Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Acorralados

El Gobierno no previó que con su arbitraria e inconstitucional objeción a la ley estatutaria de la JEP se le iba armar, aquí y afuera, el enredo que sigue creciendo. O si lo calculó, creyó imprudentemente superarlo con una estrategia tan improvisada como tramposa.

Honrando el talante fascista de su partido, Duque supuso que ante sus objeciones solamente protestarían los que allá denominan “mamertos” y que el asunto se arreglaría con comunicados de respaldo de sus aliados, la mayoría enemigos acérrimos de la paz muchos de ellos temerosos de que esa justicia transicional evidencie sus fechorías de antaño. Se equivocaron Duque y sus despistados y obsecuentes asesores. La comunidad internacional que hace una semana era aliada de Duque en la cruzada contra el tirano Maduro, hoy le cuestiona que no haya sancionado la ley de la JEP.

Incurrió Duque en un abuso al llamar a la presidenta de la Corte Constitucional para intentar convencerla de que sus objeciones no eran un choque de trenes. En público sacude a la Corte objetando por motivos jurídicos disfrazados de inconveniencia una ley que ya había superado el juicio de constitucionalidad, pero en privado les asegura a sus magistrados que no ha hecho lo que sí hizo de manera grotesca. La Corte hizo caso omiso de esa llamada lisonjera y ha continuado actuando libre de los artificios oficiales, como lo confirma la sentencia de esta semana en la que dejó sin piso varias de las objeciones a la ley estatutaria.

Duque instruyó a sus alfiles para que se sumaran a esa cruzada de engañar con explicaciones falsas. Abrió plaza el converso consejero Francisco Barbosa, hablando con empresarios en la ANDI, quienes obviamente apoyaron al gobierno sin haber oído una sola razón de la contraparte.

Simultáneamente a Carlos Holmes lo mandaron a la ONU en Nueva York a tratar de volver verdad los embustes oficiales y le fue como a los perros en misa. El secretario General de la ONU, si bien se le vio sonriente y amable, antes de recibir al envanecido canciller ya había expedido un comunicado advirtiendo al gobierno de la necesidad de implementar la JEP, es decir, le dio un bofetadón a Duque. No era para menos; en la comunidad internacional ya comprendieron que el gobierno quiere hacer trizas la paz y “conejear” a la guerrilla desmovilizada. Los expertos saben que eso tipifica el delito de perfidia previsto en el artículo 37 del Primer Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra de 1949, sancionado por la Corte Penal Internacional (CPI).

También salió regañado Holmes de la CPI en La Haya, porque allá no se tragaron el cuento de que Duque lo que busca con esta objeción es mejorar la JEP, ni la farsa de que quieren provocar “consenso nacional” cuando no han hecho otra cosa que estigmatizar y perseguir a críticos y opositores. El ladino fiscal Martínez Neira, la ministra del Interior y los consejeros palaciegos repiten ese libreto lleno de falacias.

También el mañoso comisionado de paz, Miguel Ceballos, pretendió descalificar una carta que suscribimos muchos enviada al secretario de la ONU, con el artificio de que se envió antes de que Duque objetara la ley, como si eso le hubiese cambiado el sentido a la misiva. Por el contrario, esa comunicación terminó siendo premonitoria de todo el desastre que se desencadenó, que aún no cesa.

Y a todas estas ¿dónde anda la ministra de Justicia? ¿Estará en desacuerdo con el gobierno? Si lo está, que se retire, para que su silencio no se sume al coro de los asesores, que confirman que este gobierno no tiene juristas sino tinterillos taimados y manumisos. Cuando Uribe era presidente alteraron el rumbo de la nación modificando un “articulito” de la Constitución y ahora bombardeando “seis articulitos” de la ley estatutaria de la JEP, aspiran regresarnos a la guerra.

Es insólito que el gobierno haya creído que esta crisis que desató al objetar la ley estatutaria de la JEP la resolvería poniendo de su lado a los empresarios, a los alcaldes siempre oportunistas y al Centro Democrático. Sería una paradoja que Duque, quien sueña con pulverizar al dictador Maduro en la CPI, termine siendo víctima de su propio invento.

Adenda. Paz en la tumba del amigo y colega Gabriel de Vega; solidaridad con Patricia y sus hijos.

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