Por: Humberto de la Calle

Asocizaña

Hay que reconocer que el mensaje de Duque en Pondores fue alentador. Qué lejos aparece la idea de volver trizas el Acuerdo. O al menos es lo que se lee. Puede que haya todavía ambigüedad en las decisiones del Gobierno en materia de paz, pero al menos genera una expectativa positiva. La cual, además, se ve acentuada por la oportuna reunión entre fiscal, JEP y Comisión de Paz para limar asperezas y lograr un esquema de trabajo constructivo.

Este espíritu es el que debería imperar.

Desafortunadamente, todavía persiste una cierta adicción a la cizaña.

La pasada columna de María Isabel Rueda esparce esa mala hierba sin rigor y de manera muy irresponsable.

No por los ataques de tipo personal contra este columnista, los cuales hacen parte del oficio de quienes estamos expuestos a la vida pública. Es más: de cierta manera me enaltecen. Durante las conversaciones en La Habana fueron decenas de alusiones equivocadas sobre el trabajo del gobierno. Por lejano que fuera el tema, María Isabel se las ingeniaba para aterrizar de modo obsesivo en la letanía de improperios. Pero ahora, concluido ya el proceso, que ella continúe escogiendo como tema el nombre de este humilde plumífero es un motivo de satisfacción. Es un homenaje el que me haces, querida María Isabel.

Pero la columna está escrita de una manera truculenta. Arranca con frases mías, pero va envolviendo toda una suerte de ataques al fiscal utilizando la vaga expresión de un plural anónimo. Al fiscal “han tratado de graduarlo de enemigo de la paz”; “los tiene furiosos que la Fiscalía se negara a apoyar un proyecto que despenalizaba los cultivos”; “furiosos los tiene que el fiscal quiera hacer cumplir la ley frente a las fortunas que las Farc acumularon con el secuestro, el narcotráfico y la extorsión”.

Y otras del mismo jaez. María Isabel: usted tiene la obligación de decir quiénes están furiosos. En cuanto a mí concierne, la emplazo públicamente para que publique en qué declaración, escrito o chisme se basa para que, con malevolencia, use mi nombre inicialmente y luego vaya armando un colectivo anónimo, dejando por ahí suelta la idea de que yo pertenezco a quienes denigran del fiscal por cumplir la ley.

Ya sería demasiado grave este truco. Pero no contenta, pasa de un jalón a meter en el mismo canasto ataques a la honorabilidad del fiscal, “endilgándole actuaciones sospechosas”.

No me venga ahora, María Isabel, con el cuento de que una cosa son las alusiones a mí, y otras las del colectivo desconocido. No, señora. Usted tiene que precisar quiénes conforman ese ignoto conjunto de detractores del fiscal, porque con la ingeniosa insidia con la que ha escrito, genera acusaciones extraordinariamente graves.

Siga atacándome que se lo agradezco. Está en su derecho. Y defienda al fiscal. También lo está. Pero ese sistema malicioso de tejer dudas sobre personas que como yo han dado la cara en todas sus actuaciones, así no sean del agrado de muchos, corresponde a una falta de rigor periodístico, por decir lo menos.

Terminada la guerra, unos soldados japoneses siguieron cavando trincheras una década después del fin. Deje de cavar trincheras, María Isabel. ¿Por qué no pensamos en grande? ¿Por qué seguimos volando bajito?

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2018-10-20T12:00:00-05:00

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2018-10-21T19:16:16-05:00

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