijo, es un joven que sólo genera luz y yo creo que este episodio al final le mostró un camino en la vida muy bonito y se dio cuenta de que tenía que luchar por unos derechos, una inclusión. Yo se lo respeto y lo apoyo, y en ese sentido del dolor surge algo muy lindo. Si la democracia no nace en la familia, para qué va a ir uno a votar si no tiene capacidad de pensar distinto, aceptar al otro como es y apoyarlo. Esta familia da ejemplo de lo que somos.

¿No ha sido muy difícil escuchar, a su lado, lo que ha dicho el procurador sobre ese tema?

Yo respeto mucho la diferencia. Tengo 500.000 seguidores en Twitter y no se alcanzan a imaginar lo que me dicen, pero no he bloqueado al primero. Yo soy periodista y respeto mucho la opinión de los demás, así no la comparta. Me duelen cosas, pero esta es una democracia y cada quien tiene derecho a opinar sobre los distintos temas.

En la Unidad Nacional han dicho que usted sería una voz importante para ir a La Habana y encontrarse con las Farc. ¿Estaría dispuesto?

Claro que estaría dispuesto. Mi historia ha estado vinculada a esto siempre. Mi secuestro me llevó a crear País Libre, donde tuve la oportunidad de escuchar historias y dolores. Acompañé las marchas contra el secuestro en el año 96, luego hablamos con los del Eln en la cárcel y salió la idea del mandato por la paz, que hicimos en momentos en que el país vivía la peor violencia. Después vinieron los secuestros de La María y me metí también en ese activismo, que eran las marchas del “No más” del 99. Luego tuve que salir corriendo porque me iba a matar Romaña. La vida me ha cambiado, pero ha estado ligada siempre a esto y es casi una obligación moral y es mi karma —en el buen sentido de la palabra— lograr que esto termine y que este dolor se acabe. Estamos en un momento único y es la gran oportunidad para pegar el brinco.

Y entonces, ¿cómo hacemos para destrabar esto?

Si el presidente Santos rompe un poco la desconfianza que hay y abre esa puerta para que se encierren el No y el Gobierno a mirar cómo se arregla, le aseguro que se destraba, porque las posiciones no son tan lejanas. A veces en campaña se generan los imaginarios, pero leyendo y mirando dónde estamos, veo que hay mucho espacio para lograr acuerdos.

¿Y usted se va a poner la camiseta para tender ese puente?

Eso es lo que he estado haciendo y aspiro a reunirme con gente del Sí para ver qué podemos hacer para que el presidente Santos sienta confianza. Él piensa que vamos a dilatar y no lo vamos a hacer.

“Cárcel para victimarios no resuelve el dolor de las víctimas”

En su condición de víctima, ¿usted cree que se resuelven los dolores de alguien que ha sufrido el conflicto viendo a su victimario en la cárcel?

No, porque además muchos victimarios también fueron víctimas, esto es un ciclo. Creo que debe haber un mecanismo de redención de la pena, que tiene un montón de elementos. Vi muchas audiencias de Justicia y Paz, y eso me mostró que ese tipo de escenarios sanan más que cualquier otra cosa. Cuando el victimario cuenta la verdad contribuye a un proceso de sanación, para aliviar el corazón.

Por eso en lo pactado en La Habana está contemplada la creación de la comisión de la verdad que, a mi juicio, es lo más importante del acuerdo de paz. Ahí de verdad podemos resolver y sanar muchos de los dolores que tiene el país.

El asunto está en cómo hace usted para mandar ese mensaje a la sociedad de que una persona que cometió tantos delitos llegue de una vez al Congreso. Cómo encontramos una fórmula intermedia que permita que hagan política -que la tienen que hacer-, pero que también se mande un mensaje de que no todo es válido y hay unos límites en la sociedad. Creo que hoy más que nunca eso está a un cacho de poderse resolver.