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Ariel Ramírez, Alfonsina y Misa Criolla

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Tulio Elí Chinchilla
07 de mayo de 2010 - 02:55 a. m.
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¿QUÉ ESPÍRITU SENSIBLE NO VIBRA cuando resuena Alfonsina y el Mar, ojalá en la interpretación de Mercedes Sosa?...

¿QUÉ ESPÍRITU SENSIBLE NO VIBRA cuando resuena Alfonsina y el Mar, ojalá en la interpretación de Mercedes Sosa? Fue Ariel Ramírez quien compuso esta zamba argentina, el mismo que ejecuta el delicado acompañamiento de piano —con enternecedor intermedio— en tal versión. Originalmente la había compuesto como pieza puramente instrumental en homenaje a Alfonsina Storni, poeta que voluntariamente se fundió para siempre con el Mar de la Plata en 1938. Pero la bella melodía contó con la fortuna de que Félix Luna la enriqueciera con primorosos versos.

Ariel Ramírez, fallecido recientemente a los 88 años, debería ser recordado como uno de los más significativos constructores de nuestra identidad cultural latinoamericana. A partir de una formación pianística clásica, concentró su arte en investigar directamente, sobre el terreno, las estructuras melódicas, rítmicas y armónicas de la música tradicional del Noroeste de su país. Como resultado, logró un delicado equilibrio al fusionar melodías de raíz folclórica con recursos sonoros de la llamada música culta, sin desvirtuar la esencia de ninguna de ellas y sin convertir las expresiones musicales autóctonas en sofisticados ladrillos inaudibles.

Su mayor obra, la que le mereció reconocimiento universal, fue la Misa Criolla, estrenada en 1964, grabada y regrabada varias veces. Se trata de una composición coral con intervención de solistas masculinos, organología criolla (guitarras, charango, bombo legüero) y piano. Para darle una interpretación más auténtica, Ariel Ramírez siempre invitó al cuarteto Los Fronterizos, reconocidos folcloristas cuyas voces de timbre popular (pero de formación técnica) se entrelazan dialogantes con el coro litúrgico. Las partes de la Misa recogen diversos aires tradicionales suramericanos: el Kirie es una vidala-baguala, el Gloria un carnavalito, el Credo una chacarera, el Sanctus un carnaval cochabambino y el Agnus Dei con "estilo pampeano".

Esta Misa buscó llenar el vacío estético que dejó el abandono de las melodías sacras cantadas en latín, como efecto de la decisión conciliar de popularizar las ceremonias del culto católico. Por su profundidad y por la intensidad que le imprimen los cantores, esta obra posee fuerza conmovedora aun para no creyentes. La cercanía mística entre algunos de sus pasajes y los de la Pasión Según San Mateo de Bach es innegable. El compositor la concibió al escuchar el relato de monjas que auxiliaron a prisioneros judíos en campos de concentración: "Sentí que tenía que escribir una obra, algo profundo, religioso, que honrara la vida, que involucrara a las personas más allá de sus creencias, de su raza, de su color u origen. Que se refiriera al hombre, a su dignidad, al valor, a la libertad, al respeto del hombre relacionado a Dios, como su Creador".

Otro momento deslumbrante del músico fue el disco Coronación del Folklore, en colaboración con Los Fronterizos y el guitarrista, compositor y cantor Eduardo Falú, de cuya autoría se incluyeron Tonada del viejo amor y Canto a Rosario. Ariel Ramírez recorrió en Suramérica un camino similar al de Béla Bartok en Europa: la etnomúsica.

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