Por: Luis Carlos Vélez

¿Aguantará?

Los aplausos para el presidente Duque en la asamblea de la Andi este fin de semana fueron repetidos. Un ambiente de positivismo, que hace rato no se sentía en el país, fue evidente en esta reunión que suele recoger a los emprendedores y gremios más destacados. Los generadores de empleo se fueron felices tras escuchar al nuevo presidente y parte de su gabinete. Pero, desafortunadamente, nunca hay felicidad completa.

Mientras el nuevo mandatario y sus ministros exponían detalles de su plan de gobierno, el partido del presidente virtualmente perdía su primera batalla política: la elección del contralor. En público y en privado, Duque repitió que “a un gobierno que quiere gobernar con honradez no le preocupa quién quede en la Contraloría... llegó la hora de acabar con la cultura transaccional entre el poder Ejecutivo y el Legislativo para gobernar bien Colombia”. Esperanzador pero complejo.

Esperanzador porque una división de poderes y una política basada en la calidad de las propuestas es el deber ser, pero complejo porque así no funciona la política colombiana, incluido el partido que lo eligió como su candidato. Inevitablemente, el ala dura del Centro Democrático (CD) queda resentida tras la ausencia de respaldo por parte del mandatario a la candidatura de Lafaurie.

El hecho de que Duque no haya querido dar guiños para marcar una preferencia dejó huérfana la pretensión de su colectivo y por eso se hundió. Lo que genera los siguientes interrogantes: ¿cuántos más de esos hitos de independencia por parte del presidente está dispuesto a tolerar el CD? ¿Qué tan sola puede andar una jefatura de Estado en un escenario donde los entes de control son bastiones políticos aunque el mandatario así no lo quiera? ¿Se convertirán en podios para atacarlo personalmente y a su colectivo? ¿Aguantará Duque en su pretensión?

Este episodio del contralor confirmó por parte del presidente lo que en reunión privada del CD, tras su posesión y la criticada presentación de Macías, la senadora Paloma Valencia manifestó: “una cosa es el partido y otra cosa el presidente”. ¿Será esta separación de objetivos sostenible a mediano plazo? ¿Duque será considerado, como Santos, un traidor por su propia colectividad en unos meses?

El único que puede equilibrar esta balanza es Álvaro Uribe, líder del partido. Será el responsable de mantener a raya el apetito burocrático de su organización y al mismo tiempo sugerir giros que le den maniobra al mandatario.

El presidente interpreta a la mayoría de colombianos cuando se niega a continuar con el desafortunado y corrupto juego transaccional de la política. El problema está en que su partido lo respalde y marque la pauta para el resto de organizaciones.

El país está cansado de la mermelada, pero debe ser coherente con ese desgaste en los comicios venideros y, por lo tanto, de una vez por todas, debe estar comprometido en castigar a los mismos lobos de siempre. Pero, de nuevo, ese es otro gran riesgo, político y de actual gobernabilidad.

Posdata. Presidente Duque, ya que estuvo en Cartagena, pudo darse cuenta del deterioro severo de la ciudad. Tiene usted en sus manos una terna para elegir alcalde hasta final del período. Rechácela. La ciudad necesita de alguien independiente y que garantice el uso honesto de los recursos nacionales a punto de ser desembolsados y unas próximas elecciones limpias sin el impulso y la caja de la politiquería que gobierna y que la mantiene sometida a unos piratas como de los que alguna vez se quiso defender. Construya una muralla de legalidad.

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