Por: Iván Mejía Álvarez

Cambiando árbitros

Jornada llena de incidentes, fallos que generan controversia y, una vez más, el colectivo arbitral se encuentra bajo la lupa de los observadores y analistas.

En la mayoría de los casos están involucrados jueces nuevecitos, recientemente lanzados a las canchas dentro del plan de la Comisión de renovar la plantilla de trencillas, aburridos de los fallos garrafales y sospechosos de muchos mayores, y sabiendo que era hora de cambiar las caras del arbitraje.

Penales que no fueron, como en Barranquilla, innecesario regalo al Júnior frente al colero, que desatascó un partido complicado. Goles que debieron ser invalidados, como el de Moiragui, con el codo, contra Águilas. Penal no sancionado en Rionegro contra el Cali. En fin, fueron varios los fallos que dejaron la sensación de que el campeonato no tiene una justicia coherente y equitativa, que a algunos empiezan a regalarles mucho y a otros a perjudicarlos en seguidilla.

Hay quien sostiene que prefiere un error sin malicia de un juez nuevo que un fallo deliberado y tendencioso de los que se llaman “altamente sospechosos”, de los jueces veteranos.

Para implementar su política de cambio en el estamento arbitral, la Comisión borró a los jueces veteranos y dejó sólo dos de ellos en el panel con derecho a escarapela FIFA. Wílmar Roldán, de lejos el único árbitro colombiano que merece esa condición, y Wilson Lamoroux, un juez que despierta tanta polémica como incertidumbre sobre sus maneras y formas de juzgamiento. No cabe duda de que Lamoroux tiene un buen padrino en Óscar Julián Ruiz y que a punta de ampararlo lo ha llevado a ser segundo árbitro de Colombia.

Los otros son de la nueva escuela, jueces sin mayor reconocimiento y con recorrido a nivel local entre flores y espinas. Se equivocan feo, como todos los árbitros del mundo que tienen jornadas buenas y malas, pero es evidente que sobre ellos todavía no pesa el manto de la duda, lo cual los hace menos vulnerables. Por ejemplo, Nicolás Gallo, quien pitó la final Nacional-Cali, era cuestionado por los dos equipos, pero cuando se les pidieron pruebas concretas ninguno aportó elementos como para reemplazarlo.

A los árbitros hay que ayudarlos, darles instrucciones coherentes, marcarles el derrotero sobre algunas jugadas determinadas. Los jueces deben tener claro cuál es el lineamiento para las manos dentro del área, tal vez la acción más polémica que tiene el fútbol hoy por hoy, porque es evidente que cada uno aplica el reglamento particular y la confusión es total.

Y ahí , para terminar, ¿en qué va la investigación de la Fiscalía sobre “arbitrajes torcidos”?

 

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