Por: José Manuel Restrepo

2018: ¿Dificultades, transición o plataforma?

Son hechos los que confirman que el 2017 no terminó siendo un año bueno ni en lo económico, ni en lo social. Para arrancar, la tasa de crecimiento de la economía estará ligeramente por debajo de la del 2016 y será menor al 2 %, asunto que no es de poca monta pensando en la capacidad de la nación de generar empleo. De otro lado, después de un ciclo favorable de disminución de la tasa de desempleo, que cae de un 15,52 % en el 2002 al 9,22 % en el 2017; de mejoramientos en la tasa de participación laboral, que pasa de una cifra inferior al 60 % en el 2007 a una superior al 64 % en el momento actual; de una informalidad superior al 53 % en el 2011 a una inferior al 48 % recientemente, los datos más recientes confirman un aumento de nuevo en la tasa de desempleo en casi un punto porcentual.

De igual forma, en las cifras de pobreza donde se muestran avances muy importantes en la última década con reducciones de más del 30 %, los datos a marzo de este año ya mostraban los primeros signos de deterioro en la pobreza monetaria y en la pobreza extrema. Algo similar se extrae del informe del PNUD que en el primer trimestre del 2017 presentó a Colombia como el octavo país del mundo más inequitativo, deteriorando su realidad en casi tres posiciones en el contexto internacional con respecto al año anterior.

Enfrentado a lo anterior viene un año nuevo, que al ser de elecciones no suele enviar el mejor de los mensajes. Organizaciones como Morgan Stanley, Standard and Poor's o Moody's han puesto de presente, con base en estudios de largas series de tiempo, que este tipo de años suelen venir con incertidumbre, volatilidad de los mercados, desaceleración económica, aplazamientos de inversión y eventuales dificultades de financiamiento. Justo por ello algunos afirman que este tipo de años representan momentos de transición o bisagra entre uno y otro gobierno o entre una u otra política, pero sin el poder suficiente para preparar futuros crecimientos o cambios estructurales necesarios.

A estas interpretaciones agrego la de Alfredo Arana, presidente de Coomeva (una de las organizaciones empresariales más grandes del país), quien percibe el 2018 mejor como un año plataforma. El principio es que todos tenemos claro el diagnóstico de nuestras problemáticas y necesidades económicas y sociales, al punto que no tendría sentido perder el año en la transición de un gobierno a otro para poder avanzar.

Todos sabemos que es urgente avanzar en una reforma pensional para garantizar la sostenibilidad fiscal y acabar con la inequidad del sistema. Todos conocemos del serio problema de informalidad laboral, empresarial, fiscal e incluso monetaria, asunto que podría abordarse prontamente a través de medidas que podrían definirse en el Congreso de la República. Todos conocen las debilidades en los asuntos de institucionalidad para el sector empresarial por demoras en la legislación de tierras, por dificultades en las licencias ambientales y por falta de claridad en los temas de consulta a comunidades. Sería este entonces un buen momento para anticiparse a dar una salida.

Todos también saben que el país, que vivió por muchos años de café y otros tantos de petróleo, necesita con urgencia focalizar esfuerzos de crecimiento de largo plazo para responder a las necesidades, entre otras, fiscales y de sostenibilidad de largo plazo del escenario de posconflicto. Todos también conocen las causas de la corrupción, para que no sea posible diseñar desde ya políticas de Estado y estrategias que acaben con este cáncer o que por lo menos den una respuesta al mismo. Todos finalmente conocemos las debilidades de nuestro sistema de educación y de salud en cobertura y calidad. Y todos también saben que más temprano que tarde necesitaremos una reforma fiscal estructural que aborde tributos, gastos y evasión con mirada de largo aliento.

2018 puede ser un año plataforma, si somos capaces como sociedad de construir consensos colectivos desde ahora, para que con inteligencia y voluntad de todos, no perdamos un año más de nuestra historia en un debate político que conoce, por lo menos en economía, lo que debe hacer ya.

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