Marulanda, el guerrillero que se convirtió en mito

Pedro Antonio Marín, más conocido como ‘Tirofijo’ fundó las Farc en 1964. Durante 44 años fue el máximo comandante de este grupo insurgente, y falleció, en 2008, de muerte natural.

Archivo particular

La historia de la confrontación entre el Estado y las Farc que hoy llega a su fin tiene un protagonista ineludible que no estará en Cartagena porque falleció en 2008, pero que definitivamente encarna y personaliza lo que fue el largo conflicto de más de 50 años. Se trata de Manuel Marulanda Vélez, el máximo dirigente de las Farc, quien desde muchos años antes de que la organización guerrillera adoptara esta denominación, ya era un colombiano vinculado a la lucha armada. La misma que inició desde el mismo día en que Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado en Bogotá. (Vea aquí el especial "Callaron los fusiles")

Nacido en el municipio de Génova (Quindío) en mayo de 1928, aunque algunos sostienen que fue en 1930, su niñez transcurrió entre esta pequeña población de agricultores y la localidad de Ceilán (Valle), donde después se asentaron sus padres. En su familia había una clara tendencia política liberal, e incluso algunos de sus mayores habían participado en la Guerra de los Mil Días que se desarrolló en Colombia entre 1899 y 1902. En ese entorno, Pedro Antonio Marín, como era su verdadero nombre, cursó hasta quinto de primaria, pero a los trece años se lanzó a recorrer su propio camino.

Se dice que fue expendedor de carne, panadero, vendedor de dulces, recolector de café o aserrador de madera. Su historia cambió el 9 de abril de 1948 cuando vio asomar la guerra en el corregimiento de Ceilán, enclavado en una esquina de la cordillera occidental de Colombia. Ese día, como lo narró tiempo después en sus memorias, él constató cómo los liberales inmovilizaron a los conservadores del pueblo, pero después llegó el Ejército y se llevó presos a varios de los insubordinados. Días después, llegó un grupo de “Pájaros” y policías que protagonizó la primera masacre.

En esas condiciones, Marín huyó inicialmente a Génova, para refugiarse en la casa de sus padres, pero después, con el apoyo de diez primos, organizó un grupo armado para hacerle frente a las fuerzas oficiales o los bandoleros que empezaban a tomarse la región. Con el tiempo, junto a sus primos, se movilizó hacia los municipios de Gaitania y Planadas, en el sur del Tolima, y con Gerardo Loaiza, sus cuatro hijos y el gremio de los aserradores, crearon una “columna guerrillera” que determinó organizar una base de operaciones en la margen derecha del río Cambrín, en el Tolima.

Hacia 1950, el grupo de Marín y los suyos se unió con un contingente de alzados en armas que defendían el comunismo, y entre todos crearon un Estado Mayor Unificado. Después pasaron a llamarse Ejército Revolucionario de Liberación Nacional. En ese momento, la mayor influencia la ejerció un líder agrario de Natagaima (Tolima), que había sido fiel seguidor del Unirismo gaitanista, pero que terminó en las filas del comunismo. Se hacía llamar “Mayor Lister”, en homenaje a un aguerrido líder republicano de la Guerra Civil española. Su estrategia era la autodefensa de masas.

La nueva organización ubicó un cuartel general entre la hoya del río Cambrín y la quebrada la Lindosa. Se le llamó El Davis, y a este punto comenzaron a llegar decenas de refugiados de la violencia partidista junto a sus familias. En la región llegó a consolidarse una organización agraria de más de dos mil hombres y mujeres. Fue por aquella época que Pedro Antonio Marín decidió cambiar su nombre por el de Manuel Marulanda Vélez, para hacerle homenaje a un líder sindical que fue torturado y asesinado por detectives del Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC).

A partir de 1952, la estabilidad en El Davis y la organización misma, comenzó a tener quebrantos, porque surgieron diferencias de fondo entre los liberales y los comunistas. Los primeros se autodenominaron “Limpios”. Los segundos fueron conocidos como “Comunes”. La discrepancia terminó saldándose a bala, circunstancia que aprovechó el Ejército para incentivar la división del movimiento y así poder golpearlo. En esa guerra interna vivían Marulanda y los suyos cuando se produjo el golpe militar de Gustavo Rojas Pinilla en 1953 para ponerle fin al gobierno de Laureano Gómez.

Aunque la intención del gobierno Rojas fue negociar políticamente con todos los grupos alzados en armas, con el que orientaba Marulanda se dio de entrada una oposición. Los “Limpios” acogieron el proceso de paz, pero los “Comunes” optaron por convertirse en un movimiento de autodefensa campesina. Cuando la presión militar se hizo más intensa, la orden de los “Comunes” fue activar el mecanismo de las “columnas de marcha” o “comisiones rodadas”, y evacuar El Davis. El propósito fue ubicar a los combatientes con sus familias en otras áreas del territorio nacional.

El primer grupo, con Manuel Marulanda y su compañero de armas Jacobo Prías Alape, más conocido como “Charro Negro”, se movilizó hacia la región de Ríochiquito, una zona indígena ubicada al norte del Cauca. El segundo grupo con el “Mayor Lister” a la cabeza, marchó hacia Villarica (Tolima), en las estribaciones del Sumapaz. El tercero se ubicó cerca de Natagaima (Tolima). El último fue masacrado por los “Limpios” y no pudo salir. Días después, el Estado Mayor de las guerrillas comunistas anunció que no entregaba sus armas y menos al gobierno militar de Rojas Pinilla.

La respuesta de Rojas fue inmediata. Primero ilegalizó la militancia del comunismo en Colombia, y luego organizó una ofensiva militar al asentamiento mayor en el Sumapaz. Ese momento de la historia se le conoce como la Guerra de Villarica que, a partir de noviembre de 1954, se formalizó a través del ataque de cuatro batallones apoyados por aviones de combate para exterminar ese foco comunista. Este episodio de guerra se prolongó hasta 1956, cuando los guerrilleros volvieron a repetir su estrategia de repliegue a través de “columnas de marcha”.

En esta ocasión, los destinos elegidos fueron la región de El Pato, en el Caquetá y la zona de El Duda, en el Guayabero y Ariari, en el departamento del Meta. En estas alejadas zonas del territorio nacional, sumadas al fortín de Marquetalia, situado en la zona selvática de El Támaro, entre Tolima y Cauca, la organización se mantuvo como autodefensa de masas. Aunque entre 1958 y 1960, los intentos de paz del gobierno Lleras Camargo fueron un breve oasis de paz, y en esa época Marulanda alcanzó a ser nombrado inspector de carreteras entre Neiva y Planadas, no demoró mucho en arreciar la guerra.

En 1962, en respuesta a los reclamos que desde el Congreso se hacían por las supuestas “Repúblicas independientes” en las que proliferaba el comunismo, el gobierno de Guillermo León Valencia anunció un ataque frontal. Con apoyo de Estados Unidos, se estructuró el Plan Laso, pensado para concretar una ofensiva militar definitiva contra los asentamientos comunistas. El ataque comenzó en mayo de 1964, se le conoció como la Operación Soberanía, y secuencialmente se desarrolló contra los fortines de Marquetalia y Riochiquito, en especial contra Manuel Marulanda, a quien los militares llamaban “Tirofijo”.

Dos años después, tras una reunión de comandantes en la zona de El Pato, la organización pasó a llamarse Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Su máximo comandante fue Manuel Marulanda Vélez. En adelante, el personaje se convirtió en el eje de la persecución del Estado. Muchas veces se habló de su muerte. En 1970 llegó a decirse que había muerto por una herida mortal en el pecho. En otras ocasiones se dijo que había sido ajusticiado por sus propios hombres. Se convirtió en una especie de forajido a vencer sin que ningún gobierno pudiera dar el parte de guerra de su baja.

Durante la siguiente década, Marulanda fue el artífice de que las Farc fueran creando nuevos frentes de guerra. Inicialmente en Caquetá, Cauca, Huila y Tolima. Después en el Magdalena Medio y la región de Urabá. Para 1978, en su sexta conferencia, ya la organización tenía previsto crear un frente de guerra por departamento y complejas redes de apoyo en las ciudades. Cuando llegó el Estatuto de Seguridad del gobierno Turbay Ayala, arreció la guerra, pero después llegó el gobierno de Belisario Betancur y el cambio de enfoque hacia la política de negociación de la paz.

En 1984, cuando se firmó el acuerdo de cese al fuego con el gobierno de Belisario Betancur, la imagen de Manuel Marulanda se convirtió en el personaje clave de la negociación y de la historia de la guerra. Por esa época aparecieron varios libros sobre su trayectoria, y el más divulgado de todos, escrito por el periodista Arturo Alape. Llegó a decirse que Marulanda iba ser la cabeza del partido político Unión Patriótica (UP). Después de habló de Jacobo Arenas, ideólogo y compañero de armas de Marulanda. Al final el candidato presidencial fue Jaime Pardo Leal, asesinado en octubre de 1987.

Lo demás es historia conocida. Fueron 24 años más haciendo la guerra o dando instrucciones en los procesos de paz. En la era Pastrana y el fallido proceso de paz del Caguán, se volvió un personaje más público que nunca. Pero en vez de protagonizar en los equipos de negociación, se tomó por su cuenta una pelea aparte: impulsar el canje de prisioneros de guerra. Envió cartas a los dignatarios del Senado y la Cámara, a los magistrados de las altas cortes. En junio de 2001 se salió con la suya a través de un acuerdo humanitario que devolvió a la libertad a casi 400 soldados y policías.

Cuando llegó la era Uribe, Manuel Marulanda siguió en el foco de la guerra. La seguridad democrática lo catalogó como objetivo de alto valor estratégico. La Interpol no dejó nunca de buscarlo con 21 órdenes de captura en sus manos, señalándolo por delitos de terrorismo, homicidio y secuestro, entre otros. En mayo de 2008, el entonces ministro de Defensa Juan Manuel Santos, comentó en una entrevista a la revista Semana que Marulanda había muerto por causas naturales el día 26 de marzo. 48 horas después, el jefe guerrillero “Timochenko” confirmó la noticia a través de un video divulgado por Telesur.

Hoy, sin duda, Manuel Marulanda Vélez, o Pedro Antonio Marín o Tirofijo, es el principal ausente de la delegación de la guerrilla en la firma de la paz en Cartagena. De cualquier modo, con visiones alternas, entre la aversión o la  apología, el prontuario o la leyenda, el personaje es uno de los protagonistas de la larga guerra que libró Colombia desde hace más de seis décadas, y que termina hoy con un acuerdo para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

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