Por: Marcos Peckel

Agonía de los organismos internacionales

Lo único que logró el presidente norteamericano Woodrow Wilson en la conferencia de París de 1919, en la que se forjaron las bases del sistema internacional tras la “gran guerra”, fue la creación de la Liga de las Naciones. Paralela a esta se creó la Corte Permanente Internacional de Justicia, predecesora de la actual Corte Internacional de Justicia (CIJ).

La Segunda Guerra Mundial desnudó las falencias de la Liga, que feneció sin pena ni gloria y reencarnó en la ONU con su todopoderoso Consejo de Seguridad. Por esos años nacían igualmente los primeros organismos regionales: La Liga árabe en 1945 y la OEA en 1948 y en los años siguientes germinarían infinidad de organizaciones que agrupaban estados por su afinidad geográfica, ideológica o religiosa.

En la segunda década del siglo XXI la gran mayoría de estas organizaciones se han tornado anacrónicas e inútiles, algunas como los No Alineados siempre lo fueron, y hacen cola para ingresar a la morgue aunque técnicamente nunca mueran. Esto es evidente en el continente americano. A la OEA la mataron Chávez y el pusilánime secretario general Insulza. Unasur, ese embeleco lula-chavista nació muerto pero le sirvió a Samper para medio reencaucharse. Celac, más allá de lánguidas cumbres y de servir de tribuna a Raúl y Nicolás, no ha encontrado su lugar. El ALBA, que tanto ruido hizo en su momento, se ha silenciado desde la muerte del teniente coronel y el “morenazo” en Ecuador. Mercosur sobrevivió a duras penas, tras la incursión por la ventana de Delsy Rodríguez en su cumbre de Buenos Aires y la suspensión de Venezuela. El otrora exitoso Pacto Andino fue la primera víctima de Chávez.

A la Liga Árabe, la primera de las organizaciones regionales, más allá de solo expresar su solidaridad con Palestina, no se le conocen mayores logros y sucumbió al peso de la primavera árabe, la guerra en Siria, la inhumana conflagración en Yemen y al conflicto geopolítico que azota la región. Hoy no es mas que un vetusto edificio en el centro de El Cairo, mientras que parte de sus Estados miembros yacen en ruinas sociales y físicas. La Unión Europea se descose por los extremos, brexit por un lado, Europa del Este por el otro. Naciones Unidas, la madre de las organizaciones internacionales, exhibe considerables logros en ayuda humanitaria, lucha contra epidemias, malnutrición infantil y pobreza extrema pero deja mucho que desear en su principal objetivo: preservar la paz y seguridad mundial, que lo digan los sirios, aquellos que aun viven.

Con la crisis de las organizaciones internacionales, el caos geopolítico se va apoderando del planeta. A la usanza de lo que prevalecía a finales del siglo XIX, el balance de poder, siempre precario y cambiante, evita que el mundo estalle en átomos. Hasta que asesinaron a un príncipe en Sarajevo.

 

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