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Catedral o iglesia

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Por estos días se cumplen 50 años de la publicación de una de las mejores novelas de Mario Vargas Llosa, Conversación en la catedral. Esta, la novela del guardaespaldas, es uno de los más de 50 libros (porque escribe más de uno por año) del prolífico escritor peruano. La leí en su momento, después de La ciudad y los perros y La casa verde. Eran los años del boom de la novela latinoamericana que tanto nos entusiasmó a los jóvenes de la época.

Era Vargas Llosa el más joven de su generación, a la que había reunido el chileno Luis Harss en su libro de entrevistas Los nuestros. Al peruano y al colombiano García Márquez —quien tres años antes había publicado Cien años de soledad— los unía una gran amistad, a tal punto que los confundían. Cuentan que en una ocasión Vargas Llosa viajaba en un avión en primera clase cuando un pasajero, de clase turista, con la complicidad de una cabinera, logró que el peruano llegara a su puesto. Le dijo, con toda naturalidad y admiración: “Muchísimas gracias por haber querido venir a firmar la novela. Su obra Cien años de soledad es lo mejor que he leído en mi vida”. Con caballerosidad le tocó ponerle la firma, como cualquier notario.

Pero a esa amistad le puso fin Vargas Llosa cuando el 12 de febrero de 1976 (año bisiesto) le dio un puñetazo a García Márquez en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México. Desde entonces cada uno cogió caminos diferentes. El peruano, tan dado a hacer pareja con familiares suyas, se separó de su prima Patricia Llosa, con quien se había casado luego de divorciarse de su tía Julia Urquidi, y se fue a vivir con la exmujer de Julio Iglesias, Isabel Preysler.

Conversación en la catedral la ha recordado la editorial Alfaguara con una edición de aniversario que mejor se habría podido llamar Conversación en la iglesia, como homenaje a Julio y a Mario, y para que Isabel no se quedara viendo llover en Macondo.

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