Por: Julio Carrizosa Umaña

Bosques y elecciones

Treinta días antes de las elecciones de presidente, el ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, lanza el programa Bosques, Territorios de Vida, quizás el más complejo, inteligente y ambicioso que haya construido nación alguna. Se trata de una política pública elaborada durante varios años reflexionando con los habitantes y los vecinos de los bosques y las selvas colombianas. Ante esa verdadera política pública se alza hoy la política electoral colombiana, la que al mismo tiempo nos enaltece internacionalmente y nos ha conducido a donde estamos.

Este hecho puede llevar a que muchos lectores de periódicos acusen a Murillo de ingenuo o a que otros se pregunten acerca de quiénes fueron los que detuvieron durante tantos meses el lanzamiento de esta política. Yo prefiero dar algunos de sus detalles con la esperanza, tal vez tan ingenua como la del ministro, de que el próximo gobierno la adopte como propia.

Creo que no son muchos los colombianos que saben que el 52 % del territorio, 59 millones de hectáreas, está todavía cubierto de bosques y selvas; menos serán los que conocen que más de la mitad de estos bosques y selvas son protegidos hoy por comunidades indígenas, negras y campesinas, que un 16 % ha sido convertido en parques y reservas protegidas por el Estado, y que el resto está todavía clasificado por baldíos.

El primer pilar de la estrategia se refiere a las características sociales, culturales y éticas que deben fortalecerse para que estas coberturas arbóreas no desaparezcan. Absalón Suárez, participante en el proceso de construcción de esta política pública, explica la importancia de esta estrategia: “Para las comunidades negras el bosque… es el espacio de vida donde se desarrollan la cultura, la tradición, el arte, el ser”. Los europeos, que plantaron nuevamente millones de hectáreas de árboles luego de la Segunda Guerra Mundial, comprenden y comparten estas ideas, que aquí pueden sonar extrañas a algunos políticos.

El segundo pilar de Bosques, Territorios de Vida es “el desarrollo de una economía forestal para el cierre de la frontera agropecuaria”. He escrito varias veces acerca de este tema; los mecanismos internacionales que tratan de pagar los servicios ambientales de los árboles para disminuir el calentamiento global ya empiezan a aplicarse en Colombia; también existen en el país comunidades y propietarios que ya entienden que los árboles son un activo que genera rendimientos en formas de recreación y de ecoturismo, pero tengo la impresión de que nuestros principales economistas, todavía no consideran ni útil ni posible construir una economía forestal en un país que tiene la mitad del territorio cubierta de árboles.

Yo quiero compartir el optimismo y el arrojo de Murillo desde esta columna y plantearles claramente a los candidatos la pregunta obvia: ¿Apoyan ustedes las política Bosques, Territorios de Vida?

 

 

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