Por: Aura Lucía Mera

¡Aire nuevo!

Sigo en Ecuador, y por lo tanto escribo desde aquí, latitud cero cero cero, equinoccio, la mitad del mundo donde el sol cae perpendicular y en su capital, Quito, “la carita de Dios”, las cuatro estaciones se suceden todos los días. Cielo azul y sol resplandeciente que hiere retinas. Nieblas misteriosas que bajan hasta el centro de la ciudad dejando ver las cumbres nevadas a lo lejos. Chubascos torrentosos y viento helado, y de nuevo sol que tiñe de rojo el atardecer. Todo es posible. Ciudad que juega a ser fantasmagórica y embrujada o resplandeciente y luminosa.

Ciudad que crece sin prisa, pero sin pausa. Restaurantes internacionales de altísimo nivel para satisfacer paladares sofisticados, boutiques, centros comerciales, hoteles de lujo y hostales para jóvenes excursionistas, centros artesanales, anticuarios, iglesias coloniales que quitan el aliento. Ciudad con “duende”, como diría García Lorca.

Se respira un nuevo aire, y me refiero al político. Su actual presidente, Lenín Moreno, ha sido la sorpresa nacional. Cuando ganó las elecciones, durante un tiempo se creyó que sería la continuación del excesivo y dictatorial régimen de Rafael Correa, pues era su vicepresidente, pero lejos de ser el títere que se pensaba y se temía, ha tenido el valor de dirigir el timón hacia horizontes diferentes.

Restableció la libertad de prensa. Ya los editoriales y columnistas pueden escribir sus opiniones sin el terror de ser perseguidos, enjuiciados o condenados. Está en proceso de devolver las emisoras radiales y los canales de televisión que habían sido capturados por el Estado a sus antiguos directores, y de nuevo los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial están tomando sus antiguos cauces democráticos, que habían desaparecido bajo la autocracia aberrante de Correa.

Está persiguiendo la corrupción. Y quitando las máscaras a senadores, concejales y ministros que robaron impúdicamente durante el anterior régimen, y están rodando cabezas que se creían intocables ad eternum.

He sido testigo presencial del regreso por algunos días de Rafael Correa al Ecuador. Su soberbia se ha visto pisoteada y por donde va recibe abucheos y gritos de protesta. No ha podido salir a la plaza pública, intimidado y acobardado por la muchedumbre que ya se hastió de su forma de gobernar y mentirle al país, y se ha visto obligado a dirigirse al público tras las rejas de la sede de Alianza País. Los canales de televisión rehusaron dejarse manipular y le aceptaron quince minutos para entrevistas, que naturalmente Correa rechazo indignado y frustrado.

Jamás se imaginó que su reino había llegado a su fin, y fue como se dice popularmente, “a todo marrano le llega su san Martín”. El viernes en la mañana se presentó a la Corte a visitar y abrazar al vicepresidente Glass, que está metido hasta el cuello en los sobornos de Odebrecht y en otras marrullas y encanado, tal vez para que con ese abrazo de Judas a su antiguo cómplice no le dé por hablar…

Lenín Moreno está demostrando su ánimo conciliador, su respeto por la democracia, su deseo de seguir trabajando por el progreso y la equidad de todos los habitantes, acabar con la polarización suicida y tratar de navegar en esas aguas turbulentas de corrupción y endeudamiento que le dejó de herencia su antecesor, creyendo que Moreno continuaría esa corriente y no se atrevería a enfrentar el temporal...

Aire nuevo. Ecuador se lo merece. Una cosa es un gobierno que trabaje por la igualdad de oportunidades y la equidad, y otra cosa muy distinta es apoderarse del poder para convertirse en un dictador resentido, prepotente y embaucador, que fue lo que hizo Correa, ya afortunadamente ido, ¡y de ingrata, muy ingrata recordación!

Bien por Lenín Moreno. Con valor y claridad. ¡Le deseo lo mejor!

 

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