Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
“Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas, y políticas, que siempre fiel al sistema liberal, y justo que proclamó mi patria, he venido a seguir aquí los estandartes de la independencia, que tan gloriosamente tremolan en estos estados”.
Eso escribió Simón Bolívar en diciembre de 1812, en el documento que hoy conocemos como el Manifiesto de Cartagena. Tenía entonces 29 años y había llegado al puerto caribeño, como muchos otros militares venezolanos, huyendo del descalabro militar de su tierra.
Últimamente está de moda bajar del pedestal a Bolívar, la figura histórica latinoamericana más importante de todos los tiempos. Volver a leer hoy el manifiesto, 200 años después de que lo escribió en una casa colonial de la Heroica, que aún existe y se encuentra en la Calle de San Agustín Chiquita, sirve para entender un poco los fundamentos de su grandeza. El joven oficial caraqueño que llegó a Cartagena, siendo un desconocido, mostró gran claridad conceptual acerca de las causas de la derrota de los patriotas en Venezuela y una enorme determinación y liderazgo, que lo llevaron a que muy pronto se ganara la confianza y la amistad de los dirigentes cartageneros, como Rodríguez Torices y los hermanos Piñeres.
Los biógrafos de Bolívar coinciden en que con el Manifiesto de Cartagena aquél empezó a surgir como figura continental. Allí hizo un descarnado diagnóstico de las causas de la caída de la primera república venezolana. Destacó, en primer lugar, que las constituciones federalistas eran inadecuadas para las condiciones políticas y militares del momento. Para Bolívar, en esa efímera república “... tuvimos filósofos por jefes... y sofistas por soldados”, formados, más que en la práctica del gobierno, “imaginándose repúblicas aéreas”.
Pero más que el diagnóstico certero del fracaso del liderazgo venezolano, lo que más llama la atención del Manifiesto de Cartagena es el talante “leninista” que muestra Bolívar y que sería la base de su éxito como dirigente militar y político. Muestra muy claramente su voluntad de imponer un mando férreo para los tiempos calamitosos que se vivían y en el cual había que actuar, son sus palabras, “sin atender a leyes, ni constituciones, interín no se restablecen la felicidad y la paz”. Hoy muchos le critican esa voluntad de imponerse con ferocidad sobre los adversarios. Cuando todo se desmoronaba y muchos flaquearon esa disposición para destruir al enemigo era lo que necesitaba para que triunfara la causa de la independencia. Por eso declaró en este texto: “sólo los ejércitos aguerridos son capaces de sobreponerse a los primeros infaustos sucesos de una campaña... la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna”.
Muchas de las críticas contemporáneas a las actuaciones de Simón Bolívar son anacrónicas, pues se realizan desde los valores que predominan en la actualidad en las sociedades democráticas. Bolívar contribuyó más que nadie para despejar el camino hacia la democracia. Como lo señaló alguna vez el escritor venezolano Ibsen Martínez, Bolívar ha hecho un tránsito histórico de la derecha a la izquierda en cuanto a sus seguidores. Pero una figura fundacional y compleja como él siempre tendrá muchas lecturas, dependiendo de la época de su vida que se analice, los aspectos que se resalten y el contexto en el que se discuta. Por eso me parece un poco facilista caer en una leyenda negra del Libertador, como parece estar sucediendo por estos tiempos.
