Refutando mitos

El aborto no perjudicaría la salud mental de las mujeres

Una nueva investigación de la Universidad de Maryland reveló que el aborto no tiene una relación directa con el consumo de antidepresivos.

En 2017 hubo más de 10.000 abortos legales en Colombia. Pixabay

Que si se legaliza el aborto, las mujeres lo van a usar como método anticonceptivo. Que siempre es traumático y doloroso. Que las mujeres quedarán infértiles después de practicarlo. Que el feto sufre durante la terminación del embarazo. Que el aborto afecta la salud mental y aumenta la depresión.

Estos cinco mitos han ido usados históricamente para justificar políticas estatales que impiden la legalización del aborto y restringen las garantías médicas mínimas que requieren las pacientes dispuestas a practicarlo.

Por eso, un grupo de investigadores del Departamento de Ciencias de la Familia de la Universidad de Maryland (EE. UU.) publicó un nuevo estudio que refuta el último de estos mitos y muestra que no hay una relación directa entre el aborto y las enfermedades mentales. De hecho, que no hay ninguna relación.

El trabajo, realizado con 396.397 mujeres de Dinamarca, nacidas entre el 1º de enero de 1980 y el 30 de diciembre de 1994, concluye que si bien las mujeres de la muestra que tienen abortos son más propensas a usar antidepresivos, esto no depende de haber tenido un aborto, sino de otros factores de riesgo. Es decir, el aborto en sí mismo no genera ni agudiza los episodios de depresión.

Para justificar esta conclusión, los científicos utilizaron tres grandes argumentos lógicos. El primero es que el consumo de antidepresivos no aumentó después del aborto. “Si tener un aborto está causalmente relacionado con la depresión, uno esperaría una mayor tasa de uso de antidepresivos después del procedimiento que antes de él. Sin embargo, los resultados del estudio revelan que en la mayoría de las mujeres analizadas, las tasas de antidepresivos no aumentaron en el año siguiente al aborto respecto al año anterior”, aseguraron los investigadores.

El estudio reveló además que si la relación entre aborto y enfermedades mentales fuera real habría un crecimiento en el uso de antidepresivos a largo plazo, pero los experimentos y las pruebas demuestran todo lo contrario. Y aquí está el segundo argumento: “Con el paso de los años, el consumo de estos medicamentos en las mujeres que abortaron disminuyó de forma sostenida”, se lee en el trabajo publicado por la revista de la Asociación Estadounidense de Medicina, una de las más prestigiosas del sector.

El tercer argumento radica en que la diferencia en el uso de antidepresivos entre mujeres que tuvieron un aborto y mujeres que no abortaron se redujo drásticamente al tener en cuenta otras condiciones anteriores al procedimiento, como la salud mental en la niñez, las enfermedades de la familia, el nivel educativo de los padres y la salud física de las encuestadas, entre otras.

En conclusión, el informe demuestra que las políticas públicas basadas en la idea de que el aborto aumenta la depresión tienen altas posibilidades de estar erradas y afectan los derechos reproductivos y la salud de las mujeres.

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