Cannúa: la belleza posible del turismo local

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Para llegar hasta aquí es necesario viajar a un pueblo de Antioquia llamado Marinilla y recorrer un camino angosto que atraviesa la vereda Gaviria. A los costados es posible ver casas campesinas con puertas de madera coloridas y esas flores rojas que anuncian la cercanía de la Navidad. En el fondo hay montañas, también laderas y cultivos tan perfectos que recuerdan el gusto de algunos por la simetría.

Después de unos minutos aparece un letrero hecho con baldosas, en él se lee: “Cannúa”, una palabra adaptada del muisca que traduce: “como en casa”. Desde que el visitante llega a la recepción entiende que se trata de un sitio distinto: la arquitectura guarda armonía con el ambiente, muchas de las personas encargadas de atender a los huéspedes viven en los pueblos cercanos y al hablar revelan su afecto por la naturaleza: explican los movimientos de las nubes, describen el olor del aire justo antes de caer la lluvia, cuentan cómo es estar aquí. No hay efectos especiales, los ingredientes locales son protagonistas de las preparaciones y las flores comestibles se sirven sobre ellas para romper los destinos predecibles. En este lugar tampoco hay ruidos estridentes; se escucha el canto de los pájaros, tal vez el estruendo de algún rayo o la conversación suave de un huésped en una de las terrazas que miran hacia las montañas. Niños y adultos conviven en armonía sin molestias aparentes en ese espacio fugaz de tiempo que es la vida en un hotel del campo.

Cada objeto y estructura vista aquí está inspirado en los principios de la permacultura, un método que consiste en diseñar entornos que sean sostenibles y regeneren los ecosistemas. Las ideas de ese método fueron planteadas por Bill Mollison y David Holmgren a finales de la década de 1970 en Australia e invitan a cuidar la tierra, garantizar que las personas puedan tener los recursos necesarios para su existencia y establecer límites al consumo.

Además de estructuras que se unen de forma natural con el ambiente, aquí se construyen actualmente 8.000 metros cuadrados de jardines orgánicos y bosques de alimentos. En este sitio no hay tensión entre la naturaleza o los materiales de construcción y así lo confirma un árbol de tamaño mayor que se levanta cerca a la recepción y fue dejado ahí para no ser cortado.

La historia de este hotel comenzó hace varios años cuando se encontraron Brian Schon, Nathan Rodgers y Santiago Giraldo Díaz. Después de conocerse en Medellín y ser amigos, entendieron sus temas en común y quisieron compartirlos con otros. Ahora están convencidos de las posibilidades turísticas de la geografía colombiana mientras se respeta el ambiente y se crean oportunidades para las comunidades cercanas. Los objetos existentes dentro de este hotel también lo demuestran, cada uno refleja la “responsabilidad social” buscada: las lámparas son fabricadas por madres cabeza de familia, los muebles en mimbre los hacen personas interesadas en terminar su educación secundaria y algunas mesas son resultado de manos artesanas que no desperdician materiales. Cannúa renueva la fe en el turismo local y demuestra lo que ocurre cuando vamos más allá del pesimismo o la queja y buscamos la belleza posible.

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