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El “síndrome de Yamaha”

La gran cantidad de accidentes en moto de los últimos años ha llevado a los médicos a nombrar así este preocupante fenómeno. En 2014 se registraron 2.630 muertes y 20.198 lesionados, lo que equivale al 40% y 54% del total de colisiones.

Antes de perder la movilidad de sus piernas y manos, José Castaño* se dedicaba a construir casas. Era un maestro de obra que no dejaba de asombrarse con la capacidad de resistencia que tienen las estructuras y cómo los arquitectos son capaces de construir de forma tangible algo que surge de sus mentes. Sin embargo, en 2009, después de que se estrellara en su moto contra una camioneta, no pudo volver a emplear sus manos para realizar eso que tanto le fascinaba. Como muchos de los pacientes que entran al servicio de urgencias, José se convirtió en parte del “síndrome de Yamaha”, como se llama con cierta ironía al alto número de pacientes que ingresan a los hospitales por accidentes de motocicleta.
 
“Dentro del argot médico, sin querer increpar una marca específicamente, se habla del ‘síndrome de Yamaha’ desde hace algunos años, por ser la motocicleta más popular en nuestro medio. Este concepto corresponde a lo que el código nacional de enfermedades describe como lesión por accidente de vehículo automotor tipo motocicleta”, explica Enrique Monsalve, médico neurocirujano de la Clínica San Rafael. (Y aunque el término, como cuenta este especialista, no alude a ninguna compañía, El Espectador consultó a Yamaha para saber su posición pero al cierre de esta edición no ha conseguido una respuesta).
 
Para la Organización Mundial de la Salud, los accidentes de tránsito son considerados un problema de salud pública, pues según lo estima esta misma entidad, más de 1,2 millones de personas fallecen por esta causa y alrededor de 50 millones quedan lesionados a nivel mundial. Estadística que no dista mucho de las cifras preliminares que da Medicina Legal, donde se advierte que el año pasado fallecieron 5.767 personas por accidentes de tránsito y 31.156 quedaron heridas en el país.
 
Adicionalmente, lo que más llama la atención de estas cifras es que el 45,30% de muertes y el 54,35% de heridos (2.630 y 20.198 casos, respectivamente) corresponden a accidentes donde estuvo involucrada una motocicleta. Sin embargo, ambas cifras disminuyeron frente a los 2.754 muertos y 21.171 heridos que se reportaron en 2013.
 
“Nosotros vemos estos casos todos los días, es algo muy común. En urgencias los accidentes de tránsito llegan a ocupar el 20% de pacientes y la mitad de ellos suelen ser caídas o estrelladas en moto”, afirma Jaime Pedraza, ortopedista de la Clínica Palermo. Según su experiencia, las principales fracturas que se atienden desde este servicio por el “síndrome de Kawasaki”, como él también lo ha oído llamar, son fracturas de fémur, pierna, clavícula y húmero, que pueden tardar hasta cuatro meses en recuperarse por completo. Solo con el valor de las radiografías, la consulta en urgencias y los antiinflamatorios que se le recetan al paciente, se llega a facturar entre 210.000 y 825.000 pesos al Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT).
 
A pesar de que las lesiones en las extremidades son las más comunes, siempre hay un alto índice de traumas craneoencefálicos o cervicales entre los motociclistas que llegan accidentados pues, como lo afirma el doctor Monsalve, el casco no siempre disminuye los riesgos del impacto. “Está demostrado, en estudios de laboratorio que la protección del casco no es absoluta. Si bien disminuye algunos riesgos, los fenómenos relacionados con traumas en aceleración pueden producir daño neurológico permanente o en algunos casos, como lo vemos con mucha frecuencia, la muerte”.
 
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Después de estar en coma por cuatro días, José Castaño se despertó en el Hospital Universitario de La Samaritana moviendo solo los ojos. La protección que llevaba en el accidente no pudo evitar que sus vértebras cervicales, de la 3 a la 7, terminaran fracturadas. Como él lo dice, le “pusieron tornillos”; como lo explican los médicos, le practicaron una artrodesis de columna, procedimiento por el cual se fusionan de manera permanente dos o más huesos en la espalda para evitar que se mueva la médula y se ocasione más daño.
 
“Esto ha sido duro: todo el sustento, los gastos y las drogas. Ha sido complicado”, es lo único que José se atreve a decir de su experiencia. A pesar de que tiene una tutela que resuelve que la Secretaría de Salud debe otorgarle medicina integral, una enfermera permanente y visita del médico cada quince días, todos los gastos que ha implicado su incapacidad, después de salir de tres meses de hospitalización que pagó el SOAT, han venido de su esposa. Tras llegar a un tope máximo de 8.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes, el SOAT deja de cubrir los gastos médicos por accidente de tránsito.
 
El año pasado, según la Federación de Aseguradores Colombianos (Fasecolda), se gastaron aproximadamente $1,1 billones en gastos médicos relacionados con accidentes de motos y el 83% de las víctimas atendidas con cargo al SOAT en el país se explican por accidentes de motos, donde el 56,4% de ellas, se presentan por accidentes ocurridos en las capitales departamentales.
 
Al igual que el doctor Monsalve y el doctor Pedraza, Mario Daniels, cirujano plástico y microcirujano de Méderi, cuenta que en un turno de 24 horas pueden entrar al servicio de urgencias entre dos y cinco accidentados por motocicleta. A su servicio llegan personas que han perdido mucha piel o tejido muscular durante los accidentes. Para él, este fenómeno se debe a que existe una cadena muy complicada de manejar, donde las motos baratas, de mala calidad, la falta de experiencia y  vías en mal estado, aumentan el riesgo de este medio de transporte.
 
De hecho, según Medicina Legal, los muertos y heridos en moto que más se registran a partir del objeto de choque son los que no se estrellaron contra nada, sino que se cayeron solos: 729 muertos y 1.677 heridos; seguidos por la interacción de moto contra moto con 323 y 4.675 casos para cada uno. Además, según el SOAT, el parque nacional de motocicletas es de más de 4 millones y el último año creció 20%, pues el 57% de estas se encuentran en un rango de precio entre $1 y $5 millones.
 
Como bien lo dice José, “las motos son necesarias porque ayudan a ir por las vías rápidas”, pero la movilidad mal entendida, sumada a la mala calidad de las vías, se ha convertido también en un problema de salud pública. Además afecta, en su mayoría, a hombres jóvenes que están en una época productiva de su vida y que terminan relegados económica y profesionalmente. “Ahora, que a punta de ejercicios puedo mover los brazos y algo de los dedos, estoy saliendo a trabajar para dirigir las obras. Pero eso implica que dos personas me tienen que cargar, bajar las escaleras y subirme a un taxi”, cuenta José.
 
*Nombre modificado por petición de la fuente.
 
 
 

 

 

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