Por: Columnista invitado

Carta abierta al Eln: Cesen su militancia en la ultra derecha

El día de ayer los niños y jóvenes  de Briceño, Antioquia, suspendieron una obra de teatro que se daba en el marco del día internacional  contra el reclutamiento forzado, uso y utilización de menores.  Mientras se plasmó un mural contra la participación de menores en la guerra, varias de las vías también tienen pintados los rezagos de una guerra saturada con letreros de la disidencia del frente 36 de las Farc.  Como sabrán, el municipio, receptor de las bonanzas institucionales de la paz – esfuerzo conjunto entre guerrilla y Estado para la erradicación y el desminado,  piloto de sustitución voluntaria y enclave de las instituciones que conforman el arsenal del posacuerdo- intenta a gritos hoy hablar del conflicto mirando hacia atrás; pero la triste realidad es que deben hacerlo mirándolo de frente. La vigencia del paro armado que ejecutaron, es en el territorio sólo una más de las expresiones de  violencia que se viven y que, como suele ocurrir, se narran con nada más que el silencio. ¿Es este el silencio que desean pasmar en la sociedad civil, esa misma que ustedes han  proyectado de forma incansable como únicos interlocutores legítimos en una negociación de paz? ¿No es su bandera política en el proceso de paz la participación ciudadana? ¿No les es contraproducente esta ciudadanía rural sumida en el miedo y en el silencio?

Hace un año el país presenciaba el preagrupamiento de las Farc y su tránsito hacia las extintas zonas veredales. Las cámaras, el júbilo y la puesta en escena de lo imposible dejaron perplejos a los medios y  a la opinión pública. Varios ciudadanos que llevamos sudando caliente en la implementación, proyectamos un futuro en donde la guerra no fuera la expresión del disenso; en donde las amplias masas de población marginada de los servicios del Estado, y cuya subsistencia hoy depende  de las economías de la guerra fuese  por fin incluida la legalidad.  No sucedió. Un año después el júbilo se ha ido, también se fueron los uniformes con los que nos era cómodo imaginarlos. Al día de hoy, vemos algo claro con los abucheos y sabotajes vandálicos a Timochenco sin uniforme: se ha fertilizado un odio visceral  y polarizante en el país con varios ingredientes: un Estado débil e incapaz de materializar la implementación, una oposición cuya cartera económica se desvanece sin la guerra y  una insurgencia oxidada en derrotas y victorias parciales. La ultraderecha del país, con abierto escozor a la reconciliación, no resiste ver en el partido de las Farc un micrófono que reemplace sus fúsiles. ¿Por qué? Porque el discurso político que convoca , que llena taquillas y moviliza a los electores pierde toda validez en un país sin insurgencia armada.  La maquinaria electoral de aquellos promotores de la inequidad que ustedes repudian depende día a día de sus acciones violentas.  Me atrevo a decir que hacen perfecta simbiosis.  La correlación entre sus fusiles y los micrófonos del uribismo es directa; esos micrófonos que gran parte de una sociedad arcaica y rencorosa no quiere cederles a los guerrilleros desarmados.   En fin, el ruido de sus disparos seguirá sin dejar oír los tantos temas apremiantes por discutir en la vida pública.

Entiendo que rechacen el Estado como legítimo y que poco o nada crean tener que ver con cómo se desenvuelve la vida pública del país; entiendo que vean igual de nocivo un gobierno de unos o de otros siempre que no sean ustedes los que gobiernen.  Pero para mí no lo es: temo pensar en un país que regrese a celebrar el terrorismo de Estado, en un país gobernado por los simpatizantes del paramilitarismo. Cesen ya de militar para ellos, que cada acción violenta les es tan favorable como nociva a sus futuras carreras políticas- si es que las han vislumbrado alguna vez.  Permítanle al país hablar de la transición y quítenle a la clase dirigente el comodín de hablar de la guerrilla como el único tema por abordar.  Permítannos hablar del conflicto mirando hacia atrás y no adelante.

Los invito a retomar un cese al fuego, a demostrar con acciones su ambición de retornar a la mesa.  Los invito también a responderme y ayudarme a entender sus acciones a la luz de lo que les plasmo.  Tienen en sus manos la decisión de definir el rumbo de los siguientes cuatro años. Piensen en nosotros.

 

Por: Alejandro Chaves

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