Armagedón

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Se está repitiendo la Guerra Fría y el riesgo de una confrontación nuclear. China amenaza con utilizar su potencial nuclear si Taiwán declara la independencia. Taiwán es independiente en términos prácticos, pero China la considera una provincia separada. Existe la amenaza de un incidente nuclear provocado por las disputas en el mar de la China. Israel e Irán escalan sus amenazas sin descartar el uso de misiles. India y Pakistán, potencias atómicas, mantienen disputas fronterizas. Se debe reconocer el buen sentido de ambos países, pues los ejércitos en la frontera en disputa están desprovistos de armamentos. Así se explica la insólita noticia de un enfrentamiento entre ambos ejércitos a palo y piedra.

Durante la Guerra Fría entre la URSS y EE. UU., el mundo estuvo, al menos en dos ocasiones, al borde de una guerra nuclear. Es conocido el caso de los misiles soviéticos desplegados en Cuba. El 28 de octubre de 1962, la confrontación nuclear estuvo cerca. Si la nave rusa violaba el embargo, un submarino norteamericano la hundiría. Cuba tenía tres misiles operativos. Robert McNamara dijo que Fidel Castro los enviaría a Miami, Washington y Nueva York, lo que seguiría sería una guerra nuclear. Años después en un encuentro entre Fidel y McNamara, cuando este último le preguntó si tenía claro que la respuesta de EE. UU. habría sido la destrucción de la isla, Fidel le respondió que sí y que estaba dispuesto a pagar ese precio para preservar el socialismo.

Otro hecho, menos conocido pero más arriesgado, ocurrió el 26 de septiembre de 1983. Esa noche, el teniente coronel ruso Stanislav Petrov estaba a cargo del sistema de vigilancia del espacio ruso diseñado para detectar cualquier misil que se dirigiera a la URSS. Si esto ocurría, el Kremlin iniciaría una acción nuclear de retaliación. Esa noche las alarmas mostraban cinco misiles dirigidos contra la Unión Soviética. La mayor parte de los soldados rusos que trabajaban bajo las órdenes de Petrov le urgían accionar el botón rojo, que desencadenaría el holocausto, pero resistió hasta el último momento. Afortunadamente, en la madrugada los radares no mostraron ningún misil y no se dio la alerta. Las autoridades rusas fueron duras con él, algunas lo consideraron un traidor.

Un documental sobre la vida de Petrov, dirigido por Peter Anthony, permite deducir, aunque no claramente, que el ruso creía que la señal de alarma sí era cierta, pero que activar el sistema de respuesta conduciría a una guerra de proporciones tales que ni la URSS ni EE. UU. sobrevivirían como civilizaciones. La retaliación no preservaría la Unión Soviética y la contraofensiva la destruiría. No hay evidencias que permitan conocer cuál fue la razón para que él esperara hasta el final, corriendo el riesgo de que se produjera el ataque. Esa decisión salvó al mundo. Petrov murió en 2017.

En la película Dr. Strangelove (1964), Stanley Kubrick planteó con humor negro el holocausto nuclear. Un científico soviético ha creado un “arma del fin de los tiempos”, que se activa si hay un ataque a la URSS. El arma produce una nube de cobalto que rodea la atmósfera, matando a toda la humanidad. El arma se activa, se descubre que no hay intención de atacar a la Unión Soviética, el Kremlin pide desactivar el arma y la respuesta del científico es: “No hay forma, hice lo que me pidieron construir: un arma de destrucción; nunca me pidieron que se pudiera desactivar”.

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