1820

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Las restricciones en la movilización derivadas de la pandemia en el país han contribuido a opacar la continuidad de los actos conmemorativos del proceso de Independencia. El año de 1820 es clave en la consolidación institucional de la república y en la liberación de las ciudades y poblados ocupados en ese momento por las fuerzas realistas. Cuenta el historiador Ernesto Bassi que el 8 de noviembre de 1819, poco después de la victoria en la batalla de Boyacá, Simón Bolívar escribió a Francisco de Paula Santander una carta en la que utilizó la frase: “Esta Patria es Caribe y no Boba”, para caracterizar a la nueva nación. Según este autor, Bolívar pudo utilizar la frase en dos sentidos: como un reconocimiento de que la victoria no hubiese sido posible sin la ayuda de Haití o como una declaración de propósito con respecto al tipo de nación que se quería crear.

En 1820 el mando republicano dispuso que las tropas reunidas en la isla de Margarita fuesen transportadas por mar hasta Riohacha para tomarse esta ciudad y desde allí abrir operaciones contra Santa Marta, Valledupar y Maracaibo, que aún se encontraban bajo el dominio realista. Bolívar designó al coronel Mariano Montilla para comandar las operaciones terrestres y al almirante Luis Brion para organizar su transporte por mar. El 12 de marzo de 1820 desembarcaron en Riohacha. Entre estas tropas había un contingente de soldados irlandeses. Uno de ellos era el teniente Francisco Burdett O’Connor, quien será después coronel del Ejército Libertador de Colombia y general de división de los ejércitos del Perú y Bolivia. O’Connor documentará los hechos en su famoso Recuerdos: Independencia americana, publicado en 1915 por uno de sus nietos.

Esta presencia republicana se expande a Valledupar con sus ocupaciones y retiradas intermitentes. En junio de 1820, como lo ha registrado la historiadora Adelaida Sourdis, estas fuerzas ocupan el estratégico puerto de Sabanilla, lo que les permite pasar a Barranquilla y Soledad. Al enterarse del desembarco en Riohacha, el corsario francés Luis Aury traslada su flota desde Providencia hasta Sabanilla para unirse a la campaña naval comandada por Brion y Padilla, pero su ofrecimiento es rehusado por Bolívar de forma humillante. El 10 de noviembre de ese año sucede la batalla de Ciénaga, una de las más sangrientas del proceso de independencia, con más de 700 muertos, y de suma importancia para el control de la región. Santa Marta se rendirá un día después. Cartagena solo será liberada en junio de 1821 y Maracaibo, en 1823.

El año de 1820 nos permite examinar el papel jugado por los extranjeros, indígenas, esclavos negros y la élite criolla durante el proceso emancipador. Contribuyó también a poner en evidencia las nacientes identidades regionales entre las gentes del Caribe y los habitantes de los Andes colombianos. Nos muestra un país con una ambiciosa visión geográfica y política. Una década después, una Colombia dramáticamente escindida se encierra dentro de sus límites. Eso nos recuerda que las conmemoraciones nos permiten balancear un sentido de lo primordial con el rumbo que desea tomar una sociedad. Ellas nos impulsan a revisar el trayecto que hemos recorrido y lo que hemos alcanzado como sociedad.

wilderguerra@gmail.com

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