A reinventarse se dijo

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Existe mucha y suficiente evidencia en la literatura científica acerca de los efectos positivos del emprendimiento corporativo o intraemprendimiento, la innovación y la renovación estratégica en el desempeño de las organizaciones. Gran parte de estos estudios concluyen también acerca de la relación directa e inseparable entre la innovación y el emprendimiento corporativo. También la literatura nos instruye que parte de esta relación se exacerba cuando las organizaciones se cuestionan acerca de su modelo actual de negocio y de su sostenibilidad en el tiempo. Estos cuestionamientos dependen en gran parte de la renovación estratégica a la que deben someterse las organizaciones. Si todo esto ocurre, aseguran las investigaciones, las organizaciones tendrían mayor posibilidad de ser exitosas de forma sostenible y acercarse a la longevidad. Si así lo evidencia la literatura científica, entonces el camino que deben recorrer los líderes empresariales gira en torno al emprendimiento corporativo, la innovación y la renovación estratégica.

Sin tener que llamar la atención hacia la literatura científica, pareciera obvio que cuanto más se reinvente una organización mayor posibilidad tendrá de ser competitiva en un mercado cambiante. Hay mucha evidencia práctica de lo que les pasó a muchos negocios que fracasaron por no haberse reinventado. Así las cosas, es obligatorio que una organización, cualquiera que ella sea, deba tener presente la máxima de invertir en emprendimiento interno o emprendimiento corporativo, en innovación y que renueve o itere su planeación estratégica. La tarea para las grandes organizaciones es también ser ágiles en este aspecto. La inferencia normal que se presenta en relación con las inversiones en emprendimiento, innovación o renovación estratégica es que estas no son lo suficientemente ágiles. Por supuesto, la velocidad no es amiga de la calidad en las inversiones, pero seguir posponiendo decisiones de esta naturaleza aviva la posibilidad de envejecer en el mercado y, derivado de ello, maximizar la posibilidad del fracaso empresarial.

Con la cuarta revolución industrial encima, resulta paradójico no poder hacer este tipo de inversiones. Paradójico resulta también que se confunda la cuarta revolución industrial con transformación digital. Algunas organizaciones han empezado a invertir en transformaciones digitales sin pensar primero en una renovación estratégica que motive la innovación y el emprendimiento corporativo: craso error. Lo primero que hay que tener presente es que la cuarta revolución industrial lidia con estar conectados con los interesados claves, donde se resalta principalmente a los clientes y consumidores. Facilitar esta conexión a través de medios digitales favorece la puesta en marcha de la cuarta revolución industrial. ¿Pero qué pasaría si esa conexión con los clientes alguien la hace más rápido y mejora sustancialmente los productos o servicios ofrecidos? Seguramente la transformación digital de nada serviría.

Con estos argumentos, el camino seguro a la longevidad empresarial o perdurabilidad o mejor sostenibilidad debe ser la inversión en una cultura innovadora y emprendedora que se motive con una renovación estratégica constante. Para ello, el principal factor de éxito es el talento humano. En la medida que tengamos los talentos humanos identificados y que éstos hagan simbiosis con la planeación estratégica de las compañías, estaremos asegurando el éxito no solo en el corto sino en el mediano y largo plazo.

En Twitter: @ JnicaV

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