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¿Camino a la reconquista?

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Francisco Gutiérrez Sanín
10 de mayo de 2012 - 11:00 p. m.
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Siempre es sano leer a gente que generalmente no está de acuerdo con uno, pero que escribe bien y esgrime argumentos interesantes. Por eso trato de no perderme las columnas de Humberto de la Calle en este diario.

En la última se escandaliza ante el fenomenal embuste que se plantea desde las entrañas del uribismo —escoger a un candidato títere en las próximas presidenciales, con Uribe en la fórmula como vice, para que aquel renuncie y éste pueda retornar al poder— y barrunta que Uribe, dada su “estatura histórica”, se manifestará públicamente contra la tramoya.

Tuve la ocasión de apostar con un amigo acerca de esa esperanza: le di ventaja de dos a uno, a que Uribe no produciría la desautorización predicha por De la Calle. Y era inevitable que fuera así, por dos razones sencillas. Primero, De la Calle acierta en su sentimiento moral —esta es en efecto una grosera trampa a las reglas de juego—, pero se equivoca en lo de la “estatura histórica”. En sus ínfimos odios y manías, en su tesonero cultivo de aversiones y rencores, en su intemperancia, Uribe es el antónimo de cualquier concepto de grandeza. Ni siquiera aquellos eventos que deberían generarle alguna empatía lo sacan de ese mundo de rabia y pequeñez, que sólo entiende su círculo inmediato de áulicos y turiferarios (y lo entienden porque se lo deben todo: es que son personajes de aluvión). Un reportero francés es secuestrado, su caso se enreda cada vez más y Uribe no es capaz de soltar una palabra de compasión por la víctima: sólo recuerda que es “un periodista grosero”. Y así sucesivamente. Y si uno hace el recorrido de las gentes y los eventos que protagonizaron los dos gobiernos de Uribe, no tendrá dificultades para encontrarse con trampas cohonestadas, quizás celebradas: muchas. Esto es especialmente así en el tema de la reelección. Si el Dr. De la Calle mira hacia la forma en que se hizo aprobar la primera, se encontrará con la risueña figura —que tanto me hace falta— de Luis Guillermo Giraldo, el jefe del referendo. ¿Cometió Luis Gui algún que otro desliz? Sí. ¿Alguna vez lo desautorizó Uribe? No, no lo hizo. Después de lo cual viene la oscura historia de la yidispolítica. ¿Qué dijo el entonces presidente al respecto? Ni mu. Y después... Mejor ni hablar. De hecho, si mal no recuerdo el propio Uribe participa de este festival, pues había prometido muy solemnemente no hacerse reelegir al principio de su primer mandato.

Ahora está siendo mucho más sincero, cosa que celebro y que me lleva a la segunda razón. Uribe está en plan de reconquista del poder. No frecuento los mentideros políticos ni tengo mejor información que la de cualquier otro oyente de La Luciérnaga: se trata de algo público. Y fácilmente explicable. Hay demasiadas cosas en juego para que el núcleo duro del uribismo pueda resignarse a quedar por fuera de las palancas de mando. Desde cosas de política hasta la viabilidad de trayectorias personales. ¿Dónde estarían María del Pilar Hurtado o Restrepo si hubiera habido segunda reelección? Lo que describe De la Calle no es sino un balón de prueba de varios que ya surcan el cielo de nuestra atormentada política. Ya vimos por ejemplo que en la reforma a la justicia hay de nuevo un articulito, ¡otro!, que podría permitir el retorno del caudillo. ¿Pues cómo pueden vivir tanto tiempo los pobres colombianos sin su padre?

Yo les sugeriría a los políticos activos que están en otro cuento tomar estas iniciativas muy, muy en serio.

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