Por: Juan David Ochoa

Aturdidos

Para no dejarlo caer por la vía de una moción de censura que iba resultar aplastante y anexada en la historia como la primera destitución de un ministro por el Congreso en pleno, el presidente le pidió la renuncia a Guillermo Botero en el último momento de su insostenibilidad. Se despide bajo un escándalo más aberrante que todos los escándalos anteriores de su gestión: el asesinato de ocho menores de edad bajo el bombardeo de una operación contra un pequeño mafioso de las disidencias.

Roy Barreras, que ha dirigido ahora su elocuencia a la defensa a ultranza del proceso de paz y muy distante de sus viejos años de camaleón con suerte, publicó el pasado martes las pruebas que terminarían fulminando la soberbia del gobierno que se negaba a despedirlo, y ahora se encuentran aturdidos. No tenían entre sus pronósticos la aparición de ese estruendo mediático que los dejaría de nuevo entre la indignidad, y contra toda la voluntad y la intención terminaron despidiéndolo y tragándose la impotencia por haber demostrado una derrota más entre todos sus fracasos recientes. Ahora querrán que el tiempo y el silencio permitan olvidar la sombra del ministro Botero sobre la presidencia y su continuidad, pero la sombra sigue allí: no han aclarado aún las razones de ese encubrimiento macabro, ni las logísticas y los protocolos de un bombardeo a un campamento con menores de edad, ni las razones aún más escabrosas de haberlos exhibido como positivos en combate. La cúpula militar tampoco responde aún mientras los muertos siguen apareciendo en bolsas sin nombre, y Duque pretende seguir aquí mientras se niega a irrespetar los designios de su comandante en jefe que sigue justificando la muerte de todos los nombres bajo especulaciones enfermizas. No puede ser que después de los crímenes extrajudiciales, aún sin contar en su totalidad, esa política continúe entre un gobierno desesperado por nuevos argumentos que legitimen su presencia. La vanidad y la negación de su desaparición de la historia como partido de guerra los está llevando al abismo y a un infierno que nos amenaza a todos. Pero no existe un estadista en el poder que pueda asegurar una solución resguardando los Derechos Humanos y el cumplimiento de la ley, sin respuestas retóricas, sin promesas ligeras y sin evasiones.

Iván Duque sigue demostrando un aturdimiento absoluto que solo incrementará los errores ahora que solo intentarán defenderse de los nuevos cuestionamientos a sus ministros más frágiles y a los alfiles que nadie puede tocar por la orden estricta de Uribe Vélez. Un nuevo ministro de Defensa suena en la baraja mientras oficia temporalmente el comandante de las fuerzas militares, general Luis Fernando Navarro. Nombrarán, por supuesto, a un ministro afín al evangelio más puro del uribismo, y no resulta menos peligroso que el ministro caído si las políticas de persecución sin escrúpulos siguen sosteniendo sus excesos. Son tres años restantes con altos márgenes de error si la incompetencia política y la ausencia de argumentos principales los sigue arrastrando hacia la paranoia y a la defensa irracional de sus cargos y sus tronos.

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