Lo divino y lo humano

Caer en las redes

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Cuando se tiene una columna quincenal, como es mi caso, no se tiene tiempo de procesar los acontecimientos que ocurren en lapso tan largo. Y obviamente que le toca a uno escoger entre varios muy tentadores de comentar —y dedicarles la columna completa— o, de lo contrario, enumerar la mayoría de ellos muy someramente para que la sucesión de episodios, los aberrantes sobre todo —es decir, los de naturaleza política—, no reciban el beneficio de pasar por efímeros, que es a lo que le apuntan quienes los protagonizan. “Eso mañana ya no lo recordará nadie”, es lo que dicen, aunque en realidad el efecto de un trending topic que se respete debe durar mínimo tres días, lo que haría más recomendable decir: “Eso pasado mañana ya no lo recordará nadie”.

Después de cada exabrupto, si se cuenta con una bodega particular de centennials —también se les dice community managers—, se puede emprender la preparación del siguiente para mantenerse en la agenda pública. Era lo que antes se llamaba “mojar prensa”, no importaba si por haber dicho algo desconcertante, no necesariamente ingenioso —como cuando Misael Pastrana dijo “no es una alternativa, sino una opción” o Turbay Ayala habló de “rebajar la corrupción a sus justas proporciones”—, por haberse luxado una pierna e ir en muletas, o por haber sido padrino de una boda célebre.

En ese todo vale, los políticos tienen el problema de que ser visibles y frecuentes en las redes se ha vuelto accesible para mucha gente que forma parte del olimpo mediático solamente por el mérito de tener un hermano o hijo futbolista, aunque no juegue, pero sí basta para distribuir una foto en lencería. O incluso un hermano mártir, según fotos que circulan de la hermana de Dylan Cruz en poses sensuales. O ser vicepresidenta de la República y no preocuparse de soltar barbaridades en temas sensibles: dos por semana. Ella debe tener dos bodegas: una para la primera tanda y otra para la tanda de rectificaciones. La senadora Cabal se toma más tiempo para asaltar las redes: como un mes por disparate. O ella supone que sus delirios son más lapidarios o su bodega debe ser una unidad reducida, porque eso cuesta. El hecho es que esta última es icónica en proporción inversa a su erudición. Toda nación necesita un personaje pintoresco. Hay todo un mercado para ellos. En cuanto al tanque de pensamiento principal, el de las naderías, está ubicado en la propia Presidencia mediante un programa diario de una hora de televisión. El “CEO” —así se dice ahora— debe estar encartado con los $3.350 millones que le dieron para posicionar la imagen del personaje, porque Señal Institucional no cobra nada.

La página roja, la correspondiente al senador que origina sus contenidos en un estudio llamado El Ubérrimo, en Montería, esta semana nos procuró la primicia del “abogánster” Cadena compareciendo a las rejas. Y, aun así, sigue cobrando $14 millones mensuales, como el resto de senadores, por gastos de representación, transporte y alimento. Como si se trasladara en avión del establo al comedor, y de este a un recinto donde tiene unos caballitos de bronce. Y como si en la casa le cobraran el almuerzo.

Y que no se me olvide la presentadora Claudia Palacios, editorializando las noticias de las Farc y la JEP, en CMI, con la gestualidad de sus cejas y sus suspiros profundos. Debieran ponerle closed caption y lenguaje de señas, para saber qué está diciendo.

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