Por: Santiago Gamboa

Acomodarse a los tiempos

El espectáculo nacional de estos días se puede sintetizar en pocas palabras: acomodarse al nuevo poder. Es lo que hizo la revista Semana, cuya extraña jugada de sacar a Coronell parece formar parte de un juego que ocurre en otro tablero, no exclusivamente en el de la prensa, pues desde el universo periodístico, con el escándalo de The New York Times encima, equivale a pegarse un tiro en un oído. ¿A cambio de qué? Los dueños de esa publicación son buenos ajedrecistas y es obvio que hay algo más entre bambalinas; por eso la idea de “acomodarse” me parece justa. Ignoro si hubo alguna presión del Gobierno, puede incluso que no. En la psicología de ese “acomodarse” no es necesario que exista tal presión, pues de lo que se trata es de adoptar voluntariamente una imagen armónica dentro del nuevo ecosistema, el mismo en el que respiran las empresas y los intereses económicos de los dueños de la revista.

Porque el Gobierno de Duque, que sufre reveses a diario, está por eso mismo subiendo la temperatura cada vez más, girando la llave de la caliente con mano firme, y eso exige de quienes quieren congraciarse sacrificios cada vez mayores, más expuestos a ojos del público. Con un mayor costo de imagen. Que RCN nombre a Juan Lozano, que fue secretario de la Presidencia en el gobierno de Uribe, no es una sorpresa para nadie. Es una jugada periodística y política, con alguien de buena reputación en un medio que ya todos reconocen como uribista. Pero Semana no era así, de ahí que la ofrenda para lograr el acomodo tenga que ser mayor. Una presa grande. Pero lo que alarma al ver que el Gobierno sigue moviendo la llave de la caliente es preguntarse qué seguirá cuando el sacrificio hecho parezca poco o se agote, y se deba volver a pasar la bandeja: ¿será Vladdo o María Jimena Duzán? ¿Se atreverán con Daniel Samper Ospina? ¿Osarán tocar a Antonio Caballero?

Y en otros medios que tienen situaciones similares y que muy pronto deberán moverse para buscar su propio acomodo, ¿cómo reaccionarán? Pienso en El Tiempo y en Matador, cuya cabeza cortada debe hacer salivar al Gobierno y a la plana mayor del Centro Democrático. La situación de El Espectador parece algo más estable y no me extrañaría que quedara como el último bastión del periodismo anterior a Duque. Debemos recordar, eso sí, que la purga o “limpieza ideológica” ya empezó el año pasado con el episodio de Santiago Rivas y Los puros criollos en la televisión estatal, y también que el efecto se expande hacia otros sectores, no sólo el de la prensa. En este contexto, es imposible no ver una purga acomodaticia en el despido sin causa justa de la filósofa Luciana Cadahia de la Universidad Javeriana, un elemento incómodo por su militancia progresista en temas políticos y de género, difícil de ubicar en el contexto de la nueva nación que, por ejemplo, quiere cerrar la oficina de ONU Mujer en el país para pagarles tributo a las iglesias evangélicas.

Y así, el lento pero seguro desmonte de la Colombia de Santos promovido por el Gobierno y el Centro Democrático se expande y obtiene aliados insólitos, piezas que a la hora de la verdad le serán incluso de más valor que las que ya tiene operando en las principales oficinas y corporaciones del Estado.

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2019-06-01T01:15:00-05:00

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