Álvaro Uribe Way

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Donald Trump miente públicamente alrededor de 23 veces al día, según las estimaciones de la prensa estadounidense. Como buen mentiroso mezcla mentiras y verdades, por lo que sorprende poco el trino reciente en el que acusa a Joe Biden de ser un “títere de los castrochavistas”, apoyado por Gustavo Petro, “un gran PERDEDOR y antiguo líder de la guerrilla del M-19”.

Que Biden sea un títere de los castrochavistas es, por decir lo menos, dudoso; y lo de que Petro sea un perdedor, así en mayúsculas, es bastante subjetivo. Pero su membresía en la antigua guerrilla es un hecho indisputable. El trino está escrito a la medida de cierto tipo de inmigrante colombiano: ese que tuvo que dejar su tierra a finales del siglo pasado, en medio de la peor crisis económica hasta entonces registrada y cuando el gobierno de la época le había entregado a las Farc no el país, pero sí un área del tamaño de Suiza sin obtener nada a cambio.

En aquel entonces las noticias del país de origen —tanto las victorias contra la guerrilla como las masacres con complicidad del Estado, la parapolítica y los falsos positivos— llegaban a un paso más lento que en la época de las redes sociales, y se disolvían entre las preocupaciones y los dilemas de cómo adaptarse a una nueva vida en una nueva sociedad. Quedó cristalizada la idea de que todo movimiento político de izquierda era equiparable a la amenaza guerrillera, incluso cuando esta dejó de ser el principal problema de Colombia.

Esa intuición política de la diáspora colombiana en EE. UU., entendible pero anclada en el pasado, es a la que le está apostando Trump para vencer en los comicios de la Florida. Ojalá esta comunidad de compatriotas, que reconocen la política del miedo y la mentira en Trump, puedan verla también en sus aliados colombianos y tomen la decisión de rechazarlos rotundamente a ambos.

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