Por: Héctor Abad Faciolince

Apuntes para seis artículos no escritos

PRONOMBRES PERSONALES. EL YO NO es –como podría pensarse– el más vanidoso de los pronombres personales.

El yo es tan humilde que es el tocayo de todos: todos somos yo. Por eso el Santo Padre no dice: “Yo soy infalible.” Dice: “Nosotros somos infalibles”, y no para referirse a todos los papas, sino a sí mismo. El plural mayestático lo usan los reyes, los papas y los presidentes monárquicos: “Hemos dado orden a las tropas de redoblar los esfuerzos bélicos en el sur del país”. En algunos grandes autores de autobiografías (Canetti, Coetzee) la tercera persona es la máscara del yo: “Él solía decir que, si bien la verdad no existe, es absolutamente seguro que existe la mentira”. El tú, tan cariñoso, tan familiar, suele ser nada más que el disfraz cortés y paternal de las órdenes: “¡Lávate los dientes y vete a dormir!” En castellano hay una bonita forma de enmascarar al yo: usar la palabra uno: “Uno no puede decir que esa mujer sea fea”.

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¿Por qué será que nunca hay huelgas de poetas? Ya que no las hay, debería haber, con cierta frecuencia, vedas de versos. Así como hay veda de pesca del bagre o de la sabaleta, sería conveniente que las autoridades prohibieran versificar entre octubre y abril, por ejemplo. Mayo: se abre la temporada de versos.

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Lo contrario de un error no es un acierto; casi siempre es otro error. Lo contrario de la guerrilla, los paramilitares, no son un acierto sino un error peor que el primero. Como combatir un plato muy dulce echándole puñados de sal. Como combatir los desiertos con inundaciones o las inundaciones con desiertos. Si uno va hacia el norte y se siente perdido, no conviene girar hacia el sur: mejor probar por el nordeste. O algo así.

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Mahoma, en su Viaje nocturno, ese “sueño verídico” que tuvo y que lo llevó hasta el séptimo cielo, dice que éste está custodiado por un ejército de 70 mil ángeles. Cualquiera de estos ángeles es tan grande que cada uno tiene mil cabezas, cada cabeza mil rostros, cada rostro mil bocas y cada boca mil lenguas que glorifican al Señor en mil idiomas distintos. Cada ángel es tan grande y sus espaldas son tan anchas que el más veloz de los pájaros no podría cubrir la distancia de hombro a hombro en menos de 500 años. He hecho las cuentas de la longitud que tendría la fila de estos 70 mil ángeles inmensos, suponiendo que la recorriera un halcón peregrino a 125 km por hora. La fila de ángeles de Mahoma mide unos 4 años luz. La misma distancia que hay desde el sol hasta la estrella más cercana, Próxima Centauri. Mahoma quiso que el tamaño de su séptimo cielo fuera casi inconmensurable, casi infinito. Y lo es para la medida humana. Pero es enano comparado con el tamaño del universo que, según dicen, de punta a punta, mide 92 billones de años luz.

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No sé si lo leí, lo inventé o lo dice una canción, pero lo creo: “Las mujeres traicionan con el pensamiento y los hombres traicionan sin pensarlo”.

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Los políticos que consiguen resultados benéficos para un país, miran hacia el porvenir, no miran hacia atrás. Los que miran hacia atrás son revanchistas. Si tienen el poder son implacables y vengativos; y si no tienen el poder son resentidos que viven rasgándose las vestiduras proclamando inútiles victorias morales. Si los míos, mis familiares o los compañeros de mi grupo político, fueron masacrados en el pasado, y yo desarrollo mi discurso de denuncia solamente en la insistencia machacona en esos terribles hechos de sangre, mi discurso moral es efectivo. Pero fuera del triunfo personal inspirado en la compasión general, no consigo nada bueno para el país, o nada distinto a sentirme, una y otra vez, éticamente superior a los demás.

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Título para un libro de memorias: Con el frío rencor del recuerdo.

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