Por: Indalecio Dangond B.

Caribe improductivo

Estuve revisando algunas estadísticas de consumo de alimentos y materias primas en la región Caribe y confirmé lo que venía sospechando hace dos años. La Costa dejó de producir los alimentos que consumen diariamente sus 11 millones de habitantes. La gran mayoría son traídos del interior del país o importados.

Lo más preocupante es que hasta la ganadería está desapareciendo. El pasado jueves un grupo de congresistas liderados por el expresidente Uribe tuvieron que lanzarle un SOS al ministro de Agricultura, para que fuera a atender la crisis que están atravesando los ganaderos de Córdoba por la sequía que viene afectándolos desde el pasado mes de noviembre. Gracias a Dios, no hay mingas indígenas sobre las dos únicas vías que conectan los siete departamentos del litoral Caribe con el interior del país, de lo contario estaríamos peor que en Venezuela.

Esta es una señal de alerta amarilla para que los siete gobernadores y 198 alcaldes de la región Caribe tomen conciencia del riesgo en que están poniendo a sus habitantes. La seguridad alimentaria es un tema de la más alta prioridad. Es inaceptable que una región que representa el 12% del territorio del país y el 24% de su población esté aportando menos del 25% de la demanda de los alimentos. Para citar un solo ejemplo, el millón de plátanos, cebollas, tomates o huevos que consumen diariamente los barranquilleros y cartageneros se están trayendo desde el Meta, Cundinamarca, Santander y el Eje Cafetero, teniendo tanta tierra apta para producir estos alimentos a menos de una hora de ambas ciudades.

Obviamente, esta caída de la producción agropecuaria en la región Caribe obedece al desestímulo de la inversión local y nacional en bienes públicos e infraestructura rural para la productividad y el desarrollo agropecuario. Los presupuestos y recursos de las regalías que destinan los gobernadores y alcaldes para el desarrollo productivo no llegan siquiera al 10% de los que ejecutan en ladrillo, cemento y concreto. El atraso es enorme y está llegando a dígitos preocupantes. Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida, ya alcanzamos la cifra de 2,8 millones de habitantes en extrema pobreza en nuestra región.

No hay que desconocer los esfuerzos aislados que han venido haciendo algunos mandatarios regionales para resolver en parte este problema, pero como dice el dicho “una golondrina no hace verano”. El esfuerzo debe ser conjunto entre los gobiernos nacional, departamental y municipal. A buena hora el Congreso de la República aprobó la Ley de Regiones, un mecanismo administrativo y financiero que, si se utiliza con criterio empresarial, puede ayudar muchísimo a identificar, estructurar y ejecutar mejores proyectos de inversión en infraestructura productiva. Un plan de recuperación de los distritos de riego y la construcción de nuevos embalses y canales de irrigación, integrado a un plan de mejoramiento de vías terciarias, sería el mejor estreno de esta nueva entidad territorial.

En el tintero. En Chile y México hicieron censos agropecuarios en menos tiempo, con mayor precisión en las áreas sembradas y con la mitad de la plata que se gastaron en el de Colombia. Lo que hacen el internet de las cosas y la inteligencia artificial.

* Experto en financiamiento agroindustrial.

 

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