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hace 10 horas
Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Calentamiento global: ¡sí pero no!

En estos tiempos, todos hablamos de climas extremos y calentamiento global y sentimos que la responsabilidad es de otros. Como personas, limitamos nuestra acción a criticar gobiernos y grandes empresas y nos excluimos individualmente de cualquier tipo de responsabilidad y acción. 

Para enfrentar este fenómeno —que todos padecemos en diversas formas e intensidades y que todos generamos en distinta escala y grado—, podemos cambiar actitudes y aportar para desacelerar el cambio climático y generar procesos de adaptación local y nacional frente a los climas extremos y sus impactos.

La reciente reunión de Naciones Unidas sobre cambio climático en Polonia (diciembre, 2018) algo logró pues los países miembros, firmantes del Acuerdo de París, acordaron reglas para implementar dicho acuerdo. La debilidad, según algunos, o la fortaleza, según otros, es que se dejó gran discrecionalidad a la manera como cada uno buscará cumplir lo pactado. Voces disidentes como las de Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita hicieron que se avanzara menos de lo que muchos de nosotros esperábamos. El informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas (2018) —que urge por tomar medidas para evitar que el calentamiento supere 1,5 grados— se tomó como referente y no como determinante. Esto significó que los avances fueran más laxos y de menor magnitud. “Algo es algo, peor es nada”. 

En Colombia vemos falta de compromiso político y pérdida de oportunidades. Por ejemplo, la crisis de Hidroituango se podría haber convertido en oportunidad para comprometer a todos los colombianos con ahorro y uso eficiente de energía, y dar un paso certero en la generación de energía con fuentes renovables alternativas. Se debería haber democratizado la generación de energía y crear la infraestructura que opera, con beneficio económico para los ciudadanos, en otros países: todos, desde el techo de nuestras casas, podemos generar energía solar, usar lo que necesitamos y vender los excedentes al sistema o comprar cuando nos haga falta. Esto es poner a todos a gestionar la solución y no esperar a que las grandes empresas construyan grandes campos de energía solar o eólica. Muchos estamos dispuestos a asumir algún costo con tal de entrar a ser parte de la solución. El Estado debe generar la infraestructura y tomar la determinación para conectar cada productor individual a la red. Así, los techos de casas y edificios serán cubiertos con paneles solares como en Washington o Pekín. La miope protección estatal al monopolio, con su favorecimiento a los grandes productores, excluye a la sociedad de aportar en la solución. Hoy, los estratos cuatro, cinco y seis podrían ahorrar dinero al poner paneles solares en los techos, pero se requiere la interconexión. 

Todos podemos aportar a la gestión ambiental: usando más la bicicleta, comprando motocicletas eléctricas, tomando cerveza, agua y refrescos en envases retornables, evitando el uso innecesario del plástico en bolsas, pitillos y platos; sembrando un árbol en una zona pública o en nuestro predio si vivimos en el campo, etc, etc. Todos, según nuestras posibilidades, podemos aportar, incluso sin apoyo gubernamental. 

Claramente el apoyo gubernamental multiplicaría el efecto positivo. Presionemos a vecinos, instituciones y gobierno para que todos gestemos soluciones. ¡El cambio climático es cosa seria!

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