Conversatorio de Colombia 2020

hace 5 horas
Por: Marcos Peckel
Trump, en el conflicto afgano

Afganistán: una guerra larga e inútil

El gobierno estadounidense decidió aumentar sus tropas en Afganistán, pero históricamente esta estrategia ha fracaso.

Inútil sería un piropo para referirse a la guerra de Estados Unidos en Afganistán. Ha sido nociva, onerosa en vidas y efectivo, contraproducente políticamente y muy poco bueno se puede decir sobre la más larga guerra en la que ha estado enfrascado Estados Unidos en su historia.

Es posible que en su momento, tras los atentados contra las Torres Gemelas, con el país herido por el primer ataque que sufría en su propio territorio por una puñado de terroristas armados con cortapapeles, el ataque se justificara para castigar a los autores intelectuales que habían encontrado refugio en las cuevas del entonces emirato de Afganistán en poder de los talibán desde 1996. A los pocos meses de comenzar la guerra por parte de Estados Unidos y sus aliados, Al Qaeda era expulsado del país, pero su hijos se reprodujeron como hidras en otras latitudes en las que siguen siendo igualmente letales.

Y desde entonces, mediados de 2002 a la fecha, la guerra se volvió un fin por sí mismo, sin objetivo estratégico claro que se quiera o se pueda lograr con la continua presencia militar.

Por lo anterior no se entiende la reciente decisión de la Casa Blanca, presionada por los generales que rodean a Donald Trump, quien muy convencido no estaba, de enviar otros 4 mil soldados a una guerra inútil en la que ni siquiera está definido qué significa “ganarla”. En palabras de Trump, el nuevo objetivo es “ir a matar terroristas, no construir Estado”.

Tras 16 años de guerra, en Afganistán no hay Estado, los talibán controlan un 40 % del territorio y su horizonte de tiempo es infinito. Si las circunstancias lo requieren se repliegan, se mimetizan y esperan. Hay una verdad de a puño: el día que Estados Unidos se retire de Afganistán, comienza el conteo regresivo para que los talibán vuelvan al poder en casi todo el país.

Los talibán no tienen una agenda yihadista global, su objetivo es su Emirato donde puedan implementar la Sharia –Ley Islámica– a su buen saber y entender y no constituyen amenaza estratégica o de ninguna índole contra Estados Unidos, ni Occidente, ni contra nadie, si acaso contra su propio pueblo. Tampoco es amenaza la creciente presencia en Afganistán de ISIS y Al Qaeda, regados ya por varios territorios de Asia, África y Oriente Medio.

El problema de Estados Unidos y su aliados es que tampoco cuentan con el lujo de una “salida digna”. Empacar e irse, estilo Vietnam 1973, además de una percibida humillación, dejaría el país a su suerte y a los depredadores regionales: Rusia, Pakistán, Irán y China que caerían como buitres sobre la inexplotada riqueza mineral y su estratégica ubicación en el centro de Asia.

Ni Bush ni Obama encontraron la fórmula para terminar con la guerra. La “nueva” apuesta de Trump y sus generales veteranos de Afganistán es más de lo mismo.

 

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