Como un triunfo de la democracia calificaron algunos la negativa del Senado de aprobar la moción de censura contra el ministro Fernández, una “conquista” semejante a esa otra “gran victoria de la democracia venezolana” que fue la disposición que le permitiría a Chávez perpetuarse en el poder.
Pero la vulgar treta que culminó con la absolución de Fernández no engaña a nadie. La maniobra política del Presidente de reconocer en un primer momento la gravedad de los hechos, hasta el punto de pedir que se suspendieran los desembolsos a los grandes empresarios, para luego recular y brindarle todo su apoyo a Arias, es una estrategia desacertada que terminará minando su credibilidad. Ante la evidencia incontestable, no es aconsejable mentir, mentir y mentir, porque hasta el alma más simple sabe que la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero, y las cifras y los hechos están ahí, claros y contundentes para cualquiera.
No hay duda de que Agro Ingreso Seguro es un programa diseñado para el beneficio de unas pocas familias pudientes. Es un hecho que se entregaron subsidios a reinas de belleza y a personas que estaban siendo investigadas, y que otros les fueron aprobados a testaferros de reconocidos delincuentes. Está bien establecido que empresarios que aportaron a la campaña de Uribe más de $549 millones recibieron subsidios por $33.497 millones, todo como parte de una política agraria que ha sido absolutamente desastrosa para el campesino pobre y el pequeño agricultor.
Durante el debate de censura, el ministro Fernández sabía que ante las acusaciones factuales no tenía más salida que desviar la atención recurriendo a la vieja y conocida falacia tu quoque (tu también), que consiste en acusar a otros de haber cometido faltas similares, como si esto fuera prueba de su inocencia. Y ante las cifras precisas, y los argumentos puntuales de Rafael Pardo, el precandidato Arias cree que le basta con la burla, cuando con su habitual sarcasmo afirmó que “los únicos campos que Pardo conoce son los de Golf”. No olvidemos que esta otra falacia, conocida como ad hominem, o ataque personal, le permitió al Gobierno el prodigio insólito de absolver a sólo una de las partes en un delito de cohecho.
Para aquellos que creen que el debate fue un triunfo para la democracia es bueno advertirles que este tipo de estratagema tiene implicaciones a largo plazo, y que “el teflón” no se deja clonar. La mayoría de los colombianos considera que el actual Congreso es una institución ineficaz y corrupta, y la infame sonrisa de Arias, burlándose del país, sin duda les reafirmará esta convicción.