Por: Ricardo Bada
Yo soy como el picaflor

A 525 años del descubrimiento de Europa

Una vez más se ha ignorado la efeméride del descubrimiento de Europa por los indígenas americanos, un acontecimiento que hubiera debido recordarse el 15 de este mes.

Hagamos memoria: el 15 de marzo de 1493, la carabela en que regresaba Colón de su viaje a las Indias por Occidente arribó de vuelta al puerto de Palos llevando a bordo seis indígenas, de manera que, por obra y gracias de ellos seis, y aunque a la trágala, se produjo el espantable descubrimiento de Europa por los americanos. Este año se han cumplido 525 desde semejante hecho histórico al que según parece nadie le quiere dar pelota. Y me indigna, porque el fatal 15 de marzo de 1493 es una fecha por lo menos tan digna de figurar en las crónicas como el casual 12 de octubre de 1492. O más.

Sigamos haciendo memoria: cuando las “celebraciones” del fementido V Centenario, hubo un pueblo español, Puerto Real, en la provincia de Cádiz, donde se inauguró un monumento de desagravio a las innumerables víctimas de la conquista cristiana y occidental en tierras de las llamadas Indias. Y como por aquel entonces la autoridad municipal máxima de Palos de la Frontera era una mujer, la primera alcaldesa de su larga historia, se me ocurrió escribirle una carta abierta, que se publicó a toda plana en Diario16 y donde le decía lo siguiente: “Le pido en nombre de la mujer más calumniada de la historia de México, en nombre, pues, de la Malinche; y en nombre de Domitila Barrios de Chungara, la minera boliviana; y en nombre de esa inquebrantable defensora de los derechos humanos que es la guatemalteca Rigoberta Menchú; y en nombre de las heroicas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en la Argentina; en nombre de todas ellas como representantes de tanta dignidad pisoteada, le pido que se recuerde en Palos, el día 15 de marzo de 1993, el V Centenario del Descubrimiento de Europa por los indígenas de América”.

Le pedía además que fuésemos todos juntos hasta Fuentepiña, a la tumba de Platero, para que también recordáramos quién fue quien más nos unió a uno y otro lado del Atlántico, en aquellos años feroces cuya divisa era “Por el Imperio hacia Dios y viva Franco”. No fue el caballo de los conquistadores quien se desempeñó como nuestro animal totémico, sino el burro del poeta.

Jamás contestó a mi carta, ni en público ni en privado, la señora alcaldesa. Algo que encajaba de manera congruente con toda la burda tramoya del V Centenario, a la que también entonces bauticé como “quinto centén ario”. El centén, por si no lo saben, era una moneda española de oro (del oro de las Indias) que valía 100 reales. Y ahora, en honor a la rúbrica de mi columna, hago como el picaflor: llego, canto y me voy.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ricardo Bada

El segundo Brexit en la historia inglesa

La dizque Gran Guerra

La literatura alemana

Rita y Camille

El tesoro de los quimbayas