Por: Jorge Gómez Pinilla

Abelardo de la Espriella me quiere matar… del susto

Tres hechos recientes involucran en orden cronológico al abogado —que no jurista— Abelardo de la Espriella y dan origen a estas líneas.

El primero es una columna suya del 3 de febrero en la página uribista Los Irreverentes, titulada “De la legítima defensa a la defensa de la patria”, donde la mejor defensa que se le ocurre es el atentado personal que ya promovió contra Nicolás Maduro (“Muerte al tirano”), pero ahora parece hacer extensivo a Gustavo Petro cuando invita “a los colombianos a que no sean indiferentes a la criminalidad, a que pongan el pecho como ordena el deber ser y, si es del caso, a que aprieten el gatillo sin remordimiento. Por abogado no se preocupen: pongo a disposición gratuitamente mi firma para defender a todos aquellos que se rebelen contra los bandidos”. (Ver columna). Puedo estar equivocado, pero tan inusual convocatoria se prestaría para que personas trastornadas se crean con derecho a conformar una banda de asesinos que atienda ese llamado.

Tres días después anunció demanda por difamación contra Daniel Coronell, a raíz de una columna suya titulada “El avión”, donde el periodista se refirió al jet privado del abogado y a sus relojes de 84.000 dólares. Coronell respondió de manera escueta: “Reto a cualquiera a que encuentre una difamación en mi columna”. (Ver noticia).

El tercer hecho hace referencia a la citación que recibí para comparecer “URGENTE” (sic) a la Fiscalía General de la Nación “con el fin de adelantar diligencia penal” justo el día que sale esta columna, hoy miércoles 14 de febrero de 2018, a las 11 de la mañana. Con carácter perentorio, se me informa que es “ULTIMA OPORTUNIDAD”.

No es fácil entender por qué la PRIMERA citación a una simple audiencia de conciliación constituye “última oportunidad”, pero basta continuar la lectura para constatar que el tono amenazante se mantiene en el resto del citatorio. Más abajo señala que “en caso de no llegar a un acuerdo con la víctima (o sea Abelardo de la Espriella, quien me denuncia por injuria) deberá comparecer acompañado de un profesional del derecho a fin de ser asistido en diligencia de INTERROGATORIO DE PARTE”. Y remata con que en caso de “IMCUMPLIMIENTO (sic), SE HARÁ CONDUCIR POR LOS UNIFORMADOS DE LA POLICÍA NACIONAL”.  Todo en gritonas mayúsculas. (Ver citatorio).

Es obvio que el documento fue redactado con el propósito de infundir miedo, y frente a semejante esperpento solo puedo declararme en DESOBEDIENCIA CIVIL por tratarse de un burdo intento de atropello legal, sobre todo cuando anuncian que si no concilio seré sometido a “INTERROGATORIO DE PARTE”.

Por último, remata así el ucase: “En caso de haber llegado a un acuerdo amistoso con LA VÍCTIMA, deberá informar a este estrado judicial”. Y pregunto: ¿acaso no soy yo la VÍCTIMA de falsa denuncia y fraude procesal? Lo único cierto aquí es que “don” Abelardo se cree inmune a la justicia e investido del derecho a insultar, amenazar y denunciar penalmente a quien le critique sus excentricidades o ese afán exhibicionista de andar mostrando que le sobra la plata.

Su deleznable denuncio se basa en columna titulada “Ante la ‘cagada’ de Uribe en Atenas” (ver columna), donde afirmé que Los Irreverentes “es una página sin dirección conocida ni responsable legal, dedicada a calumniar y denigrar de todo lo que no sea uribista. Se dice que es financiada por Abelardo de la Espriella y cuenta con su orientación informativa, la cual comparte con Iván Cancino y José Obdulio Gaviria”. Según el demandante, yo lo califiqué ahí de “calumniador”, y lo llamativo del asunto es que me refería al dueño de la página (Ernesto Yamhure), no al agresivo abogado.

Por tratarse de algo con tan poca fuerza jurídica, mi impresión personal es que al demandante lo que menos le preocupa es si su litigio llega a prosperar. Su único interés radica por un lado en fastidiar a sus detractores obligándolos a asistir a engorrosas citaciones, y por otro en mojar prensa, con base en la consabida estrategia: “que hablen bien o mal de mí, pero que hablen”.

Hay un segundo motivo para no asistir a la amenazante citación que me hace la Fiscalía: justo a esa misma hora (11 a.m.) tengo una cita con mi abogado, a ver si lo convenzo de que me rebaje al menos una pequeña parte de la gruesa suma que pretende cobrarme por asumir el riesgo de defenderme de un sujeto tan peligroso.

Peligroso, sí, teniendo en cuenta que lo suyo son las amenazas y las bravuconadas. El típico personajillo que si no hubiera tenido los recursos para estudiar Derecho, nunca habría pasado de matón de esquina: uno de esos agalludos que en el colegio les pegaban a los chiquitos e hicieron su carrera a la sombra del más perro. Un Juanito alimaña, mejor dicho.

De ahí debe provenir su pinta de rufián de barrio (traje de paño brillante a rayas, pantalón bota-campana dos tallas menos, zapatos en gamuza morada y sombrero boyacense) pero no es eso lo que incomoda. Lo que de verdad irrita es ese estilito ramplón del que cree que portándose como un truhan infunde miedo, cuando la reacción que provoca es de desprecio, un desprecio sustentado en la convicción de quien sabe que no existe motivo para temerle a su vulgar matonería, al menos desde lo legal.

Desde lo legal, digo, para abrir la puerta a un esguince: su reiterada incitación al asesinato sí es de temer, pues según su retorcida visión de “la criminalidad”, cualquier persona que piense diferente a él o se atreva a confrontarlo califica como candidato a apretar el gatillo “sin remordimiento”.

Dejo así constancia de las razones que me abrigan para no asistir a la perentoria cita, y de paso advierto: si se llegaren a concretar las ominosas amenazas de las que me declaro víctima, mis lectores podrán deducir quién pudo estar interesado en aniquilarme o hacerme daño.

“Don” Abelardo, un mensaje final: mándeme a los “uniformados” si quiere, mándeme a sus gatilleros perros bravos o al mismísimo fiscal general de la Nación, pero no me dejaré doblegar por tan ordinaria intimidación, proveniente de un fiscal que sin haberme escuchado anuncia en mayúsculas amenazantes que si no me rindo a sus pies seré sometido a interrogatorio.

A la Fiscalía le anuncio con respeto, pero sin miedo: cuando me cite un fiscal sin tomar partido de antemano en favor del demandante, como ciudadano cumplidor de la ley concurriré a declarar y a hacer valer mis derechos. Estos por ahora lucen vulnerados o imposibles de defender, ante quien da muestras de estar más interesado en agenciar una vendetta personal que en ejercer justicia.

DE REMATE: Antes de la primera vuelta el Partido Conservador correrá a refugiarse bajo la falda de Germán Vargas Lleras y adherirá a él como su candidato. Esto reforzará las maquinarias de la derecha no uribista y radicalizará la otra orilla ideológica, desplazando votos de Fajardo hacia el petrismo y haciendo casi “cantada” una segunda vuelta Petro versus Vargas.

En Twitter: @Jorgomezpinilla

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com.co/

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